Gervasio Sánchez: “El hombre disfruta y negocia con la guerra”

El fotoperiodista y corrresponsal de guerra Gervasio Sánchez. Foto: Diego Sánchez

El fotoperiodista y corrresponsal de guerra Gervasio Sánchez. Foto: Diego Sánchez

Por José Antequera. Jueves, 11 de septiembre de 2014

Deportes

Entrevista

Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959) es uno de los corresponsales de guerra que marcarán una época en la historia del periodismo español. Como reportero gráfico ha cubierto numerosos conflictos armados en América Latina, África, la antigua Yugoslavia y Oriente Medio. Ha trabajado para diferentes medios, aunque le gusta definirse como freelance, periodista independiente. Colaborador habitual de Heraldo de Aragón y El Magazine de La Vanguardia, ha trabajado para la Cadena SER, el servicio español de la BBC y la revista Tiempo. Entre los premios que ha recogido se encuentra el prestigioso Ortega y Gasset de periodismo, en cuyo discurso acusó al Gobierno de España de la venta masiva de armas a países en conflicto. Ha publicado numerosos libros, entre ellos El cerco de Sarajevo, sobre la guerra en la ex Yugoslavia, Vidas minadas, donde relata y fotografía la tragedia de los mutilados por las minas antipersonas, y Desaparecidos. Asegura que el periodismo español ha perdido su independencia por su sometimiento a los poderes económicos y políticos y que el periodista de guerra habla demasiado de sí mismo: “Nuestro trabajo consiste en ir a las guerras y contar lo que allí pasa, lo que nos suceda a nosotros no le interesa a nadie”.

¿Por qué decidiste ser reportero de guerra?

Yo quería ser periodista desde que era un niño y de hecho mis compañeros de instituto recuerdan que cuando ellos no tenían muy claro lo que querían ser con catorce o quince años, yo ya tenía muy claro que quería ser periodista. Luego empecé a leer información de internacional, información sobre conflictos, vi que quería seguir esta especialidad del periodismo, y de hecho cuando llegué a la Universidad ya sabía que quería ir por ese camino.

Pero parece que no sirve para mucho, quiero decir que los periodistas están allí, en los conflictos armados, denunciando las masacres y dando cuenta de todo, pero el horror, el holocausto, se sigue produciendo una y otra vez, nada parece cambiar…

Uno de los grandes problemas que hay en el periodismo en general y en el periodismo español en particular, y se demuestra claramente cuando ocurren asesinatos como los que estamos viviendo estos días, es que los periodistas estamos obsesionados con ser nosotros los protagonistas, en general hay una obsesión por ser el primero que da la noticia, el primero que da no sé qué en twitter, el primero que habla, el primero que dice, el primero que cuenta sus penas. En los últimos meses que me ha tocado ser portavoz de mis compañeros secuestrados me he dado cuenta de que hay demasiado circo mediático en lo que se refiere a esta profesión. Al final nos convertimos nosotros en noticia y hay algunos que se dedican a hablar más de lo que les pasa a ellos que de lo que pasa sobre el terreno. Deberíamos dejar todo esto a un lado y trabajar en serio, primero para recuperar la esencia de nuestra profesión, o sea los valores universales y eternos de nuestra profesión, que están bastante olvidados en general. En segundo lugar para recuperar el prestigio ante la opinión pública, que actualmente está literalmente por los suelos; y en tercer lugar ponernos de una vez a documentar lo que les ocurre a los demás, no lo que nos ocurre a nosotros. ¿Que si merece la pena hacer todo esto? Pues uno realmente se lo plantea, sobre todo cuando ocurren situaciones de secuestros y asesinatos de compañeros que en muchos casos son freelance, mal pagados por las empresas, o que los han dejado en el paro, muchas veces obviados, a los que ni siquiera ya se les contesta a los correos electrónicos. Todo esto es una práctica habitual en el periodismo español, que por decirlo con palabras dulces es un periodismo muy superficial. Entonces, ¿vale la pena? Pues no tengo ni idea. Hay situaciones que lamentablemente van a cambiar nuestra manera de ver las cosas, incluso tu espíritu. Algunos compañeros nos hemos negado a que una simple excusa pueda servir para no cubrir un determinado conflicto, que el peligro pueda servir como excusa para no ir a los sitios, que las empresas periodísticas se empiecen a inventar que es muy peligroso ir a un lugar simplemente para ahorrarse dinero, pensando que se puede hacer todo sin salir de la redacción. Yo me niego a aceptar esa lógica cínica, pero cada vez las cosas se están poniendo más complicadas y las dudas aparecen por todas partes.

