Número 98
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El fin de la muerte: la guerra del amo

Plaza de la Independencia de Kiev, Ilustración de Pedro Cano Beltrán.

Plaza de la Independencia de Kiev. Ilustración: Pedro Cano Beltrán.

Por José Romero. Domingo, 27 de febrero de 2022

José Romero

Seré claro, conciso y poco prolijo. Vivimos en el mejor de los mundos que ha existido hasta ahora, el espíritu del hombre se reconoce por vez primera libre para sí mismo, y la libertad de la Ley ha conseguido su Imperio de la Razón en el que nosotros somos reconocidos como un yo particular libre, soberano e integrado en un Estado de Derecho civil.

Nunca en la Historia habíamos realizado la libertad de tal manera como en nuestros tiempos. La Unión Europea es el Imperio de la Razón, la satisfacción tras el duelo de la guerra. El último de los mundos parecía que se hubiera instaurado, en donde el humano se había reconciliado consigo mismo haciendo ley universal de su principio de libertad inherente. De la guerra nació la paz y con ella el Mundo apacible del vencedor, en el que nosotros somos hombres sin amos reconocidos, mónadas de una homogeneidad democratizada que desea ser eternamente. Sin embargo, la comodidad socialdemócrata es débil cuando nosotros los acomodados creemos que existe por sí misma y es algo dado sin mediación de una lucha y una guerra, en vez de como realmente es: una razón instaurada por la muerte.

Del mismo modo cayó la Grecia de Pericles. El mundo ateniense se había vuelto un mundo de amos dedicados al disfrute de la paz mediada por la lucha. La democracia fue producto de su conciencia satisfecha y pacificada.

Justo hoy nos llegan las noticias de que el Tirano por fin ha atacado a su enemigo. Las fuerzas militares rusas han sido desplegadas en un ataque relámpago por buena parte de Ucrania, anexionando el Donbas y marchando firmes hacia Kiev. El objetivo dice ser “desmilitarizar y desnazificar” Ucrania, vengar a la población rusa del “genocidio” ucraniano. Sin embargo, los fines del Tirano son tan contradictorios como sus ambigüedades. Pretender vengar a su pueblo de uno que sufrió el Holodomor, perdiendo desde entonces la legitimidad rusa en la zona.

Sin embargo estos son hechos concretos, y una guerra en su universalidad supera con creces una cuestión particular entre dos pueblos igual de desgraciados. Afirman que Putin es un estoico o un nihilista, pero estas son formas de la conciencia nuestra, los que trabajamos para ser libres. Putin es un Amo, vive una vida de salones, lecturas, pianos de salón; solamente abandona su burbuja esotérica del pensar puro cuando actúa sobre lo real en la Sociedad y el Estado. El Tirano piensa que el Estado está sumido en su voluntad particular, y hace creer a los demás que esta particularidad es general.

Decía el gran teórico de la Unión Europea -Alexandre Kojève- que vivimos en los tiempos del fin de la Historia. La Historia es el proceso negativo -piensa Hegel- del humano que desea satisfacer su deseo de libertad. Esta Historia da lugar a la confrontación entre opuestos, dos personas singulares que desean ser reconocidos y luchan entre sí anulándose. Sin embargo, para ser reconocido el otro debe quedar vivo -aunque esclavo-. La muerte es, no obstante, la pulsión que alimenta la dialéctica junto con el deseo de libertad. El Tirano desea imponer su razón sobre el otro, y para ello mata. La muerte no es sino un estado inferior del diálogo entre sujetos libres.

En nuestros tiempos, en los que el deseo ha sido alcanzado y todo lo particular ha sido reconocido por lo universal, la muerte pierde su necesidad en la guerra. Entonces el asesino profesional que es el soldado se desvela como asesino, el amo como tirano, y la guerra de señores como barbarie carnicera. La historia se acabó significa que la batalla llegó a su fin, el rey ha sido tomado por la reina. El Tirano que esto no conoce ha osado seguir jugando la partida. No comprende, por su naturaleza de Amo, que si el deseo de universalidad ha sido realizado, solo mediante la extinción total podrá ser reconocido, pero tampoco lo será, porque no habrá nadie vivo, porque “la verdad del amo es el esclavo”, y el siervo ya no es siervo sino ciudadano. Putin ha osado poner en jaque junto con el resto de barones del Mundo del salón al Imperio de la Razón. Han creído que la muerte tiene cabida en nuestros tiempos, no conocen que la auténtica guerra acabó, que el espíritu se reconcilió consigo mismo y que el Imperio de la Razón acabará anexionando la totalidad de lo real, incluida Rusia.

El proyecto de la muerte no tiene sino el único destino del fracaso. La muerte murió en el mismo instante en que los tanques soviéticos llegaban a Berlín y el Tirano se volaba los sesos. Como la Historia que ha alcanzado su libertad, sus contradicciones del desarrollo mueren y alcanzan su fin, la muerte no era sino un medio primitivo para alcanzar esto. Como Putin, nosotros también tenemos nuestros salones y nuestros pianos, todos podemos ser el Tirano, hasta en Rusia el título de Tirano ha sido democratizado. Sin embargo, nosotros tenemos conciencia de lo que los amos no tienen, de que el mundo no desea un retroceso ni un orden de la muerte pasado por otra guerra mundial deshumanizante, que el hombre no desea sino lo que ha conseguido para siempre. No merecemos pues la muerte sino la dicha eterna plena en encantos, merecemos gozar de esta nuestra satisfacción porque es nuestra propiedad, hija del Imperio de la Razón.

Hoy tomamos conciencia nuevamente de que la muerte tuvo un fin y que esta guerra es una comedia trágica cuyo fin no puede ser sino la desgracia y la inevitable frustración del Tirano.

Tomamos conciencia de que la guerra ya no existe para el espíritu y que la muerte ha sido superada por la infinita benevolencia de la satisfacción.

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