Juan Madrid: “El 90% de los escritores son lacayos del sistema”

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Por José Antequera. Foto: Efe. Jueves, 3 de julio de 2014

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Entrevista

Juan Madrid (Málaga, 1947) uno de los padres de la nueva novela negra española, no deja de observar la España convulsa y decadente de hoy con el ojo avezado de uno de sus policías o detectives. Licenciado en Historia Contemporánea por la Universidad de Salamanca, trabajó en varios oficios hasta desembocar en el periodismo en 1973. Ha sido redactor en revistas como Cambio 16, además de escribir numerosos reportajes en revistas nacionales e internacionales. Desde su primera novela, Un beso de amigo (1980), ha firmado más de cuarenta obras, entre novelas, cuentos, ensayos y reportajes, y tras esa larga y prolífica trayectoria se ha ganado a pulso un lugar en el olimpo de los grandes. Algunos de sus títulos se han llevado al cine y a la televisión y su obra ha sido traducida a dieciséis lenguas. Luchador de izquierdas, gran conversador, azote del sistema, cree que el mercado literario está sobresaturado. “El capitalismo tiene la virtud de convertirlo todo en mercancía. Los hombres y las mujeres son mercancía”, asegura a nuestra revista.

La España de hoy, en sí misma, es una gran novela policíaca. Bárcenas, Urdangarín, Blesa, Matas… Con este caldo de cultivo tendrían que salir escritores de novela negra como setas y sin embargo parece que en este país solo se escribe novela histórica…

No creo que un novelista policíaco esté hecho de una madera diferente de los que no lo son. El problema es cómo te enfrentas a la realidad, al material novelable. En eso estriba la diferencia entre escritores: su punto de vista.

En general, ¿qué opinas de la literatura que se hace hoy en España? ¿Cuáles son los autores que realmente te interesan?

El capitalismo tiene la virtud de convertirlo todo en mercancía. Los hombres y las mujeres son mercancías. La literatura es mercancía y las editoriales venden esa mercancía con la finalidad de ganar dinero. La industria editorial es poderosa y concentrada en muy pocas manos. Hay un problema de superproducción literaria, lo mismo que hubo con las casas o con los yogures. Me interesan bastantes escritores vivos. Los reputados como famosos y en candelero, no tanto. La novela es lo que produce el novelista, el producto de su trabajo y su saber. Curiosamente, no es dueño de él.

Hay muchos escritores en las librerías pero pocos realmente comprometidos; quizá uno de ellos sea Rafael Chirbes que, como tú, habla de corrupción urbanística, del poder que tiene el dinero para pudrirlo todo. ¿Qué opinión te merece?

Rafa Chirbes fue compañero mío de facultad. Un día me dijo que le importaba poco las tramas o la construcción de la curva del interés. Yo opino lo contrario. Me gusta Chirbes. Me gustan los escritores honrados que saben quiénes son y a dónde van.

Vázquez Montalbán, Eduardo Mendoza, Andreu Martín, González Ledesma y tantos otros, entre los que tú te encuentras, renovasteis el género durante la Transición. ¿Crees que el legado literario de vuestra generación es aprovechado por los escritores jóvenes de ahora?

Todo escritor tiene la historia general de la literatura para superarla, si quiere y puede. Detrás de cada novela que se escribe en el mundo revolotean, como águilas o como buitres, otras novelas que ya se escribieron. Así fue y así es. Desconozco lo que hacen los jóvenes escritores, solo sé lo que escriben. Allá ellos.

Vosotros veníais de sufrir el franquismo en vuestras propias carnes, había un enemigo común contra el que luchar, un poso de valores y mucha conciencia política. ¿Qué te parece que hoy se escriba desde el descreimiento de todo, desde posiciones cínicas que son las que triunfan?

Generalizas mucho. El noventa por ciento de los escritores son lacayos del sistema, hayan corrido delante o detrás de los guardias. Tener conciencia política es otra cosa. Se nota en lo que uno hace… y en lo que uno escribe, no en lo que dice. Este régimen puede ser peor que el franquismo en el sentido que tiene mayor capacidad de engaño. Ahora son más listos.

¿Haría falta una novela negra sobre la Monarquía española?

Contar la verdad se convierte, aquí y ahora, en novela negra. La llaman así, pero yo creo que sólo hay una manera de escribir y consiste en contar, precisamente, la verdad.

¿Le ves futuro a Felipe VI?

Nunca manda nadie por casualidad, es el resultado de pactos y componendas complejas entre los dueños del poder. Quiero decir los dueños de la hacienda, la pistola y las palabras, que han decidido que cambien un poco las cosas para que nada cambie. El futuro de Felipe VI es nuestro futuro, del nivel de nuestra lucha por ser dueños de nuestros destinos.

Todo está cambiando a una velocidad de vértigo. Internet, las redes sociales y la globalización están transformando hasta la esencia misma del ser humano. ¿Te gusta el mundo que estamos creando?

¿Está cambiando el ser humano? ¿En qué? Por todas partes veo a los dueños del cotarro y a sus lacayos y al otro lado los que no tienen otra cosa que su trabajo o su capacidad para hacerlo. Dominadores por un lado y explotados por el otro. ¿Dónde has puesto el ojo?

Ejerciste de reportero durante buena parte de tu vida. ¿Qué queda del periodismo independiente?

Hay periodistas independientes, claro, y escritores, carpinteros, guardias… Pero hay que preguntarse, ¿independientes de qué? ¿Del sistema? ¿Piensan como sus amos? ¿Lo hacen como explotados que son? ¿Pueden hacerlo? ¿A qué coste? Las palabras tienen dueño, lo mismo que cualquier otra cosa… hasta el paisaje tiene dueño.

En tus novelas hablas de boxeo, pero el deporte que triunfa es el fútbol. ¿No haría falta una gran novela española sobre este tema que parece interesar a todo el mundo?

Me importa muy poco el boxeo, el fútbol y el futbolín. Lo que ocurrió fue que en mi primera novela eché mano de mis vivencias personales de chico de la calle. Eso fue en 1980 cuando cumplí 33 años. Practiqué boxeo a los 17 años, es decir, hace cincuenta años, mientras trabajaba de botones en una editorial y vendía puros en los cabarets los fines de semana.

El Mundial de Brasil está sirviendo para que miles de personas salgan de las favelas, se echen a la calle y denuncien la injusticia, los abusos, la corrupción. ¿Es ése el único camino que le queda a la gente, la revuelta popular, la lucha cuerpo a cuerpo contra el sistema mismo?

En Brasil no se echaron a la calle los de las favelas. Fueron otros, los que tenían determinado grado de conciencia política. ¿Hay otra posibilidad de lucha que no sea saliendo a la calle? Antes de contestar te digo que se debe acompañar de lucha ideológica y de todo tipo de lucha… y siempre es cuerpo a cuerpo, como el amor.

¿Te consideras un indignado?

No, estoy furioso y cabreado hasta los tuétanos.

Siempre escribiste desde posiciones de izquierda. ¿Tiene futuro el socialismo o ya está todo perdido?

Se lucha por el socialismo… esa es la utopía final, la lucha final. No hay otra lucha, el resto es coña y ganas de marear. El tren acabará en la Coruña, de momento vamos por el Escorial… pero todo se andará. Lo que uno hace, hasta en el periodismo, compañero, y en la literatura, en la vida doméstica, tiene que estar en esa óptica y en esa línea. Muchos granos de arena en la vida privada, en la pública…. granos y granos de arena sumando y sumando.

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