Marta Sanz: “No creo que estemos en condiciones de dar lecciones a China sobre derechos de la mujer”

MARTA-SANZ

Por José Antequera. Foto: Miguel Lizana. Jueves, 19 de junio de 2014

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  Entrevista

Marta Sanz (Madrid, 1967) escribe con una “contemporaneidad tan rabiosa como siempre supieron darle los grandes del género, empezando por ese irónico Chandler”, ha dicho de ella Lorenzo Silva. Sanz, que acaba presentar la nueva edición ampliada y revisada de su novela La lección de anatomía, publicada en 2008 y prologada por Rafael Chirbes, ha recibido importantes premios, como el Ojo Crítico de Narrativa (2001) o el XI Premio Vargas Llosa de relatos. Además, fue finalista del Premio Nadal en 2006 y semifinalista del Herralde en 2009. Tiene previsto volar a China en los próximos días, donde tomará contacto con aquella cultura milenaria y quién sabe si obtendrá material para una próxima novela.

Viajas en breve a China. ¿Qué esperas encontrarte allí?

Un país en pleno proceso de desarrollo y de modernización, del que tal vez tengamos algunas lecciones que aprender. Procuraré ir con los ojos muy abiertos y no quedarme bloqueada por mis prejuicios.

¿No tienes la sensación de que China sigue siendo como un monstruo que espera para devorarnos algún día?

No. Yo no me siento devorada por China. Me siento devorada culturalmente por los Estados Unidos: por su cine, su literatura, su música, sus modas, su gastronomía, su forma de vida, su sentimentalidad y sus hipotecas basura que ya forman parte de mí y de todos nosotros. Los chinos, de momento, me preocupan muy poco.

En tus novelas la mujer adquiere un papel preponderante y en aquel país los derechos de las mujeres todavía siguen siendo aplastados, pisoteados. En algunas zonas aún se secuestra a las mujeres para venderlas después como esclavas. Un buen tema para una novela ¿no es así?

En todos los países del mundo se producen atropellos y brutalidades contra las mujeres, pero no podemos manipular demagógicamente esos atropellos ni esa brutalidad para separar a los países “buenos” de los países “malos”. Parece que el problema de género se cruza siempre con el problema de clase: las mujeres siempre somos económica y socialmente más vulnerables, precarias, pobres o esclavas. También hay que recordar que en Occidente existen mujeres que viven en condiciones de esclavitud. Mujeres explotadas sexualmente, golpeadas a diario y con sus pasaportes retenidos por mafias de prostitución que las amenazan con matar a sus hijos en el que caso de que se escapen y no cumplan con sus “obligaciones”. Me parece importantísimo mirar la viga en el ojo propio, incluso la paja. No creo que estemos en condiciones de darle lecciones a nadie.

Llama la atención que apenas sepamos nada de aquel país cuando es una cultura mucho más antigua aún que la nuestra. ¿Recuerdas algún libro del lejano oriente que te haya marcado en tu personalidad como escritora?

Tienes toda la razón en lo que dices. Yo no soy ni mucho menos una experta en literatura china. Últimamente he leído alguna novela del Nobel Mo Yan, a quien había conocido antes a través de las adaptaciones cinematográficas de Zhang Yimou que sí marcaron, cuando era joven, mi manera de entender cierto tipo de cine. Me acuerdo muy bien de que Sorgo rojo fue una película impactante para mí y para mucha gente a finales de la década de los ochenta. Conozco un poco mejor la literatura japonesa: Osamu Dazai y Natsume Soseki son dos autores, publicados por Impedimenta, que me parecen excelentes. Y, sobre todo, La novela de Genji de la escritora japonesa del siglo X Murasaki Shikibu: en esa novela, por ejemplo, se constata la importancia que la poesía china tuvo para el nacimiento y desarrollo de la literatura japonesa.

La globalización lo está contaminando todo, la política, la sociedad, el arte. Cada vez resulta más complicado encontrar obras auténticas. ¿No crees que hemos llegado a un punto en que la literatura es un producto de marketing más, como la coca cola?

En general, comparto tu diagnóstico. Vivimos en la época de la globalización neoliberal y ese discurso dominante se proyecta en formas de cultura que “clientelizan” a los lectores, a los espectadores, a los receptores de cualquier texto estético. Se ofrecen productos de fácil digestión que puedan consumir con facilidad y placer. Productos espectaculares, gratificantes, vistosos, que quedan bien en el escaparate y de los que se puede hablar con los amigos. Sin embargo, espero que aún quede un tipo de literatura resistente, capaz de contestar al discurso hegemónico, ayudarnos a ver mejor, inquietarnos, tratarnos como personas inteligentes y reparar el daño.

Tu novela La lección de anatomía es una particular autobiografía en la que una mujer muy parecida a ti se desnuda ante el lector a partir de su relación con otras mujeres importantes de su vida como su madre, su abuela, su tía, sus compañeras de trabajo o sus amigas. ¿Cuánto hay de autobiográfico y cuánto de ficción en esta obra?

Bueno, no es una mujer muy parecida a mí: soy yo en mi versión literaria. Es mi cuerpo entendido como un texto o un texto donde lo más importante es un cuerpo en el que se refleja una vida. Como el libro es más una novela autobiográfica que una autobiografía novelada, el pacto fundamental es el que se establece con la literatura y no tanto con la verdad. Creo que el lenguaje literario consigue expulsar ciertas anécdotas, relatadas en el libro, de la vulgaridad, la falta de pudor o el narcisismo del selfie contemporáneo.

Lo explícito sexual parecer estar muy presente en tu novela pero quizá no sea la sexualidad lo que más te interesa estudiar, mostrar literariamente. ¿Cuáles son los temas predilectos de Marta Sanz?

