Julio Anguita: “Prefiero a Aznar como presidente de una República antes que a un Rey”

Julio Anguita

Por José Antequera. Imagen: Marcial Guillén. Jueves, 12 de junio de 2014

Deportes

  Entrevista

Para empezar le haré la pregunta más repetida estos días: ¿qué prefiere, a Aznar de presidente de una República o a Felipe VI como rey de una Monarquía Parlamentaria?

Mire usted, lo primero que tenemos que ver es qué clase de República queremos; para mí lo principal es contar con una propuesta concreta, no soy muy de agitar banderas sin contenidos. Recientemente he publicado un libro, Conversaciones sobre la III República, junto con Carmen Reina, en el que tratamos la necesidad de esas propuestas. Es hora de que se convoquen Estados Generales, de que se debatan los contenidos sobre la República que queremos, porque ahora nos encontramos con la abdicación del Rey y resulta que no sabemos concretar. De modo que yo quiero saber qué República queremos y ya le digo que si esa República satisface unos mínimos, aunque sea con Aznar de presidente, yo la prefiero a la Monarquía, porque a Aznar siempre se le puede cambiar, al Rey no.

Pero Aznar presidente de una República suena algo heavy dicho por alguien de izquierdas ¿no?…

Pues sí, suena heavy, pero sería inevitable si apostamos por una República. Mire usted, la restauración borbónica nos ha llevado a una crisis tremenda y ahora los poderes económicos, véase las empresas del Ibex 35, el Banco de Santander y otras multinacionales han decidido cambiar la forma de Gobierno al ver lo que se les ha venido encima. Pero si Felipe VI no les sirve, no tenga usted la menor duda de que serán capaces de cambiarlo también.

Usted ha tratado con el Rey en numerosas ocasiones: dígame una cosa buena de él y otra mala.

Sí, he estado con él muchas veces, pero no me gusta hacer ese tipo de valoraciones que me reservo para mí. Me sumaría a algunas cosas que ya se están diciendo sobre el Rey pero no a esas opiniones narcotizantes que tratan de presentarnos al monarca como el gran salvador de la democracia en España.

¿Hay algo muy importante sobre el Rey que no se haya dicho ya?

Se ha dicho casi todo. Pilar Urbano ha contado muchas cosas de él y el 95 por ciento del documental de Jordi Évole, por ejemplo, es cierto. Por tanto, del Rey se sabe casi todo, sus negocios, sus trapacerías, sus relaciones con personajes como Colón de Carvajal, etcétera. Ya hay elementos suficientes para emitir un juicio coherente sobre su reinado. Tenga usted en cuenta que el Rey no juró la Constitución española de 1978 y que en un discurso de 18 de julio de ese mismo año salió elogiando el alzamiento nacional.

¿Con qué versión de la Historia prefiere quedarse: con la oficial de que Juan Carlos trajo la democracia a los españoles o con que es un heredero del antiguo régimen que ha perpetuado el franquismo?

La versión de que el Rey salvó la democracia es un cuento chino y esa imagen que ahora se quiere transmitir de un rey perverso también es mentira. Pero el problema de España ya no es Juan Carlos, sino la institución, la Monarquía en sí misma.

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Sinceramente, ¿cree que con la República nos iría mejor de lo que nos va?

Ya le digo que se trata de ver qué clase de República queremos. Depende. Sí, si satisface los derechos de las clases trabajadoras y de las clases medias (no olvidemos a las clases medias). Pero eso significa trazar unos objetivos, no improvisar sobre la marcha y ahora digo esto y luego aquello. Eso no.

Pero, sin embargo, parece que el debate entre Monarquía y República está más en la calle que en ningún otro lugar. No se habla de otra cosa…

El Partido Comunista tiene escondido, aparcado, desde hace años, su idea de República. Pero yo prefiero que el debate esté en la calle antes que nos sentemos a negociar sin que el pueblo sepa nada, sin que el pueblo se entere de qué clase de cambio político queremos hacer. Primero hay que informar de los contenidos a la ciudadanía, para que se entere y pueda decidir. No empecemos la casa por el tejado.

Usted siempre apostó por el programa electoral. Programa, programa y programa. ¿Cuál sería su receta económica hoy para salir de ésta? Me refiero a la crisis…

Una República, lo primero, debe garantizar los derechos humanos, los treinta que están reconocidos en la carta universal. Es decir, democracia real, participación ciudadana, referéndum sobre la forma de Gobierno que queremos darnos, llegar a un convenio entre seres libres y a un contrato social. En segundo lugar, las decisiones políticas deben estar por encima de las económicas. El poder político es el que representa al pueblo, no al revés, no como ahora, que da el poder de gobierno a la Troika y a los mercados. Debemos garantizar unos derechos básicos como el pleno empleo y una vivienda digna. En tercer lugar está la paz, cumplir los tratados internacionales, lo cual no significa retirarse a un convento a rezar. En cuarto lugar, la austeridad, pero no recortando en derechos fundamentales, como hace este Gobierno, eso es una barbaridad…

Pero para eso sería necesario cambiar todo el sistema económico, el capitalismo en sí mismo…

Por supuesto que es preciso cambiarlo. Hay que priorizar la sobriedad sobre el gasto, ahorrar los recursos que se gastan innecesariamente, respetar el medio ambiente, apostar por el reciclaje…

¿Cómo resolvería usted el problema de Cataluña?

Ahí tenemos que hablar, no cabe duda, de ir a un modelo de Estado federal mediante un pacto que reconozca la singularidad de las diferentes nacionalidades que integran el Estado español.