¿A qué te refieres cuando dices que el periodismo español es superficial?

Pues me refiero a que ha pasado en los últimos treinta años de ser la profesión más valorada por los ciudadanos a ser la peor valorada después de los políticos, que ya es decir. ¿Por qué? Porque los medios de comunicación españoles están totalmente vinculados a intereses económicos y políticos, son cada día más sectarios, una parte importante de los periodistas que hay en el escalafón de las empresas son unos pusilánimes dedicados a defender intereses absolutamente obscenos, a hacer piña con el poder mediático, el poder político y el poder económico, y esto está haciendo que los ciudadanos digan que los periodistas están totalmente vendidos, que los periodistas son unos rastreros, que a los periodistas solo les interesa sus propias historias. Y esto es duro cuando ves que compañeros tuyos están muriendo por ejercer el periodismo con mayúsculas o han muerto en fuego cruzado o han sido asesinados de forma brutal, tras ser secuestrados, como es el caso de James Foley, o de Steven Sotloff, después de casi un año de secuestro. Esto es muy duro y muy indignante y evidentemente cuando hablo de superficialidad y de vergüenza me estoy refiriendo a esa vergonzosa actitud que tienen los medios de comunicación que están totalmente vinculados a los intereses políticos y económicos. Y por desgracia cada vez más porque en los últimos años la crisis económica y las actuaciones vergonzosas de los medios de comunicación tirando a la basura el dinero que iban ganando, invirtiendo en chapuzas, está haciendo que la deuda esté siendo comprada por los bancos o cajas de ahorro. Prisa está totalmente contralada por el Santander, Zeta está controlado por La Caixa, Vocento por Telefónica y así muchos casos, de forma que en los próximos años va a ser cada vez más difícil que veamos periodismo independiente.

En Guatemala, fotografiando a familiares con ataúdes de sus hijos desparecidos.

En Guatemala, fotografiando a familiares con ataúdes de sus hijos desparecidos.

¿A tu juicio, qué es lo más grave que está ocurriendo en esa bendita profesión? ¿Los despidos masivos y la precarización en las redacciones, la pérdida de independencia y valores periodísticos, el sometimiento a los poderes financieros y políticos?

¿El cáncer más grave? En realidad todo viene de lo mismo. Cada día necesitan periodistas más pusilánimes para callarles las bocas y aceptar todas las prebendas que hay en los medios, cada vez hay menos dinero para invertir en periodismo, cada vez hay menos dinero para invertir en profesionales que se dediquen al periodismo, no a las prebendas. Va todo de la mano. Te pongo un ejemplo: cuando se dice que hay una crisis económica que está convirtiendo el mundo del periodismo prácticamente en una profesión de parados es cierto, eso es cierto, pero esa crisis del periodismo viene de una crisis anterior mucho más grave, que es la crisis de identidad del periodismo. Cuanto más dinero se ganaba con el periodismo, cuanto más dinero ponían en publicidad los bancos, las cajas de ahorro, las grandes constructoras, las grandes empresas como Telefónica, como El Corte Inglés, como Endesa, Repsol, etcétera, como todas las grandes empresas que ponen dinero, más callaban la boca a posibles investigaciones. Por eso no nos hemos enterado de la crisis económica hasta que nos ha estallado en las narices, no nos hemos enterado de que las cajas de ahorro estaban dilapidando, tirando a la basura, el dinero público, nadie se había enterado de que el señor Pujol tenía un montón de dinero en bancos, nadie investigaba a los poderosos porque los poderosos estaban bien pertrechados, muchas veces en las empresas que ponían la publicidad. Y luego hemos visto cómo los políticos salían de la política y se metían en un banco o en una empresa energética y esto ha hecho que el sistema se haya podrido por todas partes.

Volviendo a la guerra. ¿Es el estado natural del hombre? ¿Alguna vez las guerras serán reliquias del pasado?

