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Rumbo a la desconocido

Por Luis Sánchez. Domingo, 13 de febrero de 2022

Luis Sánchez

Una cosa es el hambre y otra el apetito, la explosión de sabores, o la gula. Un indicador mundial: pobre es quien no llega a 5,5 dólares al día (4,86 euros).

El insultante beneficio económico genera nuevas formas de explotación, nuevos mecanismos de control, hasta el punto de marcar el rumbo por el que debemos marchar. El capital privado se impone con apabullante irresponsabilidad. El exceso de liquidez, fruto de la especulación, se torna caprichoso y perverso. Solo tres ejemplos embrionarios: la nueva aventura espacial (turismo lunar y caza de meteoritos), las criptomonedas (activos digitales: bitcoin, ethereum, litecoin, bitcoin cash, entre otras muchas) y el mercado de NFT (en castellano, tokens no fungibles; es decir, activos financieros digitales únicos), que abarca campos tan diversos como arte, videojuegos, coleccionismo, el metauniverso…

El neoliberalismo nunca mira atrás (origen del capital), no sea que se asuste (“el dinero huele el miedo”). Por eso –en un alarde de masculinidad– busca puertas falsas: hacia afuera (paraísos fiscales, aventura espacial) y/o hacia adentro (mundo virtual); todo, menos centrarse en lo humano fundamental; todo, menos enfrentarse a los problemas que origina en el mundo real (desigualdades sociales y destrucción del planeta); todo, menos ajustarse a unas normas (la desregularización del mercado empezó en la década de los 80 del siglo pasado, con Ronald Reagan y Margaret Thatcher a la cabeza); todo, menos limitar el escandaloso beneficio. Las crisis económicas –recordémoslo– llegan por el exceso (no por la falta) de producción, ¡divina soberbia! Estamos para lo que estamos: para solucionar los graves problemas que nos acechan y no para distraernos con aventuritas marcianas y un nuevo Monopoly (esta vez, digital). Atención: un fusil enterrado; un árbol plantado.

El mundo se desmorona, sí (fomento de la distopía); mas no os preocupéis, porque estamos creando un rico y complejo mundo paralelo, al que podréis acceder si tenéis la contraseña (siempre en clave económica).

Pasemos, ahora, a la entrevista que le hace Berna González Harbour al polémico filósofo alemán Peter Sloterdijk (ateo, de 75 años) en el diario El País, el domingo 30 de enero:

“PREGUNTA. ¿Podemos salvar el planeta?

“RESPUESTA. No. Nadie puede salvar el planeta porque el planeta no necesita un salvador. Es la civilización humana la que necesita nuevas políticas que hagan la vida humana sostenible en los próximos 20 o 100 años. No sabemos si esto es posible, hay una gran contradicción entre los imperativos de nuestra forma de vida y los imperativos de la gestión del clima. Deberíamos prepararnos para tiempos duros y especialmente los que viven esa forma de vida moderna, el consumo, la movilidad, los viajes, el lujo, el turismo, las ropas, y no quieren renunciar a ella”.

Ni pesimismo ni alarmismo, simple realismo, como añade Sloterdijk en la siguiente respuesta. Y continuando por la senda realista, llegamos a donde no queremos llegar (¡pero hay que llegar!), a ese punto sin retorno: o bien colaboramos, repartiendo obligaciones y recursos o bien continuamos como hasta ahora, introduciendo leves cambios. Como no hay muestras de sensatez y responsabilidad, todo parece indicar que seguiremos poniendo pequeños parches y haciendo tibias reformas, lo que pasa, inevitablemente, por un genocidio pasivo: la desaparición de millones y millones de seres humanos (los recursos son limitados y no habrá para todos).

En estos momentos de pandemia (y de obediencia), ya no es el género negro el que está en boga, sino otro muy prometedor, el apocalíptico: parece que nos quieren convencer de que lo que se nos viene encima es inevitable, y así hemos de aceptarlo, como algo lógico y natural, sin exigencias, sin lucha, sin resistencia, es decir, renunciando a los derechos humanos; el temor hace el resto. Pero no nos pongamos en modo halicarnaso, que aún quedan buenas noticias, ahora que cerramos el ejercicio fiscal: las ventas de iPhone disparan un 20% el beneficio de Apple; H&M multiplica casi por nueve sus ganancias anuales; el BBVA gana un 256,60% más que en 2020; Scalpers aumenta sus ingresos un 52%, etcétera, etcétera.

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