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En tenguerengue

Por Luis Sánchez. Domingo, 22 de mayo de 2022

Luis Sánchez

La eternidad reposa en el polvo del camino, y el olvido, en el polvo de las estrellas. No me gusta el rumbo que llevo; pero me gusta menos el rumbo que lleva este mundo. El reconocimiento afectivo del otro, más que la autoafirmación.

Si está duro y salado, es pelícano (no es pollo). Come y traga. Autoservicio: me sirvo yo y te ganas el salario de un empleado; cajero automático: trabajo yo y te ahorras un puesto de trabajo. Cajero automático: tecnología que se beneficia de una ciencia al servicio del capital. Pescadilla que se muerde la cola. Fish and cash.

Según el informe sobre democracia, de este año, elaborado por el Institute Varieties of Democracy (V-Dem), de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), el 70 % de la población mundial vive bajo dictaduras. En 2012, había 42 democracias; en 2022, quedan 34. Solo un 13 % de la población mundial vive en una democracia [liberal]. Pero hay más: según información de ACNUR, en 2020, más de 82 millones de personas abandonaron sus países para convertirse en refugiados. Y más, todavía: el botarate ultranacionalista Boris Johnson (el de las fiestas prohibidas en el número 10 de Downing Street durante el confinamiento por la pandemia) ha firmado un acuerdo con Ruanda para mandar a dicho país africano (que padece un exceso de población reclusa) a la mayoría de hombres menores de 40 años –sin considerar la nacionalidad– que intenten entrar de manera irregular en Gran Bretaña. Como similar antecedente, en asuntos migratorios, podemos citar el caso de Australia.

La ultraderecha gobierna en Polonia (Andrzej Duda), en Hungría (Viktor Orbán)… Y en Francia, el 42 % de los votos fueron para Marine Le Pen (elecciones del domingo, 24 de abril de 2022). La Revolución Francesa (1789), La Comuna de París (1871), las vanguardias artísticas (París, años 20 del siglo pasado), el Mayo francés (1968)… ¿Y ahora, qué?

A propósito, ¿por qué al cuerpo nacional de espías se le llama servicio de inteligencia? Si rechazamos que una persona controle, por celos, el móvil de su pareja, ¿por qué habríamos de permitir que un Gobierno espíe el móvil, sin una regulación ni garantías suficientes, de sus disidentes políticos? Uniformidad, pensamiento único, versión oficial, tendencia general… y el que se sale de plano, palo con él. ¿Y Julian Assange?

Seguimos con Europa. Dióxido de carbono y metano; atención: un cóctel explosivo. Las temperaturas medias ya están 2 ºC por encima de los niveles preindustriales (la media aritmética del periodo que va de 1850 a 1900). Y 2021, que ha sido uno de los más cálidos desde 1850, ha dejado un lamentable rastro: deshielo, inundaciones, aumento del nivel del mar, sequías, incendios, récord de temperaturas, cambios en los ecosistemas, impacto sobre la biodiversidad, mayor número e intensidad de fenómenos meteorológicos extremos (Filomena, medicanes…). O sea, que vamos de maravilla, porque el problema es global. El agotamiento de recursos, las catástrofes naturales, las enfermedades, las guerras y los regímenes dictatoriales fomentarán aún más los movimientos migratorios. Adivina quién va a hacer el trabajo sucio de contención de millones y millones de seres humanos. No esperes un colapso de película en plan hollywoodiense, esto es el gota a gota de cada día que te niegas a ver. La aparente diversidad de la moda, “viste como quieras”, contrasta con el pensamiento uniforme impuesto: parecemos uno y lo mismo; pero no somos nadie.

Vayamos, ahora, al artículo Las flores de esta ciudad no huelen a ‘na’, de Ana Iris Simón (El País, sábado 23 de abril de 2022): “En el documental Pasolini y la forma de la ciudad [1974, 17 min., de Paolo Brunatto], el cineasta reflexiona sobre cómo el fascismo, aunque lo intentó, no fue capaz de permear en el ser de la localidad de Sabaudia [provincia de Latina, región de Lacio, el ejemplo más patente de arquitectura de estilo fascista]. Pero ‘ahora, en cambio, sucede lo contrario. Ahora el régimen es democrático, pero la aculturación, la homogeneización que el fascismo no logró obtener para nada, la ha logrado perfectamente el poder de hoy, el de la sociedad de consumo. Ha destruido las realidades particulares, las distintas maneras de ser de los hombres. Esta aculturación está destruyendo Italia. Entonces, puedo decir que el verdadero fascismo es el de la sociedad de consumo”.

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