Pepe Domingo Castaño: “Este país está muerto periodísticamente”

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Por José Antequera. Viernes, 24 de octubre de 2014

Deportes

  Entrevista

Pepe Domingo Castaño (Padrón, La Coruña, 1942) no es un periodista más. Es la voz de la radio, la voz de los domingos, la voz del fútbol con sus pasiones, sus alegrías y sus tristezas. Generaciones enteras han crecido con sus tonadillas simpáticas entre goles y sinsabores. Pepe Domingo no es historia de la radio, él es la radio, y además el único vendedor de España al que la gente no le tiene manía, más bien al contrario, Pepe es un personaje entrañable, como de la familia, y entra en los hogares españoles vendiéndote, entre boleros y ternura, unos zapatos Martinelli o un purito o un jamón Navidul y hasta le coges cariño por mucho que sepas que quiere colocarte una motosierra Stihl cuando tú no necesitas una motosierra Stihl, ni mucho menos una sopladora, pero estás dispuesto a comprárselo todo a Pepe, porque Pepe es ese amigo que siempre aparece para hacerte reír y cantar y porque sin Pepe las tardes de domingo ni son tardes ni son domingos. Dice que el periodismo que se hace ahora es peor que el de antes, que España está “periodisticamente muerta” por culpa de los intereses políticos de los periodistas y que solo se jubilará cuando pierda la ilusión por la radio, algo que todos sabemos no sucederá nunca.

Empezaste en la Cadena SER de Santiago de Compostela en el año 64 y he leído que compaginabas el oficio de periodista con el de contable, pero enseguida viste que lo tuyo no eran los balances de contabilidad…

Fue en el 65. Pero no, nunca lo compaginé. Yo estaba trabajando en una empresa en el departamento de contabilidad y todo el mundo en el pueblo sabía que me encantaba la radio cuando aún no había emisora. Entonces un día, viniendo de una fiesta con unos amigos, oímos que buscaban gente nueva en Radio Galicia y me animaron a presentarme. Luego, para obligarme a dedicarme ya por completo a la radio y dejarme de contabilidades y de cosas así, pedí la baja en la empresa y me fui a hacer la prueba. Gané y a partir de ahí hasta ahora.

Luego te marchaste a Madrid y empezaste una larga trayectoria como periodista. Qué tiempos aquellos del Gran Musical. ¿Los echas de menos?

Sí, bueno, todo forma parte de la historia ¿no? Estuve en Santiago dos años y cuando vi que allí tenía todo hecho decidí tomar las de Villadiego y dedicarme a buscar otros horizontes. Creí que Madrid era el lugar ideal para mí y me fui sin conocer a nadie. Creo que en la vida tiene que haber su dosis de aventura dentro de la cordura general; la aventura siempre forma parte de la vida de un profesional. Así que no me fue mal.

¿Qué edad tenías entonces?

Veinticinco años, ya tenía una edad. Yo creo que en la vida, si no te mojas el culo, no consigues nada. Sabía que era complicado pero bueno, también era complicado ir a Santiago y dejar la empresa y son recuerdos imborrables de mucho sacrificio pero al final los sacrificios dan sus frutos.

¿Ha cambiado mucho el periodismo que se hacía entonces al que se hace ahora?

Sí, muchísimo, ahora el periodismo de calle ya casi no se hace, ni el periodismo de investigación, periodismo de denuncia algún periódico, pero tampoco se hace; yo creo que una gran cantidad de columnistas de periódicos están mediatizados por sus propios pensamientos políticos y la credibilidad cada vez es menor, se ha politizado excesivamente la prensa. Abres un periódico y todo es política y te aburre. Yo estoy un poco aburrido de la prensa. La culpa también la tenemos nosotros ¿no?