Desde que tenemos uso de razón, a lo largo de la Historia, ha habido guerras. Es decir, estamos hablando desde hace milenios. Todo lo que hace el hombre tiene que ver con la guerra, no ha habido prácticamente ningún periodo histórico sin guerras. Si hubo un periodo sin guerras en Europa las había en América Latina, o en otros lugares que desconocíamos, con lo cual yo no sé si es el estado natural, pero lo cierto es que el hombre disfruta con la guerra, el hombre negocia con la guerra, el hombre convierte la guerra en negocio, el hombre disfruta con el sufrimiento ajeno, esto es el pan nuestro de cada día. En el mundo va a seguir habiendo guerras pasen años, décadas, siglos o milenios.

¿Qué has pensado cuando has visto la imagen de ese talibán degollando al periodista James Foley? ¿Alguna vez tuviste miedo de que eso mismo pudiera sucederte a ti en uno de tus viajes?

Todo esto ocurre desde hace muchos años. Uno de los errores garrafales que tenemos los periodistas es creer que lo que pasa hoy pasa por primera vez. Y esto no es verdad. Yo estaba en el 2004 en Irak cuando empezaron las decapitaciones de periodistas. ¡En el 2004, hace diez años! Ya entonces grupos próximos a Al Qaeda secuestraron y decapitaron a periodistas. Hace treinta años, en el Líbano, secuestraron a periodistas e hicieron lo mismo después de tenerlos cinco años secuestrados. Cuando yo llegué a El Salvador en 1984, y era un crío, lo primero que vi fueron las listas de periodistas que estaban amenazados por los Escuadrones de la Muerte. Han matado a periodistas en todos los lugares en los que he estado en los últimos treinta años, eso ha pasado siempre y seguirá pasando. El problema no es que hayan decapitado a profesionales o que pueda seguir pasando, el problema es que estas decapitaciones provocan el final de las coberturas periodísticas, provocan el apagón informativo sobre lo que pasa en Siria, por ejemplo, y una guerra sin cubrir es todavía mucho más violenta.

¿Y cómo se supera ese miedo cuando estás en medio de una guerra?

Mira, una de las cosas que debemos dejar de hacer los periodistas es dejar de hablar de lo que nos pasa a nosotros. Yo voy a los sitios porque quiero ir, a mí nadie me obliga a hacerlo, así que voy, estoy y regreso. Lo que me pasa a mí no le interesa a nadie. Es lo que te decía antes: periodistas que hablan más de lo que les pasa a ellos que de lo que pasa en el terreno. Y luego quieren ser los protagonistas. Yo cuando me hacen alguna entrevista, sea larga, corta o mediana, me niego a contestar sobre lo que yo siento o dejo de sentir, eso no le interesa a nadie, insisto, debemos dejar de sentirnos protagonistas. Nuestra obligación es sacar las historias, yo he tenido compañeros muertos y nunca les oí hablar de lo que les pasaba a ellos o les dejaba de pasar. Y están muertos.

Has visto caer a compañeros, todas las pérdidas son terribles, pero seguro que echas de menos a un amigo en particular, ése cuya pérdida te dejó huella…

Siento la muerte de amigos y de gente que no conocía pero que conocían otros amigos míos. Y otra cosa importante: periodistas americanos mueren con cuentagotas, los que se llevan la peor parte en los conflictos suelen ser los periodistas locales casi siempre. En Irak o en Siria el número de periodistas locales que han muerto es más del noventa por ciento si lo comparamos con periodistas extranjeros y de ellos nunca jamás se habla. Jamás. En Colombia o en México o en Somalia son países donde mueren muchos reporteros. En Pakistán o Afganistán mueren periodistas y son locales. Entonces insisto: el periodismo no lo hacemos solo periodistas con nombre o mediáticos, o que se convierten en mediáticos porque ocurre algo muy grave como una decapitación o un asesinato, lo hacen muchas veces periodistas con nombres difíciles de recordar y fáciles de olvidar, y esos son los periodistas que están muriendo. La cobertura de Irak entre los años 2004 y 2008-2009, los años más duros de la cobertura, estuvo hecha por periodistas locales. Si New York Times, Washington Post, France Press, Reuters, AP, y muchos otros medios no hubieran tenido periodistas locales no hubieran podido hacer la cobertura. De hecho, eran ellos los que salían a la calle junto a otros, entre los que me encuentro yo, con miedo a los secuestros y a los asesinatos, y muchos de ellos murieron.

