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A pie de calle

Por Luis Sánchez. Lunes, 3 de enero de 2022

Luis Sánchez

Cuando un problema o situación sobrepasa a las clases dirigentes, se sacuden el bulto de encima y apelan a la responsabilidad individual. Recurso típico, por cierto, del modelo capitalista neoliberal: el individuo lo es todo (y la libertad individual, pregonan con ahínco, garantía de la libertad social). ¿Que el tabaco le perjudica?, ¿y para qué fuma? ¿Que no le llega para comprar un filete de ternera?, ¡compre un par de berenjenas, que son muy ricas! ¿Que la televisión escupe bazofia?, pues no vea la maldita televisión. ¿Que no puede ir al dentista?, ¡no vaya, y en paz, eso que se ahorra! ¿Que el recibo de la luz anda por las nubes?, pues ponga los pies en tierra. Usted haga vida normal, y no se preocupe. Y si hay que reinventarse, pues uno se reinventa, ¡y ya está! Seamos positivos, ¿eh?

Ahí vamos: que el humo de la fábrica no te impida ver el incendio del bosque.

En uno de los últimos artículos del excelente escritor Javier Marías, Inmortal idilio, publicado en El País Semanal, nº 2.359, el domingo 12 de diciembre de 2021, leemos:

“Podemos y PSOE se niegan a que Franco muera del todo, no se sabe si porque lo necesitan para sus propagandas o porque carecen de imaginación y repiten el mismo espectáculo cada pocos meses. […] No cabe la menor duda de que los actuales PSOE y Podemos ­–junto con Vox– mantienen un inmortal idilio con Franco. Sigan, sigan, y ya verán. Porque quien no lo mantiene, a buen seguro, es la sociedad española: unos no saben ni quién fue y a otros les importa ya un bledo… desde 1976 más o menos”.

Un breve paréntesis: es harto frecuente encontrar, en los artículos de Javier (un liberal conservador), un final parecido: no lo puede evitar y arremete, sobre todo, contra Podemos (o contra Ada Colau, a la que tampoco quiere ver ni en pintura).

Resulta curioso, porque también algunos seguidores de la ultraderecha (Falange, sin ir más lejos) culpan al actual gobierno de coalición (PSOE y Unidas Podemos) de avivar la llama del franquismo, como si no quedaran todavía vivos rescoldos, y como si no hubiera resurgido el fascismo en medio mundo (desde Trump hasta Salvini, pasando por Bolsonaro). Claro, que hoy en día el fascismo ya no es militarista, sino mediático y, por tanto, más sutil.

Y me viene ahora a la memoria, ahora que por sensatez del pueblo soberano ha ganado el socialdemócrata Gabriel Boric (y no el ultraconservador José Antonio Kast) en las elecciones generales de Chile, me viene a la memoria –digo– unas declaraciones del admirable cineasta Patricio Guzmán (Santiago, 1941) que pillé al vuelo, hace poco, en una entrevista que le estaban haciendo por la televisión pública. Decía algo así como que los terribles efectos de una dictadura militar (tipo Pinochet o Franco) duraban varias generaciones, un periodo aproximado de 80 años (sabe muy bien de qué habla, puesto que sufrió la represión y el exilio). Desde aquí, recomendamos sus documentales.

Hace pocos meses firmé una petición (la consideré necesaria), a través de Change.org, encabezada por un grupo de profesores que pedían que se cambiase el contenido de los libros de historia, ya que se seguía hablando muy poco y mal de lo ocurrido en 1936. Impresentable es la postura neutral (o equidistante, como diríamos ahora) de los libros de Ciencias Sociales (4º curso de la ESO) y de Historia de España (2º curso de bachillerato) respecto a la Guerra Civil. Expresiones como “guerra fratricida” o “responsabilidad de ambos lados” no ayudan a explicar, ni mucho menos a entender, lo que en realidad ocurrió: un golpe de Estado contra un régimen legalmente constituido, una guerra civil que duró tres años, 40 años de dictadura militar (represión y corrupción, a partes iguales)… y miles de cadáveres enterrados en cunetas, barrancos y fosas comunes que aún hoy (80 años después) esperan ser rescatados para recibir, por fin, el merecido descanso. Arrastramos, pues, una asignatura pendiente y si no la aprobamos, repetimos. La indigestión continúa.

Una Transición política hecha de retales, con unos franquistas que, cómodamente, cambiaron de chaqueta para conservar el control económico. Un rey emérito (impuesto por el dictador) que es vergüenza nacional, una oposición política autoritaria y marrullera (el PP), una cúpula judicial llena de carcamales… Hasta el huso horario huele a Franco.

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