Y además la prensa es cada vez más sectaria…

¡Pero si lo vemos claramente! Tú una misma noticia la ves publicada en El País, en El Mundo, en ABC, en La Razón, en La Vanguardia, en cualquier periódico, y el enfoque de la noticia es sesgada sea cual sea el periódico. Entonces ¿quién dice la verdad? Ninguno. ¿Por qué? Porque cada uno arrima el ascua a su propia sardina. Este es el gran dilema de este país que se ha muerto periodísticamente por culpa de las creencias ideológicas de los propios periodistas.

¿Pero se hace peor periodismo que antes?

Sí, yo creo que sí. Sí, sí, se hace peor.

En 1988 llegaste a Carrusel Deportivo en la Cadena Ser e hicisteis un programa mítico durante años, probablemente el programa más seguido en la historia de la radio. Hasta que llegó ese año maldito, 2010, y hubo todo aquel terremoto. ¿Fue duro tener que dejar aquella que era tu casa para empezar una nueva etapa en la Cope?

Yo en mi vida me hubiera planteado dejar la Ser. A mí me dicen unos días antes de ese fatídico mes que yo iba a dejar la Cadena Ser y vamos, no me lo hubiera creído. Tenía que haber un terremoto, algo tremendo, y algo tremendo hubo. Algo tan tremendo como que a Paco González le prohibieron acceder a su puesto de trabajo y ahí los directores de la Ser activaron, sin saberlo, la amistad hasta límites insospechados, hasta conseguir que cincuenta personas se vayan detrás de un tío. Yo soy Paco González y le daría gracias a la vida eternamente porque se fueran conmigo cincuenta personas, que no se hubieran ido con nadie, ni conmigo. Solo con Paco.

Antepusiste tu amistad con Paco González y los demás compañeros a la Cadena Ser. Eso no lo hace mucha gente.

No, porque se han perdido los valores realmente, pero ya hay gente que lo hace. Mi ejemplo no es el único, y luego hay gente que no lo hace pero van a estar amargados toda la vida. ¿Tú te imaginas cómo iba a ser mi vida si yo me hubiera quedado en la Ser y Paco y el resto de la gente estuvieran trabajando en Cope? ¿qué hubiera hecho yo? Me veía ligado a toda esa gente con la que había trabajado codo con codo durante muchos años. Ya no era cuestión de trabajo, era cuestión de que había lazos de amistad, de cariño, de afecto, de profunda emoción, porque estábamos juntos y yo creo que eso, cuando lo pones en la balanza, se inclina por la amistad siempre. Yo nunca lo dudé, yo siempre supe que me iba con Paco.

Otros se quedaron en la Ser, ¿te defraudaron muchas personas en aquellos días?

No, defraudarme no. Yo creo que alguien pudo haber hecho algo más, no digo nombres, yo creo que… Bueno, sí voy a decir nombres, ¿por qué no? Yo creo que José Ramón de la Morena por ejemplo, que está ahí en lo alto del larguero viéndolas venir, pudo haber hecho algo más para evitar la debacle y no sé, me da la impresión de que no hizo lo suficiente. Por lo menos conmigo no habló. Ya no hablábamos demasiado porque había perdido la confianza en él a nivel personal, no a nivel profesional. Me imaginé que después de lo de Paco no hablaría nunca más conmigo y de hecho no habló. Luego comentó algo a tiro pasado para meterse con nosotros en la radio y decir que nos habíamos ido por dinero. Es cierto  que nos pagaron más, ¡pero yo qué sabía que nos iban a pagar más! ¡Yo no tenía ni puñetera idea de dónde iba a meterme! Tuvimos dudas porque primero íbamos a ir a Punto Radio, luego queríamos ir a la Cope y luego no tuvimos más remedio que ir a la Cope porque no teníamos dónde ir. Ésa es la verdad.

Con Paco González y Manolo Lama.

Con Paco González y Manolo Lama.

He oído decir que el director de la Ser, Dani Anido, te prohibió hablar con Paco González después de su despido. ¿Cómo fue aquello?

