Fernando Cámara: “En cuanto se nos acumulan las injusticias terminamos habitando en el odio”

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Por José Antequera. Jueves, 26 de junio de 2014

Deportes

  Entrevista

Fernando Cámara (cineasta y novelista, Madrid, 1969) es una de las grandes apuestas de la narrativa española actual. Nominado al Goya al mejor director novel por su primera película Memorias del ángel caído, ha ganado el XVI Premio de Narrativa Francisco García Pavón por su novela Con todo el odio de nuestro corazón. Dice que no se considera un autor de novela negra al uso, un término que considera una simple “etiqueta” dentro de la mercadoctecnia literaria. “Son tantos los corruptos que la reacción ciudadana sería una guerra civil en toda regla, lo que representaría la mayor vergüenza para un país”, asegura.

En tu novela Con todo el odio de nuestro corazón (Premio García Pavón) hablas de una venganza que varios personajes llevan a cabo contra un político corrupto. No sé por qué pero ese suceso me suena de algo…

Al escribir la novela, pensaba que, en breve, la realidad se impondría solapándose a la trama. Pero tuvo que pasar un año para que ocurriera y, aunque las circunstancias no fueron iguales, ambos crímenes son pasionales: el odio es emocionalmente más grande que el amor. Y más en estos tiempos.

¿Es tu novela un ajuste de cuentas contra el sistema, contra el poder podrido?

Para ajustar cuentas habría que jugar con sus mismas armas putrefactas y, en ese sentido, soy un lego. Hay que nacer con ese rancio abolengo sellado en el cerebelo.

A veces la literatura es más justa que la realidad ¿no te parece? Me refiero a que el escritor es una especie de Dios que imparte la Justicia que falta en el mundo.

Sí, y supongo que eso pretendía, pero la humanidad de los personajes terminó por estrellarles contra la realidad, y la justicia se les hizo muy complicada. Me hubiera gustado jugar a Harry el Sucio o a Los jueces de la ley, pero ni el país ni las circunstancias son las mismas, así que… ¡a leer la novela!

En algún lugar he leído que te estafaron con las preferentes. ¿Es cierto? ¿Fue ése el motor de la novela, sacar la rabia que llevabas dentro?

Sí, me estafaron. En 2004 me vendieron un fondo de inversiones del que sacaba un 4% anual: imposible desconfiar. Pero luego resulta que tu banco, que está para guardar tu dinero, te lo roba, y que tu país, que debería protegerte como ciudadano, no solo les da la razón a los bancos sino que nos quita todavía más pasta para salvarles de su absoluta incompetencia. Pero la novela ya estaba pensaba antes de esto, y la rabia solo sirvió para reafirmarme en escribirla.

Desahuciados, parados, políticos corruptos, banqueros sin escrúpulos… La crisis ha generado un caldo de cultivo de temas y personajes impagable para el escritor de novela negra. ¿Vivimos una especie de revival a la española de la literatura que se hacía en Estados Unidos a principios de siglo XX, tras el crack del 29?

No soy especialista en novela negra. Yo tenía la sensación de haber escrito un fresco social más cercano a Las uvas de ira (salvando enormes distancias), pero resulta que, por clasificación externa, dicen que es novela negra. Bueno, yo lo acepto, aunque no son más que etiquetas para facilitar la venta. De todas formas, creo que la novela negra que se practica actualmente en España no está tan apegada a nuestra realidad sino a los procedimientos alrededor del crimen y a la creación de detectives-franquicia, lo cual no solo es lícito sino comercialmente más interesante.

¿Estamos en una edad gloriosa de la novela negra en España?

Lo que es cierto es que las estanterías se llenan de libros de esta temática. Supongo que responderá a la demanda de los lectores, pero cabría preguntarse si las cifras de venta acompañan realmente a este fenómeno. De siempre el terror y el género negro han acompañado a los períodos de crisis, así que me temo que tendremos zombis y noirpara rato.

¿Qué puede hacer el ciudadano que se ve aplastado por los abusos del poder? ¿Sería justificable a tu juicio una reacción violenta de la ciudadanía contra los gobernantes corruptos?

