Humor Gráfico, Luis Sánchez
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Artefactos y artificios

Por Luis Sánchez. Domingo, 27 de marzo de 2022

Luis Sánchez

Rondan tiempos de miseria y de gloria. El amor que no traspasa el sardinel de la vivienda, se acaba extinguiendo entre el dormitorio y la cocina.

La recomendaba semanas atrás, y con mucho acierto, Ignacio Ramonet (entre otras cosas, director de la edición española de Le monde diplomatique). En la plataforma Netflix, ¡qué hermosura de película es Per el afortunado (2018), del danés Bille August (73 años)! Las vueltas del destino, el talento creativo, la progresión del alma y el orgullo como arma de doble filo (te salva; pero también te pierde). ¡Y lo que me ha enseñado, además de disfrutar viéndola! Esa doble función la convierte en un clásico, en un modelo de referencia, inmersos como estamos en una etapa histórica de descalabro de la moral humanista. El horror se mitiga con la belleza y el miedo, con el humor. Cuando el cielo aparece opacado, las estrellas las colocas tú.

Debo admitir mi desconocimiento: no había oído hablar de la humorista catalana Susi Caramelo (41 años). Extraigo un par de fragmentos de la entrevista que le hizo Natalia Marcos en El País, el jueves 3 de marzo de este año:

“¿Qué más he aprendido? [se pregunta Susi a mitad de la entrevista] Que se puede ganar mucho dinero haciendo algo que no tenía ni idea que se me daba bien”. Y finaliza la sesión con las siguientes palabras: “Yo lo que quiero es ganar mucho dinero en los próximos años haciendo lo que me gusta. Me gustaría tener un late night [¿recuerdas el de Pepe Navarro o el de Andreu Buenafuente?], no hace falta que sea de noche, a veces me veo haciendo un matinal de cachondeo, tipo Ana Rosa pero de cachondeo. Quiero hacer proyectos que me llenen y me permitan ser la persona que siempre he sido, y si puedo ganar mucho dinero para retirarme pronto y descansar, me encantaría. Porque tampoco te creas que me gusta mucho trabajar”.

Desde luego, se agradece el desparpajo y, sobre todo, la sinceridad de Susi. En primer lugar, lo que más me ha llamado la atención es el exacerbado tributo que le presta al dios dinero; hasta tres veces aparece el mismo deseo, la misma oración: “ganar mucho dinero”. No dinero suficiente para vivir dignamente, sino mucho dinero. Y mientras lo logras, ¿qué, te dejas la piel en el intento? Y el afán de superación, de aprender, ¿dónde queda?, ¿y esa satisfacción de hacerlo cada vez mejor? Ese debe ser el objetivo del artista, ese y no el de ganar mucho dinero. La ambición debe ser noble. El dinero (mucho dinero) es posesión y acaba cambiando a las personas. Además, ¿cuánto es mucho dinero?, porque uno se lía, se lía y nunca tiene bastante. En segundo lugar, el fiar todo a retirarse profesionalmente pronto para poder descansar. ¡Lo quiero todo, o el máximo, y lo quiero pronto, cuanto antes! Parece una carrera desenfrenada, al más puro estilo masculino. Hay una recomendación de oro: céntrate en el presente, camina firme y no confíes en un futuro incierto. El futuro incierto es: crisis económica, pandemia, guerra, migración, cambio climático… o un simple quiebro de la salud. Y en tercer lugar, esas pocas ganas de trabajar que declara. Pero, ¡bueno!, no estamos hablando de un trabajo alienante (humorista), sino creativo, es decir, gratificante. Por lo general (y mientras el cuerpo aguante), el artista quiere morir con las botas puestas. El artista realiza su trabajo, que es vocacional, y si gana dinero para vivir, mucho mejor (es lo que corresponde), y si no, lo sigue realizando igualmente (tiene una misión que cumplir en la vida). No me imagino yo a Kafka, por ejemplo, escribiendo sus novelas y pensando en la rentabilidad que podría sacarles. O al rompedor Lenny Bruce (humorista al que Bob Fosse le dedicó una formidable película en blanco y negro), calibrando las palabras más beneficiosas para su exiguo bolsillo. O eres o no eres: ahí radica la autenticidad.

Vayamos, ahora, al informe de Comisiones Obreras, con fecha 11 de marzo de 2022, titulado Precios, rentas del trabajo y pobreza, y que empieza así: “El crecimiento de los precios vuelve a acelerarse y alcanza el 7,6 % interanual en febrero, su nivel más alto desde diciembre de 1986”. Pues ahí vamos, señora Botín, doña Ana, bajando unos grados el horno de la cocina, para sacar las castañas del fuego.

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