Sí, llegué a la radio esa tarde, cuando habían impedido entrar a Paco a trabajar y va Dani Anido y me dice que si estaba en condiciones de hacer el programa. Yo le dije que sí, que era un profesional, previamente había hablado con Paco y le había dicho que sí que lo iba a hacer. Entonces le dije que yo no quería meterme en un estudio en el que había estado 18 años con una persona y no nombrarla el día que no estaba. Le dije a Anido: yo tengo que decir por qué Paco no está, si está enfermo, y como enfermo no está, porque lo sé, voy a decir que no es porque está enfermo, es porque no le dejáis hacer el programa. Y se puso como un basilisco. Me dijo que no lo hiciera, y yo le respondí: Pues dámelo por escrito y como no tenéis cojones a dármelo por escrito pues lo voy a decir en antena te pongas como te pongas. Estaban todos en el estudio aquella noche y empecé el programa dedicándoselo a Paco. Pero no solamente ese día, el fin de semana siguiente hice lo mismo, porque creo que estaba en la obligación de explicarle a los oyentes lo que pasaba, lo que sentíamos y que estábamos ahí solos.

Es increíble cómo el ego de un directivo puede tirar por tierra el mejor programa de la radio española.

Sí, sí, el ego y el no querer bajarse de la burra. Yo creo que ha habido equivocación por las dos partes, también por parte de Paco que tendrá su cuota de culpa, porque cuando se rompe algo tan fuerte no es una parte sola la culpable, tiene que haber una cuota de culpabilidad repartida entre uno y otro. Entonces, si cada uno da un poquito de su parte y da su brazo a torcer, que es lo que intentó Manolo Lama y lo que intentaron muchos más, no hubiera pasado nada, se hubiera olvidado todo, pero se encabritaron por algún motivo extraño que yo no sé todavía y quisieron cargarse a Paco. ¿Por qué? No lo sé. Tiempo después aún no lo he averiguado porque no he vuelto a hablar con aquellos directivos, ellos sabrán. Y fíjate, yo creo que se podría haber arreglado la situación, pero cuando uno se empecina en prescindir de una persona… ¿Por qué no lo intentaron? Había interés por parte de alguien, de la alta dirección, no ya de Dani Anido, por encima de Anido, de Raúl, y no voy a nombrar a nadie, pero todo el mundo sabe de quién estoy hablando. Había interés en prescindir de Paco González por algo que no sé todavía qué es. Mira que lo he comentado con Paco. Él dice que no, yo creo que sí.

Ahora en La Cope, en Tiempo de Juego, sois como una familia, y eso se nota en las retransmisiones. Se respira muy buen rollo entre todos vosotros, Paco, Lama, tú, Guasch, Hevia, Castaño, Poli Rincón… ¿Os lo pasáis tan bien como parece?

Sí, eso me lo preguntan siempre, y yo siempre digo una cosa: tú puedes fingir un día que te sale bien un programa bonito, con chispa, alegría, qué bien se llevan, qué bien se lo pasan estos cabrones, eso lo puedes hacer un día, pero no puedes hacerlo cuatro años seguidos, o un montón  que llevamos desde que estamos en la Ser y ahora en la Cope. Y es que somos los mismos. El programa es el mismo realmente. Miro a mi lado, veo a Armenteros, veo a Hevia, veo a Paco, veo a los técnicos que son los mismos, veo a Pedrito Martín, en fin veo a la misma gente porque somos los mismos. Y además creo que a mí me ha ayudado cambiar porque me ha revitalizado por dentro, yo estaba muy acostumbrado ya a Carrusel Deportivo, digamos que lo dominaba con la gorra, y entonces te metes en otra cadena, con otros anunciantes, con otro feeling, tienes que romperte la cabeza para seguir teniendo el mismo nivel que tenías antes. No fue fácil y creo que lo hemos conseguido.

