Humor Gráfico, Luis Sánchez, Luis Sánchez, Número 98, Opinión
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Contradicciones del devenir

Por Luis Sánchez. Domingo, 14 de noviembre de 2021

Luis Sánchez

La persona a la que estás llamando no está disponible. En cuanto lo esté, le mandamos un mensaje diciéndole que has llamado. Gracias.

La culpa es una deuda no pagada. El perdón es la renuncia a la venganza. La libertad es el espacio de entendimiento entre el otro y tú. La dignidad es ausencia de humillación. Y la democracia es poder decidir sobre lo esencial. Lo que yo quiero también lo quiero para ti: eso es ser de izquierdas (derechos, y no privilegios).

La muerte te saca ventaja; por eso la muerte te da vida. El presente, que nace y muere a cada instante. No necesitas mirarte al espejo para contar quién eres; con el aliento de tu voz interior es suficiente. Ahí habla un escritor. Y, ahora, alarga la mano… No hay mejor papel que la piel humana (y no hablo de tatuajes, sino de caricias que sofocan palabras).

Eso sí, no caigamos en la trampa del sentimentalismo ni de la tierna intimidad: más que empatía, ¡justicia!; más que resiliencia, ¡trabajo! El precio de la vivienda se dispara, en comparación con los sueldos. La política, como vocación y no como profesión. En la tapia de una antigua fábrica, leemos… Primero, la revolución; después, el botellón.

“Todo efecto tiene su causa”. Pero ya no hay causas, ni principios. Por una corrupción sostenible: han devorado los ideales, ahora lo que cotiza es la catástrofe. Agujero negro: el universo, pixelado entre cuatro paredes. La cima pelada del progreso humano.

Transición ecológica: escucha este pedo y píntalo de verde. ¡Levanta, que el mundo se hace encima! En la muerte ya solo piensan, como vano disfraz, las compañías aseguradoras y la industria de armamento. Y tú, en tu vulgar agonía, te sientes solo y no sabes muy bien cómo dar el último paso, porque cada uno muere a su modo, como puede, pero a ti, especialmente a ti, te faltan cuatro palabras, esas palabras justas para pedir una mano que te acompañe… Que el plástico te sea leve.

¡Piedra, papel o tijera! ¡Bota, porrón o botijo! ¡A merendar, chicos…! Una barrita energética: ¡petróleo, gas y carbón! Escasez de recursos y aumento de precios. Tanto es así que el coste de la pobreza ha subido; pero tranquilos, porque hay más pobreza que repartir. El beneficio privado ni tocarlo; la riqueza es lo que tiene, que es exclusiva. Y ahí vamos: rodando hacia la hecatombe, refocilándonos en nuestra decadencia.

(No me gusta el mundo que se nos viene encima; pero me sirve de consuelo frente a la muerte. Me voy para que no me pille la putrefacción.)

La sobrevaloración del mundo virtual corre en paralelo al deterioro del mundo real. Cada vez, la tecnología genera más entretenimiento. El cientifismo, como doctrina ideológica; única línea de investigación (falta libertad). ¿Dónde queda la filosofía de la ciencia? ¿Y la ética (disciplina filosófica)? No hay pandemia ni volcán que apacigüe la soberbia humana: la codicia compadrea con la mezquindad. Mas no temas, alma cándida, que el próximo James Bond, agente 007, será mujer (aunque pensará como un hombre). A propósito, ya venden consoladores con una cápsula en la que introduces las cenizas de tu amado difunto (no lo olvides: la vida es alegría compartida). Bueno, el nicho de mercado promete y fantasmas no faltan. ¡Eros y Tánatos! Mire, le voy a dar un dato, señor García Egea: somos el país de la UE con más hornos crematorios; también tenemos cunetas y barrancos para dar y vender.

Y, ahora, una lección magistral de pragmatismo capitalista. La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV, o sea, el supervisor bursátil) y el Banco de España (el mismo que predica siempre lo mismo: que si suben los salarios, el país se hunde) quieren que la Educación Financiera sea una asignatura que forme parte del currículo escolar, no solo en la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), sino también en la Educación Primaria, y tener, por descontado, mayor presencia en la Universidad. O sea, quieren comerse el caramelito completo: educar, de cabo a rabo, como ahorradores e inversores, no como ciudadanos, libres y críticos. Es decir, vas al cole y, como te sientes en las últimas filas, aprenderás a solicitar un préstamo hipotecario; sin embargo, si te sientas en las primeras, aprenderás a invertir en un fondo buitre. Economía de clase, desde bien pequeños. ¡A merendar, chicos…!

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