Humor Gráfico, Luis Sánchez, Luis Sánchez
1 comentario

Cuidados intensivos

Por Luis Sánchez. Sábado, 12 de marzo de 2022

Luis Sánchez

¿Qué fue antes el vagido o el abrazo?, ¿el llanto o el beso? ¿Qué surgió antes el temor o la confianza? Que le pregunten a Mario Puzo, el autor de El padrino, por su santa madre, o a Christina, hija mayor de Joan Crawford, por la suya santísima. Entre rabia y desesperación baila la vida su compás más altivo. ¡Ábate, luciérnaga!

Dejando a un lado a la feroz Medea, a Eurípides y a la mitología antigua, hay, en la literatura española, al menos, dos madres de armas tomar: la de La casa de Bernarda Alba, escrita en 1936, de Federico García Lorca, y la de La Regenta, publicada en los años 1884-85, de Leopoldo Alas ‘Clarín’. Nos ocuparemos de la primera, por motivos de escénica actualidad.

Veamos los que le cuenta la magnífica actriz Blanca Portillo (58 años) al periodista Jesús Ruiz Mantilla (diario El País, domingo, 20 de febrero de 2022), a propósito de la obra Silencio, dirigida por Juan Mayorga e interpretada por ella misma:

“Mayorga apostaba por la tirana [Bernarda Alba]; la intérprete [Blanca Portillo], en cambio, lo hacía por la madre [el otro rol de Bernarda]. No se ponían de acuerdo. ¿Solución? Mostrar las dos versiones. ‘Para mí, ella es una víctima más. No se trata de un monstruo con las palabras que utiliza Mayorga. Él habla de ella así: La enajenación de la tirana que nada ha aprendido, cuya intransigencia no cede ni ante la vista de su hija muerta. ‘¡No puede ser, Juan!’, le dije’. Para el autor [Mayorga], Bernarda Alba representa en sí la intransigencia, el yugo. Pero Portillo lo enmienda: ‘Ella no es la ley, está también sometida. Creo que esa es una versión demasiado masculina, con todo el respeto’. Madre es y como madre de cinco hijas con dos matrimonios, Bernarda ha conocido el amor y el sexo. Pero sobre todo ha sentido el instinto del cuidado”.

Vayamos por partes en asunto tan delicado:

  1. Apelar al cuidado que dispensa a sus hijas, para defender a Bernarda (o al menos, para dar una visión más humana de esta), es insuficiente y falaz, y no debe servir de justificación o de coartada. Te quiero tanto que te asfixio en el apretón; te quiero, pero de manera egoísta, pensando más en mí que en ti. Cuidar al otro implica respetar al otro; el otro no es un muñeco, es alguien al que atender.
  2. El punto de vista femenino (la función de los cuidados), en este caso concreto, no añade conocimiento, no ensancha el horizonte humano, no enseña, puesto que los cuidados de Bernarda oprimen, encadenan, mortifican. Conviene ceñirse al texto y evitar la proyección personal o la desviación de género.
  3. Renuncia: se impone el rol de madre sobre el rol de mujer. Pastora de almas. No basta con querer, hay que saber querer: entre pasión y razón; entre deber y libertad.
  4. Que Bernarda sea víctima de la ley no la exime de su responsabilidad (es también cómplice). Muchos hombres maltratadores sufrieron malos tratos en su infancia, por lo que reproducen el mecanismo aprendido, y, sin embargo, se les juzga por los daños originados (no por los que padecieron).
  5. Libertad y responsabilidad van siempre juntas. “Mira lo que me hicieron”, dice el sujeto pasivo. Y el filósofo Jean-Paul Sartre (huérfano de padre), más allá de la pena y de la autocompasión, te interpela: ¿y qué has hecho tú con lo que te hicieron?, ¿has aprendido algo?, ¿te has esforzado por superarlo?
  6. Hoy en día, el control del móvil de la pareja y los celos que manifiestan muchos jóvenes pasan, para ellos, por ser muestras de amor, cuando en realidad son muestras de posesión y de dominio. En una relación, la libertad de ambos es sagrada. Y espiar al otro es robarle una intimidad a la que no habías sido invitado.

    Hay una escena conmovedora de una película preciosa, de 2004, Roma, (un palíndromo: amor) del director mejicano Adolfo Aristarain. La madre (se llama Roma), que es viuda, le entrega un pasaje de avión a su hijo (al que quiere con locura), para que se venga a Europa y pueda convertirse en un buen escritor, puesto que en Argentina no consigue enderezarse (bohemia, amoríos, represión policial…). Ese pasaje lo ha comprado tras vender un piano familiar con el que da clases particulares. Ella conoce bien a su hijo y cree en él mientras que este anda bastante perdido; y por eso, para que llegue a fraguar como escritor y cumplir su destino le hace el regalo más hermoso: separarlo de sí misma, dándole alas propias. FIN.

 *****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter

1 Kommentare

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.