Pero ya habréis aprendido que las Super Bowls las carga el diablo. Aquello se os fue de las manos…

Es cierto, el peligro lo sabíamos. Yo siempre dije que algún día el hecho de hacer la locura que hacíamos nos podía perjudicar y nos perjudicó  bastante. Ahí partió un poco todo. Yo creo que ahí empezó un poco el resquemor, cuando quisieron expedientar a Hevia, que se arrepintió instantáneamente y llamamos al cliente y el cliente ya había aceptado nuestras disculpas. Pero había alguien ahí metido en el medio que no quería disculpas, quería cortar por lo sano y aprovechó el menor resquicio. Bueno, allá él con sus decisiones y sus consecuencias que fueron tremendas para la Cadena Ser.

Un mal momento fue cuando la familia de Paco González fue atacada por unos delincuentes. Ahí todos hicísteis piña con Paco y le ayudasteis a salir del trance. Esas cosas no pasan en otras empresas…

Sí, pero une muchísimo. Yo también tuve un problema con el corazón, creí que mi corazón era el de un roble y luego resulta que era un corazón a medias. Creí que tenía que dejar la radio y tuve un apoyo enorme no solo por parte del equipo de Tiempo de Juego, de deportes Cope y la dirección de la cadena, sino de toda la audiencia. Fue algo que yo no puedo olvidar, y esas cosas unen. Y después de lo mío va y llega lo de Paco al año siguiente. Se han ido sucediendo una serie de cosas tremendas. Lo de Paco ya fue mortal de necesidad. ¿Y de qué ha servido? Pues para unirnos más todavía. Entre nosotros mismos y con la audiencia.

Creo que habéis reinventado una forma de hacer radio deportiva. Antes lo importante era el partido, pero ahora el fútbol muchas veces queda en segundo plano y hacéis casi un magacín muy divertido donde habláis de todo. Es puro entretenimiento. ¿Eso se ensaya o sale espontáneamente?

Nos han obligado a ello. Tú imagínate una tarde cualquiera de domingo y el planteamiento nuestro de nueve horas de radio.  A las 4 Español-Osasuna, a las 6 Levante-Almería, a las 8 Deportivo de la Coruña yo qué sé, otro equipo, y luego el buen partido viene a las 10 de la noche. Imagínate, ¿qué haces hasta que llega el buen partido? Lo que no puedes hacer es dedicarte a esos partidos porque no hay Dios que los aguante. ¿Y qué haces? Pues divertirte y pasarlo bien. De cuando en cuando acudir al partido porque para eso estamos. Al que le guste bien, y al que no ya buscará otra emisora que le dé el coñazo retransmitiendo íntegro el partido, que no hay Dios que lo aguante.

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Otras cadenas han intentado copiaros la fórmula pero no funciona, ¿por qué? ¿cuál es el secreto?

Yo te prometo que no hemos ensayado nunca nada, ni una publicidad. La publicidad surge. Yo vengo por ejemplo con una idea. El paso es el siguiente: llega el Departamento de Publicidad y me dice: Pepe, hay un cliente que quiere anunciarse en Tiempo de juego. Voy a comer con él, me explica lo que quiere, y yo le pido que me dé una sinopsis de lo que quiere que diga, lo que tengo que decir por narices. El qué se lo dejo a él, al cliente, pero el cómo que me lo deje a mí. Entonces me pregunta: ¿qué vas a hacer? Y yo le digo: no lo sé. Le pido esa libertad y como todos saben cómo trabajo pues me la dan esa libertad. Al final llego al programa con una idea, la planteo, pero sin avisar a los compañeros, y les digo: Bueno, este anuncio va a ir así, tenéis que cantar esto y lo hago en directo. ¡Y funciona, y sale! Unas veces funciona muy bien esa música que he buscado y otras no funciona tan bien y buscamos otra. Como las cuñas son en vivo, puedes cambiar en un minuto, es lo bueno que tiene la radio en vivo, permanentemente en vivo, que puedes hacer lo que quieras. Y eso surge. Yo me admiro de cómo surge, y cómo surge la risa sin provocarla, de cómo surge el cachondeo, de cómo una cosa va buscando a la otra…

Es como magia ¿no?

Sí, sí, una especie de magia. Eso te lo dan los años de convivencia con el resto del equipo. Eso, si no conoces a la gente con la que estás sentado, no se consigue nada.