Has estado en América Latina, Oriente Medio, África… ¿Todas las guerras son iguales? ¿qué guerra te ha marcado más?

Comparar un conflicto con otro me parece también infame desde el punto de vista periodístico, social, humano, moral y ético. Cuando llegué a América Latina pensaba que las guerras allí eran muy duras y cuando, años después, llegó la guerra de los Balcanes me di cuenta de que aquello de América había sido una risa. Después llegué a África y en conflictos como Ruanda o Somalia hemos visto lo que ha ocurrido, o en el Congo. Conflictos con millones de muertos, civiles en su mayor parte. Y ahora estamos viendo en Siria y en Irak imágenes y violencia que ni siquiera habíamos visto en los conflictos más duros en los últimos treinta años. Entonces quiero decir que al final, por desgracia, la guerra se ha normalizado en nuestras vidas y se está convirtiendo en parte de nuestra idiosincrasia como seres humanos.

En algún lugar te he oído decir que te gusta volver a los países años después, cuando la guerra ya ha terminado. ¿Qué buscas con esos regresos al pasado?

¡Es que quizá la guerra no haya terminado! Uno de los problemas graves es que nos creemos que las guerras se terminan cuando los cínicos diplomáticos y políticos, muchas veces los mismos que las han provocado, los que las han obviado o se han mostrado pasivos ante la guerra, pitan el final del partido bélico. Es decir, cuando aparece una delegación de un país o interviene la Unión Europea o Estados Unidos o algún país importante y va y dice: Ya se acabó la guerra. Pues no. La guerra no se acaba cuando los políticos y los diplomáticos quieren. Por desgracia, muchas veces no tienen ni ellos mismos la posibilidad de controlar, solo faltaría que las guerras se terminaran cuando ellos quisieran. Las guerras terminan cuando las consecuencias se superan. ¿Y cuándo sucede esto? Pues a veces se tarda décadas en superarlas. Por eso a mí me gusta regresar a esos lugares, porque posiblemente ya no se encuentren en una situación de guerra abierta pero sí con las consecuencias de la guerra muy visibles. Yo creo que es importante documentar no solamente el bang bang, sino también las consecuencias de una guerra.

Gervasio Sánchez, a la izquierda, en Perú junto a Julio Fuentes, asesinado en Afganistán en noviembre de 2001, y Javier Bauluz.

Gervasio Sánchez, a la izquierda, en Perú junto a Julio Fuentes, asesinado en Afganistán en noviembre de 2001, y Javier Bauluz.

¿No tienes la sensación de que la guerra de la ex Yugoslavia, aquella vergüenza internacional, todos aquellos crímenes contra la humanidad, han quedado impunes, que nadie quiere recordar aquel desastre?

Como sucedió cuando la Alemania nazi cayó. Es cierto que se persigue y se enjuicia a algunos de los responsables, muchas veces tampoco responsables, mientras muchos asesinos andan sueltos. En Yugoslavia sucedió un poco lo mismo. Es cierto que algunos de los cabecillas están en La Haya, como el criminal Milosevic, pero muchos asesinos están sobre el terreno. Milosevic no mató a nadie, ni Karadzic, ni Mladic, esa gente no mata, esa gente ordena matar, pero luego los que matan en realidad están sobre el terreno y es muy difícil que un país se normalice si no se hace una especie de reflexión sobre lo que ha pasado. Hay que contarle a las nuevas generaciones lo que ha ocurrido para que no vuelvan a repetirlo. Eso nunca se hace.

Algún sector de la izquierda española acusa tradicionalmente a los norteamericanos de ser los culpables de todas las guerras, de todos los males de la humanidad ¿Qué opinas?

