Antonio Jorge Meroño, Número 98
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El perfume de las flores de noche

Por Antonio J. Meroño. Sábado, 19 de marzo de 2022

Antonio J. Meroño

Leila Slimani es una autora de origen magrebí relativamente joven, nacida en Rabat en 1981 en una familia bastante acomodada, pues su padre era presidente de un importante banco (luego volveremos sobre esto). Al acabar el Liceo se traslada a París para ser escritora y de paso para escapar de un país donde la mujer no tiene libertad. Ella tuvo una infancia idílica, con unos padres liberales y hasta con parte occidental en su familia, pues su abuela materna era alsaciana.

Su carrera literaria en Francia pronto da frutos, consiguiendo nada menos que el premio Gouncourt en 2016 con Canción dulce. Un día, antes de la pandemia, recibe una oferta de su editora, pasar una noche en un museo de arte contemporáneo en Venecia y escribir un reportaje. Leila acepta, pese a que dice no tener mucha idea sobre el tema, pues para ella el arte y el teatro necesitan un conocimiento desde la infancia, conocimientos que ella no tuvo, al contrario que la literatura, con la que tuvo contacto desde muy niña comprando continuamente libros en una librería de viejo que había al salir de su Liceo.

Tras aterrizar en la ciudad de los canales y zamparse una cena pantagruélica entra en el museo y tras mirar su cama y echarse un rato víctima del empacho de la cena, comienza a recorrer las dependencias e instalaciones del museo y a hacer un repaso de su vida. Su padre era como dijimos presidente de un importante banco, pero fue acusado de corrupción en un caso que fue un gran escándalo en Marruecos, fue a la cárcel y al poco de salir enfermó gravemente y murió. Al cabo de un tiempo fue absuelto post mortem.

Esa noche en el museo a Leila le da pie para hacer un repaso de su vida, aún breve pero intensa. Desde niña se sentía una mujer liberada, quería escribir y se sentía asfixiada en un país como Marruecos. Su modelo parece ser Virginia Woolf, faro de tantas mujeres, sean escritoras o meras ciudadanas, siempre sometidas a nosotros, pese a que en muchos países las cosas están cambiando, por fortuna. Así, aparecen lecturas, su padre, cuya muerte tiene la sensación de que la liberó, sus pelis de Hollywood que veía de niña con sus padres y sus hermanas, el Liceo, que fue un oasis de conocimiento y libertad. Todo parecía para Leila confabularse desde muy pronto para que fuese escritora y libre y las dos cosas las ha conseguido.

El libro está muy bien redactado y bien traducido, es entrañable, se disfruta con su lectura y se alegra uno del buen resultado final de la peripecia de esta mujer, que aparece en las fotos como muy bella.

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