Pero otras cadenas os copian la fórmula y no les funciona…

Bueno, yo no las oigo, no sé lo que hacen. No tengo ni idea, me lo dicen, me lo cuentan. Yo creo que la obligación de otra emisora sería plantearse, inventar algo distinto a lo que hacemos nosotros. Esto ya está inventado, busquen ustedes ahora otro sistema u otra persona que haga otra cosa, porque eso es lo que hay que hacer. Lo que no podemos hacer es copiarnos unos a otros permanentemente. El día que yo lo deje ¿qué van a hacer? Pues tendrán que inventarse algo. Yo creo que Paco ya lo tiene medio en la cabeza, seguro que lo tiene, porque el día menos pensado yo lo dejo. Entonces, tienen que estar preparados para no buscar otro Castaño, sería una gilipollez ¿no? Yo les digo: Tenéis que inventaros algo, que Castaño ya no estará, ese tema se agotó, ahora hay que inventar otra cosa. Pienso yo, vamos…

España atraviesa un momento muy difícil, crisis, corrupción ¿sois conscientes de que hacéis feliz a mucha gente, de que la ayudáis a olvidarse de los problemas de la vida?

Eso es lo más emocionante, que te llame alguien desde un hospital, por ejemplo, que te llame una persona que está parada, que está acojonada por lo que se le viene encima, por la vida que le espera, que te diga que en el momento en que oyen Tiempo de Juego les hacemos sonreír. Les convertimos en parte de nuestra familia, es el mayor orgullo que puede tener un profesional de la radio. Tú no sabes cómo agradezco yo esos correos que la gente me envía de vez en cuando, gente que te sigue desde pequeña y que te ha convertido en su amigo del alma, de toda la vida, eso es una responsabilidad grande pero es una maravilla, una emoción…

Con las crisis miles de periodistas han perdido su trabajo y otros muchos trabajan en precario. ¿Está el periodismo en decadencia?

Sí, yo creo que sí. Y encima creo que cada vez más gente se dedica al periodismo. Ayer, por ejemplo, vinieron al programa en directo veinte chavales y chavalas especializados en periodismo deportivo y claro, yo les preguntaba: ¿cómo véis vuestro futuro? Y ellos me decían: pues yo no lo veo mal, algún hueco vamos a encontrar. Y me emocionó mucho y dije: qué bien, qué bien. Pero entonces ellos me preguntaban: ¿qué nos salvará si no encontramos trabajo? Y yo les decía: Os va a salvar la vocación. ¿Qué es la vocación? La capacidad que tiene una persona de sufrir y de abrir puertas que se van cerrando sin perder la moral y las ganas de triunfar. Porque sois buenos, les digo siempre. Y eso no lo sabe nadie mejor que uno, porque tú en la soledad de tu casa te miras al espejo y te dices soy una puta mierda o soy muy bueno; eso lo sabemos cada uno de nosotros. Si sois buenos o buenas triunfaréis, les digo. El problema es que con la crisis cada vez se paga menos a los periodistas. Claro, yo no puedo hablar porque soy un privilegiado, siempre he cobrado mucho dinero, aunque no lo he pedido, yo nunca he pedido más dinero a nadie. A mí me han dicho: ¿te vale con esto? Me vale con esto. Quiero decir que yo soy un privilegiado y me da mucha pena la gente que está empezando y le cuesta y que cuando trabajan les pagan cuatro perras.

Durante años te has pasado la vida haciendo de la publicidad un arte. Si volvieras a empezar de nuevo, ¿volverías a dedicarte a lo mismo?

