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Cruz y rayas

Por Luis Sánchez. Domingo, 10 de abril de 2022

Luis Sánchez

El sufrimiento nunca aparece solo, siempre llega acompañado del pasado.

¿Para qué sirve la poesía? Para escuchar el silencio, hablar de lo invisible y estrenar el mundo con cada mirada.

“Cuando todo el mundo se asustó con predicciones sobre el inminente desmoronamiento del sistema [crisis económica global de 2008] porque nadie aportaba capital a los bancos, la inyección masiva de liquidez la aportó el narcotráfico. Parece un chiste, pero fue real: los narcos salvaron el sistema capitalista”, palabras del ensayista belga Laurent de Sutter (44 años, y miembro del Colegio Internacional de Filosofía) que encontramos en Drogas al servicio del capitalismo, artículo de Noelia Ramírez en el diario El País del sábado 26 de marzo de 2022. Que el dinero de la droga rescatara al sistema bancario –habla Ramírez– es un hecho que ya denunció la ONU en 2009. De Sutter también culpa a la cultura de la autoayuda de la deriva narcótica de la sociedad. “El ideal de la felicidad que tantos libros vende, esa necesidad de retener al yo y de llevarlo por el buen camino, es lo que nos ha llevado hasta aquí”. Un ansia de perfección –sigue Ramírez– que explosionó en el siglo XX en el que se estandarizó la ingesta de antidepresivos, drogas evasoras y esa idea de control de la masa. “Desde esos soldados alemanes drogados en sus tanques para fomentar su agresividad en la Segunda Guerra Mundial hasta los trabajadores de la Bolsa puestos hasta las cejas de cocaína para soportar las exigencias del mercado, hemos conseguido engañar a ese cuerpo que nos dice: ‘Por favor, para’, y así seguir sosteniendo el sistema”, sentencia De Sutter. El citado artículo viene a cuento de Narcohumanismo, la interesante exposición en el Bòlit (centro de arte contemporáneo de Girona), donde se indaga en la relación de la ‘sociedad de la anestesia’ con las exigencias del sistema neoliberal. Hasta el 22 de mayo.

¡Oligarcas de todo el mundo: no os preocupéis, la mafia y la ultraderecha siempre estarán ahí para echaros una mano!

En efecto, ni siquiera la muerte nos iguala a todos. El imponente actor francés Alain Delon (amigo de Jean-Marie Le Pen), de 86 años, solicita el suicidio asistido en Suiza (tiene doble nacionalidad). Le aplicarán pentobarbital sódico. Dulces sueños.

Veamos, ahora, la escenificación del derrumbe del imperio americano:

En el ámbito político, el asalto al Capitolio de Washington por una muchedumbre ultraderechista seguidora de Donald Trump. Enero de 2021.

En el ámbito militar, la patética retirada de las tropas de Afganistán. De mayo a agosto de 2021.

En el ámbito del espectáculo, la bofetada del actor Will Smith a Chris Rock, presentador de la gala de los Oscar. Marzo de 2022.

Escuchemos, como contrapunto, las palabras del sociólogo y antropólogo francés David Le Breton (1953). Entrevista de Marc Bassets, en el diario El País, 1 de abril de 2022:

  1. ¿Caminar es un acto político?
  2. Sí. Pero no en el sentido trivial de los políticos, sino en el sentido de Aristóteles, el sentido etimológico de la polis, la ciudad, la ciudadanía. En el hiperindividualismo de nuestras sociedades contemporáneas, caminar es ir al encuentro de los demás, reencontrar formas de civilidad. Cuando en los senderos nos cruzamos con otros caminantes, intercambiamos sonrisas y saludos, o informaciones sobre la dificultad del sendero o sobre un albergue donde se come de maravilla. Nos sentamos a la mesa con personas de quienes ignoramos todo. Y es lo que me gusta en la marcha. No hay que rendir cuentas a nadie. Esta especie de anonimato… Esta desaparición feliz de uno mismo…
  3. Caminar la vida, titula el libro [último publicado]. ¿Caminar cambia la vida?
  4. Siempre. Pero el título tiene varios sentidos. En vez de correr sin parar detrás de una vida que se nos escapa, tomémonos el tiempo de caminar. Caminar es una manera simple de vivir, un paréntesis feliz en la existencia. Durante un paseo simplemente: una o dos horas. O durante una marcha de uno o varios días por lugares que nos hacen soñar. Son formas de reconciliación con el mundo, y de sosiego. Caminar es sentirse vivo, y feliz de vivir.

Volvamos a la pregunta inicial. ¿Para qué sirve la poesía? Para mirar las estrellas sin necesidad de contarlas.

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