La izquierda culpa a los americanos, la derecha a los rusos, los europeos evaden sus responsabilidades, la ONU nunca está presente o está ausente más bien, pero evidentemente Naciones Unidas somos todos y al final todos somos responsables. Mira, ahora mismo se transmite la idea en el mundo de que los musulmanes son unas bestias que decapitan cuando en realidad el mundo musulmán está formado por mil millones de habitantes desde el sudeste asiático hasta nuestras capitales, donde hay muchos millones de musulmanes que están hastiados de esa violencia y sienten vergüenza de esos mercenarios, porque no son musulmanes ni islamistas, son mercenarios. Son cuestiones basadas en la inmadurez intelectual, porque la mayor parte de las ideas que se transmiten en los medios de comunicación están hechas por tertulianos de cuarta categoría, por gente que no entiende lo que está pasando, que nunca ha estado sobre el terreno. Los medios de comunicación son en su mayoría culpables de esto porque lo que tendrían que hacer es especializar a sus tertulianos, si tienen que hablar que se preparen los temas, si yo dirigiera un programa de radio o televisión avisaría a los tertulianos de los temas y si no vienen preparados ya no los volvería a llamar a mi programa, eso tenlo por seguro. Pero eso no lo hace nadie. Yo he visto programas en los que los tertulianos no sabían de nada. Y tú te preguntas: ¿pero esto es posible? Y te estoy hablando de programas importantes y cuando había dinero, cuando esas personas estaban cobrando un auténtico pastizal. Y luego no pagaban a los corresponsales o colaboradores que estaban sobre el terreno en algún conflicto. ¿Por qué? Porque esos tertulianos eran amigos de la casa, porque habían dirigido medios, porque eran correa de transmisión de los intereses de la casa, así es como funcionan las cosas en los medios de comunicación. Lo mismo da que sean de izquierdas, que de centro, que de derechas. En casi todos los medios se actúa de la misma manera.

El fundamentalismo islámico se extiende por Irak, Siria, Afganistán, en general por todo Oriente Medio, y parece que no hay forma de detenerlo. ¿Eres partidario de una intervención militar bajo amparo de la ONU para frenar el avance de grupos terroristas como Estado Islámico (EI)?

El problema es que Estado Islámico ha crecido porque durante todos estos años al Estado iraquí, formado por un presidente maniquí, que ya no está y que era chií, no se le impidió que utilizara a grupos terroristas. Muchos de los suníes que se han echado en los brazos de EI estaban siendo perseguidos por grupos chiíes radicales dirigidos por el Gobierno iraquí y especialmente vinculados al Ministerio del Interior o de Defensa, y ése es el problema. El problema es que la violencia engendra violencia, eso está más claro que el agua. ¿Por qué un grupo radical como EI puede tener un éxito militar tan rápido y tan fácilmente? Porque está protegiendo a personas que están siendo perseguidas por otros grupos armados. Ése es el problema principal de todo el conflicto. Se nos ha querido vender que en Irak había una democracia como las nuestras, con todos sus defectos y sus errores, y no era así, en realidad se trataba de un Gobierno que estaba instrumentalizando a sus unidades militares y al Ministerio del Interior para perseguir a la minoría suní. Hace año y medio estuve en Irak y vi videos que demostraban cómo actúan estos grupos armados. Esto es lo que está pasando. En muchas ciudades donde el EI y sus jefes islámicos están teniendo facilidad para conseguir milicianos, muchos de esos milicianos eran gente que tenía miedo a que el Gobierno iraquí llegara allí con sus unidades militares y se hiciera con ellos, cosa que ya ha pasado en algunos lugares. Pues ése es el problema principal. ¿Quién ejerce entonces el terrorismo? Esto es como cuando Israel se defiende diciendo que en Palestina solamente hay terroristas. Hace setenta años no existía Hamás. En cambio ya había problemas. Hace veinticinco años no había coches bomba y ya había problemas. En 1982 cuando yo estuve allí por primera vez ya había muros y había problemas. La cuestión es que no se ha querido buscar soluciones a esos problemas. Los poderosos, en este caso Israel, que es quien tiene el poder, no ha querido llegar a acuerdos cuando los acuerdos se tienen que establecer de poderosos a menos poderosos. Si no, no hay nada que hacer. Que un grupo terrorista ponga coches bomba, cosa que a mí me asquea, no debe impedir que haya una negociación que dé salida al conflicto. Todo se ha ido radicalizando, y cuantos más muertos haya más radicalización va a haber. Quien no lo quiera entender demuestra una gran falta de visión de futuro. Esos niños que hoy mueren asesinados por las bombas israelíes tienen hermanos que mañana van a vengarlos. Y eso lo sabe hasta el tonto del pueblo. Como se sabe también que hoy día el EI está reclutando a niños en las zonas suníes que han sido golpeados por atrocidades cometidas por grupos vinculados al Estado iraquí. Ése es el problema principal y quien no quiera entenderlo va perdido totalmente. Están instalados en una mecánica de querer vivir en un estado de explosión permanente, en un estado de violencia permanente, y lo que hacen al final es añadir cada día un eslabón más en la cadena de violencia. Eso es lo que está pasando en Oriente Medio y no se quiere solucionar el principal problema: el problema palestino.