Sí, sí. Pero fíjate todo lo que he hecho, hasta cuando me dediqué a la canción; hice mis pinitos y mis Américas, pero me demostró que lo que yo hacía mejor era la radio, que como cantante era regularcillo, que bueno, que había tenido la suerte de ser número uno porque había encontrado una canción que estaba muy bien. Pero yo mismo sabía que no podía seguir cantando y cuando me surgió la disyuntiva de dedicarme profesionalmente a la música o seguir con la radio y con la tele no lo pensé ni por un segundo. Radio y tele. Volví a España y volví a la radio otra vez y tan feliz. Y todo lo que he hecho, irme de mi pueblo, irme a Santiago, venir a Madrid, pasar hambre, sufrir muchísimo, tener a mi familia lejos, todo lo doy por bien empleado porque creo que cada cosa que haces es la que va haciendo camino, como diría Machado.

Lo de “Pepe un purito” es ya casi un frase universal y lo de “Ron Arehucas, desde que llegaste a mi cubata me robaste el corazón” es mítico. Todos tus eslogans funcionan siempre bien. ¿Eso se aprende o se nace con el don?

Sí, son frases que a fuerza de repetirlas funcionan; sabes que el secreto de la publicidad, el éxito de un anuncio, es repetirlo muchas veces. Sobre todo en la radio…

¡Pero tiene que ser bueno…!

Claro, claro, si es malo, aunque lo repitas cien veces no funciona, pero lo de “Pepe un purito” repetimos tantas veces el soniquete y funcionó tan bien que yo por un momento temía que me iban a recordar todos mis años de radio solo por “Pepe un purito”. Y al final no, pero tuve miedo de eso, me dije: Joder, me he quedado con “Pepe un purito” para siempre, qué mala leche…

Sí, como el actor que acaba comido por su personaje

Exacto. Toda la vida te están recordando por lo mismo. Yo estoy muy orgulloso de haber inventado aquello y de todo lo que estoy haciendo ahora, porque claro, al cambiar de la Ser a COPE los clientes ya son distintos y hay que volverse a reciclar. Eso es un trabajo de cabeza y ahora estamos con el Ruavieja y todo el mundo cantándolo, los niños, la gente lo canta…

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La música ocupa un papel principal en tus anuncios. Se nota que cantar es lo que más te gusta en el mundo…

Me ha gustado la música. Yo recuerdo que en mi pueblo, cuando iba a las fiestas, he sido tan festeiro que me llamaban “Pepe Fiestas”. Iba a todas las verbenas y allí me encantaba subir a los palcos, de los miles que hay en Galicia, y cantaba con ellos, cantaba siempre una canción que era Mariquilla, de José Luis y su guitarra, que me la tenía bien aprendida y tenía el tono. Y cantaba Mariquilla. Me dije: si un día voy a Madrid y triunfo en esto me voy a permitir el lujo de grabar Mariquilla. Lo conseguí y grabé Mariquilla. ¡Y fue un éxito! Entonces la música ha sido una parte de mí, en Madrid presentaba discos en el programa de Radio Centro, Disco Parada, y fui disc-jockey y luego El Gran Musical, del que guardo un recuerdo inolvidable. Luego me cansé de la música y me dije: pues tengo que cambiar. Si no cambio yo, me van a cambiar otros, así que es mejor que cambies tú antes de que te cambien. Y me fui de la música, me fui metiendo en programas de radio y luego en Carrusel Deportivo, donde me encontré como pez en el agua haciendo publicidad, cantando la publicidad. No lo hacía nadie, primero fue un asombro, luego me dijeron que estaba loco, pero yo me fijaba en los clientes y los clientes estaban encantados. Los clientes empezaron a confiar en mí y a decirme que adelante, adelante, que les gustaba mi sistema, mi modo de hacer publicidad.

Y la poesía, ¿no te has planteado recopilar todas tus piezas en un volumen completo?

Sí, ya hice dos. Recopilé hace unos años un volumen que se llama Andadura, que eran bastante malos los poemas porque eran los primeros, pero bueno, eran poemas en sí. En la vida vas aprendiendo a hacer de todo, a hacer poemas mejor o peor. Luego publiqué Debajo de la parra, yo creo que eran mejores, más sentidos, y ahora tengo un montón de ellos por ahí perdidos que yo creo que no tienen demasiada importancia, pero no me siento muy inspirado yo para hacer poemas ahora. Aunque me gusta. A mi mujer, de vez en cuando, cuando hay un cumpleaños o cuando nos vamos de viaje y regresamos a casa, siempre le escribo algo y lo dejo en la cocina para que lo lea. Me gusta porque me sale del alma y las cosas que salen del alma, y no encuentran ningún impedimento, las que van directas al papel, son las mejores.