Si fuera presidente del Gobierno, ¿qué haría usted al día siguiente de declararse la independencia de Cataluña?

Tomar buena nota y actuar en consecuencia. A los diferentes gobiernos les ha faltado valor, audacia para enfrentarse a este problema. Se han encerrado en su idea de España que no coincidía con la realidad. Y se lo dice alguien que no cree en Artur Mas, porque forma parte de la tradicional derecha catalana, esa misma derecha que primero trincaba el dinero de Madrid y que luego mandaba a la Guardia Civil a reprimir a la clase obrera. Es un grave problema que han dejado que se pudriera. Yo soy firme defensor del derecho a la autodeterminación de los pueblos. Pero además, fíjese: el Reino de España tiene firmado desde el año 1976, bajo mandato de Suárez, el pacto internacional por los derechos sociales y políticos, que reconoce este derecho.

A su juicio ¿quién cree que debería pagar judicialmente por esta crisis?

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Habría muchos, pero seguro que quienes han acordado el pago de la deuda de España, que han cometido un delito de alta traición por la reforma del artículo 135 de la Constitución española, por ir contra los intereses y los recursos de la patria. Las personas que decidieron eso deberían ser juzgadas por alta traición, lo que no puede ser es que estemos pagando 105 millones de euros al día solo en intereses.

¿Cree que España es un país de corruptos?

La parte del pueblo que se deja engañar es culpable de lo que está pasando. Cuando usted ejerce el derecho al voto tiene su parte de responsabilidad, y aquí se sigue votando a ladrones.

Bárcenas, Blesa, Urdangarín, ¿cree que serán juzgados y condenados o que se irán de rositas, como suele pasar con los corruptos en España?

Yo tengo una hipótesis muy plausible que vengo exponiendo públicamente. Y es que cuando Felipe VI sea entronizado habrá un cambio de cromos en todos estos casos de corrupción que usted me cita y una ley de punto final para tapar el caso Gurtel, el caso Noos y el de los ERES, entre otros.

¿Qué le diría a Angela Merkel si la tuviera delante?

Lo mismo que le dije a Felipe González en 1992, cuando Izquierda Unida se opuso a Maastricht.

Oiga, a Izquierda Unida le ha salido un duro competidor con Podemos. ¿Ve a este partido como una alternativa seria de Gobierno?

Yo no creo que Podemos sea un competidor de Izquierda Unida. Yo soy de IU, pero también de Equo y de Compromís, y del 15M y de Podemos, y de todo aquello que respete los derechos humanos.

¿Qué opinión le merece Pablo Iglesias?

Que hace lo que tiene que hacer. Se lo van a poner muy difícil porque el poder no se va a estar quieto. Tendrá que pasar por momentos complicados a partir de ahora, pero tiene las ideas claras. De todas maneras tengamos en cuenta que una alternativa política no se construye en un día, y por supuesto no solo con asambleas en las que se está discutiendo todo el rato. Yo soy asambleario, me gusta siempre y cuando las decisiones se ejecuten luego por el aparato del partido. Pero estar siempre deliberando, permanentemente, como en el Ágora griega, me parece inútil.

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¿No siente cierta conmoción al ver la situación por la que atraviesa el PSOE tras su batacazo electoral?

Ese partido está atravesando por una crisis de identidad, no saben lo que son, un día son la izquierda, otro día de centro-izquierda, al siguiente se plantean un pacto constitucional con el PP, luego quieren seguir la estela de los demócratas de Estados Unidos. En fin, ellos sabrán.

¿Ve el final del bipartidismo tras las europeas, como todos vaticinan?

Ha sido un serio aviso. El bipartidismo es el mismo proyecto con dos caras y por eso tiene que ser contestado como está siendo, pero siempre proponiendo medidas concretas.

A Podemos se le critica a menudo que sus bases, sus jóvenes políticos, salvo excepciones, no están suficientemente preparados…

No estoy de acuerdo, en Podemos hay gente muy valiosa. ¿Y qué me dice usted de la colección de inútiles que hay ahora mismo en el poder, de esos que solo gobiernan guiándose por las estadísticas, por lo que dicen los medios de comunicación, los que se equivocan constantemente en sus decisiones y los que no paran de mentir? Si eso es estar preparados que venga Dios y lo vea.

Y ya que habla de Dios, ¿qué hacemos con la Iglesia católica?

Hay que separar lo que es la Iglesia del Estado. El Estado debe ser laico. La religión debe estar en su campo, que es la conciencia de los ciudadanos. No importa que se manifieste públicamente en la calle, pero siempre debe estar sometida al ordenamiento jurídico.

Cuando estaba en activo se le acusaba de ser un político utópico. De hecho se le conocía como El Califa por ese halo de liderazgo iluminado que le precedía. ¿Cree que la utopía sigue siendo necesaria?

Reniegan de la utopía los que no saben lo que es. Hoy la utopía es técnicamente más posible que nunca. Se puede acabar con el hambre en el mundo si se destinan los recursos suficientes, que los hay; hay comida suficiente para alimentar a toda la población mundial. Si no se hace es porque hay poderes económicos que lo impiden. Sí, estoy orgulloso de ser utópico. La utopía es más que necesaria porque es lo que diferencia al hombre del caballo.

Pues esto es todo, señor Anguita. Si quiere, podemos seguir hablando en las redes sociales…

Yo la verdad es que me manejo lo justo en las redes, no tengo Twitter ni Facebook, de algún modo sigo siendo de la galaxia Gutenberg.

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