Mis temas predilectos son los tabúes: la muerte, la vejez, la enfermedad, el amor no entendido como relación blanda, el cuerpo en oposición a ese espacio de la literatura canónica que denominamos “vida interior”… Me interesa la materia. Las múltiples formas de la violencia. Incluso la que nos pasa desapercibida y nos mina cotidianamente en las pequeñas cosas: un desahucio es violencia, un despido, una nómina indigna. En mis libros intento hablar de lo que nos importa y nos duele sin que sepamos por qué nos duele. También me interesan los elementos que constituyen lo que el filósofo esloveno Zizek llama “la ideología invisible”: esos valores que forman parte de la ideología del poder y que nos han calado tan hondo que ya ni siquiera los percibimos como ideología. Pensamientos que se han convertido en incuestionables frases hechas en nuestra sociedad y a los que los escritores a veces les intentamos dar la vuelta para sacar la pelusa de dentro del calcetín. Creencias como que el capitalismo y la democracia son sinónimos o como que el deporte es indefectiblemente bueno tanto para quien lo practica como para quien lo consume…

Utilizas para el título el famoso cuadro de Rembrandt. ¿Por qué?

Porque me siento identificada con la estética de Rembrandt. Con la mezcla de lo crudo y de lo cocido que caracteriza sus cuadros. Y porque, como te he comentado, en mi libro el cuerpo, la disección del cuerpo, la interpretación del cuerpo es fundamental: el cuerpo está lleno de rastros y de signos de lo que ha sido nuestra manera de vivir. No hablo de tatuajes, de una escritura artificial sobre la piel, sino del resultado natural de las vivencias sobre la anatomía, el modo de reír o de achinar los ojos. Lo que no podemos evitar y quizá nos delata. Por eso, la novela acaba con un autorretrato desnudo…

El cuerpo humano es uno de los grandes temas de nuestro tiempo. Todo parece reducirse a cuerpo, la imagen, el aspecto físico, el culto a la belleza, tener un cuerpo diez parece lo más importante…

Bueno, ese es uno de los elementos de la ideología invisible a la que aludía hace un momento. Esa obsesión por el cuerpo violentado dentro de un molde de belleza cada vez más artificioso, más quirúrgico. A veces creo que hay niños que piensan que todos los pubis están depilados. Me preocupa esa obsesión por la belleza ligada a la salud que puede convertirse en una paranoia, en un desequilibrio. Esto lo cuenta muy bien la escritora estadounidense Lionel Shriver en su última novela Big Brother: la incapacidad de las sociedades consumistas para encontrar un punto medio entre la obesidad mórbida y la anorexia. Vivimos nuestras vidas a golpe de compulsiones porque el sistema está enfermo. Sin embargo, en La lección de anatomía procuro acercarme al cuerpo con más inocencia porque yo no he violentado excesivamente mi cuerpo para ajustarme a un canon de belleza que me parece abominable: el cuerpo en la lección es un folio en blanco donde se van escribiendo las buenas y las malas experiencias que se perciben en un modo especial de caminar o de agachar la cabeza con timidez. En el hecho de tener la mano derecha más desarrollada que la izquierda porque es la que se usa para agarrar el lápiz o abrir los botes de conservas en la cocina.

¿Quién influye más en la sociedad de hoy, Miley Cyrus o Vargas Llosa?

Cuantitativamente, Miley Cyrus. Cualitativamente, Vargas Llosa. Pero, como vivimos en un mundo donde se confunde cantidad con calidad y demagogia con democracia, creo que Miley Cirus se lleva el premio.

Cuánto daño ha hecho la televisión ¿no?

Probablemente, pero si te soy sincera yo no puedo dejar de mirar la caja tonta con cierta simpatía. Porque pertenezco a esa primera o segunda generación de españoles que se educó en el colegio, con sus padres, pero también viendo mucha televisión. Reconozco la televisión como instrumento formativo y, por eso, me parece cualquier cosa menos inofensiva. Creo que la televisión nos familiarizó con ciertas estrategias narrativas, formas de contar historias, construir relatos, antes de saber leer. Sin embargo, también creo que poco a poco se ha convertido en un espacio donde se exhibe impúdicamente la ignorancia. Y no me refiero a la chabacanería, sino más bien a que manejamos –en la tele, en la literatura, etc. – un concepto perverso del “entretenimiento” como antónimo del “conocimiento”: como si entretenerse fuera lo mismo que no pensar… Aun así, me parece que ver la tele para conocer bien cuáles son las dimensiones del enemigo y algunas veces para disfrutar de alguna buena película.

¿Qué significó para ti que Rafael Chirbes escribiera el prólogo del libro?

Primero, un honor. Después, me hizo sentir más segura respecto a mi libro. Yo sigo pensando que no todas las opiniones valen lo mismo, que hay opiniones más autorizadas que otras dependiendo del ámbito en el que nos movamos, y en este sentido sentirme avalada por la lectura y por las palabras de un escritor de la talla de Rafael Chirbes me hizo mirar La lección de anatomía con unos ojos menos miedosos. Porque yo creo que los escritores, más allá de la seguridad en nuestros textos o de la honestidad y el rigor, la exigencia con la que escribamos, más allá de todas esas cosas, siempre que sacamos un libro tenemos miedo.

Si pudieras reencarnarte en un escritor/escritora ¿qué novela te hubiera gustado escribir?

Un montón. Me encantan los escritores decimonónicos, los rusos, los ingleses, los franceses, los españoles. Me hubiera encantado escribir cualquier novelón de Galdós, de Dickens, Tolstoi, Dostoievski, Flaubert, Clarín… También me hubiera encantado escribir El amante de Marguerite Duras sin vivir lo que ella vivió. O hablando de novela autobiográfica, Léxico familiar de Natalia Ginzburg.

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