Siempre andas censurando a los que sueltan tacos en antena, ¿tienes miedo de que se enfaden los obispos?

No, eso lo hacía también en la Ser, es que me fastidia, no me gusta que se digan tacos, no me gusta el lenguaje de taberna en la radio. Yo admito que digas un coño en privado, yo lo he dicho muchas veces, un joder en un momento de excitación. Ahora, por sistema no. Y es que Manolo Lama últimamente, desde hace un año o por ahí, es una cosa de locos; le tuve que decir: modérate un poco que te están oyendo muchos niños, esto es un lenguaje de taberna. Y ya parece que se está moderando un poco. Tengo que ser yo, porque soy el mayor, el que les lleve por el buen camino. Pero no, los obispos a mí nunca me han dicho nada. Vamos, no he visto ni uno en la radio; bueno, Rouco una vez estuvo por aquí…

¿Trabajáis con libertad en la COPE?

Sí, se trabaja con libertad y no me lo podía imaginar. Cuando llegamos había pasado el período de Jiménez Losantos, la COPE estaba completamente desprestigiada, políticamente era tremendo, y eso es bueno para nosotros porque tiene bastante mérito lo que hemos hecho teniendo en cuenta cómo estaba esta casa. Pero desde el primer día que nos recibieron, con toda la redacción puesta en pie y aplaudiéndonos, a mí aquello me emocionó mucho, porque ellos notaban que veníamos a aportarles algo, a salvarles del adocenamiento, de la monotonía, de la tristeza que tenía COPE. Ellos lo sabían, los informativos, todos lo sabían. Cuando entramos la primera vez en COPE se levantaron todos, nos aplaudieron y nos abrazaron. Tú no sabes lo emocionante que es eso. Cincuenta personas que vienen a conquistar una redacción y que encima les reciban con aplausos. A mí los obispos nunca me han dicho lo que tengo que decir, ni me han echado una bronca por decir algo, nunca en la vida.

Una duda: ¿Qué opina la mujer de Hevia cuando le dices en antena que te ponga a los pies de su señora?

(Risas) Pues no lo sé porque nunca hablo con ella, me imagino que le encantará. Es otro hashtag, como yo digo, otra coña que se repite. Hay veces en que la gente espera que lo diga y no lo digo y entonces los dejo esperando…

Muchos hemos crecido escuchándote los fines de semana, tu voz es la voz de las tardes de los domingos, del fútbol. Nada sería igual sin ti. Así que no me digas que estás pensando en jubilarte…

No, porque yo actúo mucho a impulsos. Tras un contrato de 3 años me gusta ir año a año, así me voy animando yo a decir que me voy, pero lo digo con la boca pequeña mientras que con la boca grande estoy diciendo: tengo que quedarme, qué voy a hacer yo en la vida sin los fines de semana en Tiempo de Juego, sin esta gente, sin la radio, sin el bullicio, sin la compañía de esta gente joven que me rejuvenece por dentro y por fuera. Me lo digo con la boca pequeña, es una manera de obligarme a mí mismo a saber que en cualquier momento lo puedo dejar. Lo que sí haré es dejarlo yo, no que me pidan que lo deje. Por eso he firmado un año, hasta agosto de 2015 y luego otro año más si yo quiero y así lo seguiré haciendo hasta que ya no quiera y diga: pues lo dejo. Pero lo dejo con todas las consecuencias. El día que no me encuentre con condiciones físicas o anímicas de ilusión lo dejaré. Ese es para mí un tema muy importante: si no tienes ilusión para venir los fines de semana a trabajar a la radio déjalo porque comunicas a la gente esa falta de ilusión. Mientras no llegue ese momento seguiré.

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