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Camino abierto

Por Luis Sánchez. Sábado, 23 de abril de 2022

Luis Sánchez

¿Lo que nos humaniza es la razón o los sentimientos? Si lo dices, pero no lo sientes, entonces, no vale (pregúntale al artista). Entronizamos la razón a cambio de relegar la querencia. Producimos una ciencia parcial y fragmentada en especialidades, desgajada de cuanto le rodea; la inteligencia por sí sola no basta, necesita vincularse a otras cualidades y buscar la integración. Hoy, gracias a los medios de comunicación de masas y a las redes sociales, se tritura el conocimiento hasta convertirlo en mera información (una realidad simple, tendenciosa e infantilizada). Frente al discurso de la globalización económica, un pensamiento holístico, que hable de la humanidad y de la naturaleza, porque el planeta nos sostiene y nos envuelve.

La antropología nos define como homo sapiens sapiens. Es decir, dos veces inteligente (definición, a todas luces, sospechosa y elitista; menuda arrogancia). Muy bien, pasemos al refranero popular: dime de lo que presumes y te diré de lo que careces. Pero… ¿qué nos define como humanos: saber más cosas o causar el menor daño posible? Los bonobos, por ejemplo, nos dan una extraordinaria lección de vida: emplean las relaciones sexuales como manera de resolver los conflictos. Más clítoris y menos teclas.

El homo sapiens sapiens presume de fabricar casas inteligentes, teléfonos inteligentes, coches inteligentes e incluso –extraña paradoja– bombas inteligentes; pero lo consigue a cambio de agotar los recursos naturales, contaminar el planeta y fomentar las diferencias sociales. Y así, va convirtiendo la vida en una subasta de franjas horarias. Además, instituye el pensamiento único: maniqueísmo: o estás conmigo o estás contra mí (belicismo), no hay término medio (mediación); mundo dual, lógica binaria: verdadero o falso, entre ambos, ya no hay hueco para la duda, solo queda el aturdimiento fruto de las paparruchas. Y también instituye el discurso políticamente correcto (hipocresía y censura), ya que, interesadamente, enmarca el objeto de conocimiento en un espacio acotado del que no debes salir. Funcionó con las vacunas para la covid-19 y está funcionando con la guerra de Ucrania –por cierto, ya no hay pandemia, la guerra acabó con ella–: el pragmatismo del negocio y de la propaganda se imponen al análisis diacrónico y a la crítica contextual. Falta un debate público plural, solo hay ruido mediático e impacto visual. No vemos más allá de nuestras ilusas pantallas. Un ejemplo: según Migrantes Desaparecidos, agencia de las Naciones Unidas, en el año 2021, la llamada ruta canaria (vía migratoria entre el continente africano y las islas Canarias) se cobró 1.109 víctimas (3 diarias). Casos como este, ya los hemos asumido moralmente: están normalizados; un emoticono de “me entristece” y a otra cosa, mariposa.

Vayamos, ahora, al artículo de la periodista, escritora y documentalista brasileña Eliane Brum (1966) titulado El futuro de la especie, en manos de uno de sus peores especímenes, publicado en el diario El País el 6 de abril de 2022: “En el pasado, Brasil era visto como el país del futuro. Hoy, Brasil se ha convertido en el país que puede hacer que la humanidad no tenga futuro”. Recordemos que solo quedan tres años para controlar el calentamiento global, y que la selva amazónica es de vital importancia para la regulación del clima y la absorción del carbono. “Dada la velocidad con la que Bolsonaro y su Gobierno destruyen la Amazonia, es posible que en 2025 la selva ya sea pasado”. Como ya se ha devastado el 20% de terreno virgen, cuando se haya destruido entre el 20% y el 25%, es muy probable que alcancemos el fatídico punto sin retorno: estamos jugando con fuego (incendios incluidos). “Desde la redemocratización del país, todos los presidentes que terminaron su primer mandato fueron reelegidos. En este momento, Luiz Inácio Lula da Silva sigue liderando los sondeos, pero la diferencia entre los dos ya ha empezado a reducirse. Que la victoria de Viktor Orbán en Hungría sirva de alerta: cuanto más dudan las democracias, más avanza la extrema derecha fascista. Si Bolsonaro sale reelegido, la Amazonia será borrada del mapa mundial. La guerra climática no es atómica, pero tiene poder para condenar a la humanidad a la extinción”.

En la intervención telemática de Volodímir Zelenski en el parlamento griego (jueves 7 de abril) apareció junto a dos neonazis del Batallón Azov. No hay futuro sin cita previa.

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