¿Temes que se produzcan nuevos atentados en Europa y aquí mismo, en España, a corto plazo?

Yo creo que todo eso es una mecánica de intentar desviar la atención de los problemas principales. Si nuestra preocupación es temer que nos metan una bomba es difícil que podamos entender lo que está pasando más allá de nuestras propias fronteras físicas y personales. No nos podemos preocupar solo de que nuestros servicios de seguridad y nuestros servicios secretos vigilen nuestro medio ambiente; si vivo en Zaragoza que no me metan la bomba en Zaragoza y si vivo en Madrid que no me la metan en Madrid. Así no podemos vivir. El problema es que hay una situación muy explosiva que hay que intentar solucionar, y hay que sentar a negociar a la gente que no negocia. No solamente es Hamás; Hamás evidentemente es un grupo que se ha ido radicalizando pero que tiene el soporte de la población. Yo estuve en el año 2006 en las elecciones en Palestina y Hamás las ganó democráticamente hablando. Me pueden decir: pero es que tienen mucha influencia social. Muy bien, pero fueron unas elecciones en las que Al-Fatah, que había gobernado hasta ese momento en Gaza y Cisjordania, que era el poder político más importante en aquellos lugares, perdió las elecciones, y las perdió por muchas razones, entre ellas la corrupción. Desde el año 2006 gobierna Hamás y se le ha aislado porque la UE consideraba que era un grupo terrorista. Pero gana las elecciones. ¿Entonces qué hacemos? Hay que buscar soluciones, evidentemente sentando a negociar a Hamás pero también a Israel. Pero es que Israel hace lo que le da la gana, hay sectores muy radicales opuestos a la negociación que actúan cada vez con más brutalidad. Yo estoy cansado, cada vez que voy a Israel, de encontrarme con que los muros son cada vez más altos, la población palestina está cada vez más asfixiada, y claro, es un error, porque la población palestina va a seguir asfixiada pero va a seguir creciendo, generando más palestinos, y eso no lo va a parar nadie hasta que haya un estado independiente.

Foto: Efe

Gervasio Sánchez, durante una de sus exposiciones. Foto: Efe

Cuando recibiste el Ortega y Gasset cargaste contra el Gobierno español por su política de venta de armas y aquello provocó una gran polémica mediática. Pero eso tampoco ha cambiado mucho…

Vamos a ver, yo tampoco soy un pacifista. Yo no digo que no haya que vender armas, lo que no acepto es la hipocresía, el cinismo, lo que no acepto son las mentiras, lo que no acepto es la violación de las propias leyes españolas. Pero claro, que un presidente como Zapatero, que era el apóstol de la no violencia, que llegó al poder en 2004 esgrimiendo la no violencia, haya sextuplicado la venta de armas españolas durante su mandato, cuando Aznar había triplicado, ¡triplicado!, las armas que vendía Felipe González, que a su vez había duplicado el negocio, es muy significativo. Es decir, desde el gobierno de Adolfo Suárez, seguimos vendiendo cada vez más armas: el señor Felipe González duplicó, el señor Aznar triplicó, el señor Zapatero sextuplicó, y en estos momentos, el señor Rajoy, otro cínico vinculado a este tema ha duplicado la venta de armas con respecto al gobierno Zapatero. Es decir, cuando el señor Aznar se marchó en 2004 vendíamos 400 millones en armas, cuando di mi discurso por el premio Ortega y Gasset vendíamos ya casi 900 millones. Cuando el señor Zapatero se marchó íbamos por 2.400 millones en armas. Es decir, de cuatrocientos a dos mil cuatrocientos, cuatro por seis, veinticuatro. Sextuplicamos. Y ahora vendemos casi cuatro mil millones en armas…

Que es una barbaridad…

No sé si es una barbaridad, simplemente están violando la ley de control de armas de 2007, que dice que no se pueden vender armas a países con conflictos internos, países que violen los derechos humanos, países que puedan utilizar las armas contra sus ciudadanos, pero España viola la ley aprobada por el Parlamento que prohíbe todo esto.