Son tantos los corruptos que esa reacción ciudadana sería una guerra civil en toda regla, lo que representaría la mayor vergüenza para un país. Nosotros la vivimos hace pocos años y nos separó aún más. Hay otras fórmulas que planteo en la novela, como empezar de cero, alejados de todos esos estamentos, o educar a los niños con lógica y limpieza. El ciudadano no tiene por qué ser el Estado, aunque éste le oprima y persiga hasta el bosque más frondoso.

El odio juega un papel importante en tu novela. ¿El odio no se crea ni se destruye, solo se transforma? ¿Crees que el ser humano es malo por naturaleza?

Soy más de Rousseau, aunque añadiéndonos pequeñas briznas de malicia. Pero yo pienso que el odio sí que se crea, ¡y se contagia! En cuanto se nos acumulan una serie de injusticias, terminamos habitando en el odio, buscando culpables y soñando con venganzas. Totalmente lógico por otro lado.

A veces tiene uno la sensación de que la literatura y el cine de hoy son víctimas de la globalización. Las historias se repiten con independencia del país donde se hagan las películas. ¿Anula la globalización la creatividad de los artistas o es buena para la industria?

Como profesor de narrativa y guión, mi mayor temor es que los chicos terminen por perder sus particularidades en aras a una técnica que finalmente lo iguala todo. Sin embargo, siempre hay formas de mejorar el pulso narrativo, de enfocar el relato y hacer empáticos a los personajes que lo protagonizan. El equilibro entre técnica y alma es fundamental en lo artístico, pero como el alma ha de venir de fábrica, casi solo se enseña técnica, y aquí estamos, con relatos cada vez más plasticosamente depurados. Imitaciones de imitaciones que son como un chicle usado que vamos pasando de una generación a otra, hasta que ya no queda brizna del sabor original. Es fundamental pescar fuera de libros y de pantallas.

¿Qué ideas y sensaciones te produce esa palabra: globalización?

¿La invasión de los ultracuerpos?

China va a ser el imperio emergente durante este siglo. ¿Qué es lo que más te atrae de ese país? ¿Rodarías una película allí?

China me queda grande y está muy lejos. Como cineasta, y casi como novelista, tiendo a lo cercano: de lo local a lo universal. Como le pasaba a Simenon, yo solo puedo hablar sobre lo que conozco, y a partir de ahí, fantaseo.

Por Memorias del ángel caído fuiste nominado al Goya al mejor director novel. ¿Qué recuerdos guardas de ese film?

Cinematográficamente, los mejores. De alguna forma, por muy verde que estés, tu primera película es tu emblema y quien mejor te representa, siempre que la hayas hecho con libertad y te resulte cercana, como es el caso.

¿Por qué nos atrae tanto el terror? ¿Por qué nos hace disfrutar tanto?

Porque el miedo es una de las emociones más poderosas. Una buena ración de miedo nos pone las pilas y hace que luego contemplemos el mundo con cierta… simpatía.

¿Crees que vivimos en una época de terror, terror político, terror social, terror económico?

Si miramos al mundo en general, sí. Y a ciertos sectores inmediatos, también. Por eso, mi última novela no podía circunscribirse al terror paranormal sino al social, que es más brutal y cercano.

¿A qué escritor y a qué director de cine, vivo o muerto, crees que le debes algo como creador?

Hitchcock es enseñanza y una fuente de placer. Tratar de concebir siempre con suspense, más allá del género, es casi una religión. Súmale a Bergman, aderézalo con reminiscencias católicas, y creo que de ese cóctel imposible nacen muchos de mis planteamientos. Y escritores son tantos… Alberto Moravia, Stephen King, Carver, Patricia Highsmith, Jon Bilbao…

De niño rodabas con tu hermano en súper 8 emulando a las grandes películas de los años 70 y 80, y utilizando aquellos entrañables madelman. Unos principios muy spielbergrianos ¿no?

Bueno, no nos quedaba más remedio porque todavía no habían inventado el vídeo, y la única forma de recordar las películas era rodándolas en súper 8. Versiones light, cutres, en stop motion la mayoría, y protagonizadas por airgamboys. Pero lo divertido era proyectarlas a los muñecos en grandes salas de cine hechas con libros. Supongo que ahí se fusionaba cine y literatura, sin saber todavía que marcarían nuestros destinos.

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