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Cambios y recambios

Por Luis Sánchez. Domingo, 11 de diciembre de 2021

Luis Sánchez

No es que me vaya quedando atrás, que también, sino que la velocidad ambiente es cada vez mayor. Se impone la razón instintiva. La velocidad, un concepto masculino (ser el primero, llegar antes, batir una marca, batirse el cobre…). Aviones hipersónicos, tecnología de quinta generación (5G), y en nada, ordenadores cuánticos. Las grandes decisiones ya no las toman los humanos, sino las máquinas (el algoritmo brilla con cara de perro).

Si la base del sistema capitalista –libre competencia– es la explotación del hombre por el hombre, con mayor motivo se da la explotación de la mujer por el hombre. Todo lo que pilla la máquina productiva lo tritura; después, lo exprime y, finalmente, te lo vende (o te lo alquila). Acumulación de capital en pocas manos, a la que se le añade la acumulación digital. Dinero, deuda; información, datos…, ¡qué más da! División del trabajo; seguimos: divide y venderás. Le damos al play…, ¡el consumo es progreso!

Ya no hago planes: me atengo a los pequeños tropiezos cotidianos. El futuro cabe en el bolsillo del pantalón de un payaso (la pelusilla es la propina). Y esa lágrima que se resiste en la desnudez de un sufrimiento sin espejo. Solo la belleza puede convertir la angustia interior en un paisaje por explorar: un toque mágico que te aleja del vértigo de la nada y te acerca a la vida. Es la acción la que te libera de tanta desdicha: alarga la mano y saldrás del pozo del olvido y de las ausencias. No abras la boca para gastar saliva, solo para atar nudos de sábana y llevar la lengua seca hasta el silencio del rocío. No has llegado hasta aquí para recibir parabienes, sino para escupir el veneno común a todos los mortales. Mas no nos pongamos ni delicados ni fantásticos, que aún no ha aparecido el Príncipe Rana.

Los grandes problemas del conocimiento se resuelven con el pan nuestro de cada día. Hay tres verdades que me limpian el corazón: un estómago lleno, una vivienda digna y una educación para desarrollarse como ser humano. En caso de duda, distracción o cansancio, consulte con su asesor (o en su defecto, con su verdugo).

Este mundo se acaba… cada día un poco más. ¿Y después…? Lo más divertido: entre el campo de experimentación y el parque de atracciones, una población que ha sido diezmada usa y desusa los bienes a su alcance. El planeta, convertido en un laboratorio. La vida, al precio que sea (aunque sea de contrabando); pero la vida perdió ya la ocasión de descubrir otra verdad fuera del marco establecido. La pantalla encuadra la realidad.

¿El arte?, ¿la pintura? Inmersión cognitiva: experiencia única; nada queda ya fuera del espacio sensorial. Paredes, suelo… Colores, luces, sonido… De tal manera es hechizada la imaginación, que luego ya no urge contemplar el lienzo original… de Gustav Klimt, de Van Gogh, de Picasso… ¿qué más da? Y para rematar el impacto, publicidad invasiva: en la calle, gigantescos paneles electrónicos en 3D anuncian la última novedad.

Toda verdad es interesada. Razón y poder. Y lo que dice la ciencia va a misa: la ciencia, convertida en una nueva teología (cientifismo); fuera de la ciencia todo es conspiración, herejía o radicalismo. La línea de investigación (una, y no más, santo Tomás) sigue el rastro del dinero (huele el beneficio). El entramado empresarial ilumina la rica ciencia, que desemboca en tentáculos tecnológicos (viscosos y adictivos). No promocionan una ciencia social, que atienda las necesidades, sino una ciencia elitista, que alimente el negocio. La salud, como supremo valor de cambio; opacidad informativa, patentes comerciales y control ciudadano. Ya no hay pensamiento crítico, ni debate ni alternativas; se impone la postura más práctica ante hechos consumados: son las condiciones del oligopolio farmacéutico. La primera medicina: la biodiversidad. No peligra la ciencia, sino la filosofía.

Para finalizar, corto a navaja la siguiente noticia (Madrid, 30 de noviembre de 2021, Europa Press): “Nuevos xenobots o robots vivientes diseñados por Inteligencia Artificial revelan una forma completamente nueva de autorreplicación biológica. Hechos de células de rana, estos organismos diseñados por computadora reúnen células individuales dentro de una ‘boca’ en forma de Pac-Man y liberan ‘bebés’ de Xenobot que se ven y se mueven como ellos mismos. Luego, la descendencia va y hace lo mismo, una y otra vez”. ¿Y el Príncipe?

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