¿Cuál es tu truco para hacer una buena foto de guerra?

Las buenas fotos salen muchas veces de la casualidad. Es muy difícil hacer buenas fotos y mucho menos cuando estás en medio de un conflicto. A veces se piensa que hacer una buena foto es hacer una foto con un montón de cadáveres y eso no es una buena fotografía. Una buena foto es algo muy difícil de conseguir, ya sea en tiempo de guerra o en tiempo de paz.

¿Qué consejo le darías al joven que está empezando y quiere ser corresponsal?

Lo que yo les digo a todos los periodistas jóvenes es que intenten comprender cómo es esta profesión. No es un oficio fácil, no se está aquí para ganar premios, ni para convertirte en muy famoso ante tu público, sino que hay que trabajar duramente, tener paciencia, que no hay que violar las normas básicas de esta profesión porque si un día te pillan en una cagada, en un error garrafal, estás muerto para siempre. Si engañas, si manipulas una fotografía, si cuentas una historia que es mentira, estás muerto para siempre, te lo puedo asegurar, y creo que eso es lo importante, que entiendan que no es fácil, que se quiten de encima esa idea un poco platónica, esa idea que a veces damos de que ésta es una profesión de dioses, que los periodistas que van a zonas en conflicto tienen que sacrificarse mucho, tanto personal como profesionalmente, que cada vez es más difícil recuperar el dinero que has invertido, que cada vez es más difícil publicar buenas historias, que muchas veces es muy peligroso y puedes morir, y esto es lo importante que deben tener en cuenta.

¿Hay alguna foto que no hayas hecho por pudor?

Te podría decir que no he dejado de hacer fotografías cuando tenía que hacerlas porque soy periodista…

¿A cuántos redactores jefe le has dicho: Esa foto no la hago, o esa foto no te la doy?

Yo no tengo que dar explicaciones a redactores jefes. Por suerte trabajo como periodista independiente desde que empecé, por supuesto me he tenido que buscar la vida y hacer otros trabajos para mantener mi independencia, pero yo no comunico lo que hago o lo que no hago, yo lo que digo es lo que hago, se acabó. Yo una fotografía que no quiero que se publique evidentemente no la mando, no soy tan tonto para mandar fotografías que no quiero que se publiquen y que luego son las que se publican. Yo tengo un material y cuando un redactor jefe me dice “oye, necesito una foto sobre ese tema” yo se la doy y se acabó.

Aunque imagino que habrás visto de todo, hasta ese reportero que en lugar de ayudar a la niña herida primero hace la foto y luego ayuda a la víctima si puede y quiere…

A veces las situaciones que se producen en los conflictos no son dos y dos son cuatro, a veces ayudar es simplemente estorbar, porque igual esa niña lo que necesita es que ese equipo de emergencia que está llegando o ha llegado antes que tú la evacúe, porque son especialistas en primeros auxilios y saben lo que se tiene que hacer y tú igual la estás maltratando más de lo que está, porque no sabes cómo tratar a esa persona, ya sea una niña, un niño o un adulto. Y otras veces evidentemente esa persona depende de ti y ahí lo que tiene que hacer cada uno es actuar en conciencia y luego mirarte al espejo, porque el espejo te lo dice todo y si te llamas hijo de puta cada vez que te miras al espejo es que evidente algo no has hecho bien. Si te sientes bien cada vez que te miras al espejo ya es otra cosa…

Y aunque ya sé que no te gusta hablar de ti mismo: ¿Cuántas heridas de guerra, físicas y morales, lleva dentro de sí Gervasio Sánchez?

Insisto, ésta es una profesión en la que se van acumulando muchas situaciones duras, puedes morir en cualquier conflicto armado, pero yo estoy porque quiero estar, amo mi oficio, me siento hastiado ante el comportamiento de muchos compañeros que maltratan cada día esta profesión y me fastidia que los ciudadanos crean que todos los periodistas somos una pandilla de gente sin escrúpulos por culpa de muchas actuaciones vergonzosas. Amo esta profesión y seguiré trabajando como periodista hasta que me muera. Y lo haré por dos razones: una en memoria de mis compañeros que han sido asesinados, o han muerto en fuegos cruzados o ejerciendo este oficio con sus mejores valores. Y dos: para salvaguardar mi propia conciencia.

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