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La Luna, entre las manos

Por Luis Sánchez. Domingo, 3 de octubre de 2021

Luis Sánchez

Era guapa y mala; de ser guapa y buena, hubiera sido un pecado. Por lo general, el abuso va ligado al hombre malo y la rebelión, a la mujer mala.

La sangre forma parte de los ciclos de la vida, no derrames el dolor, ¡maldito!

El hombre de conocimiento desconfía del cuerpo (le confunde), la mujer, en cambio, se vale de él. El diálogo andante, más que la reflexión, como vía para llegar a la verdad.

¿Por qué la chica guapa se fuga con el chico malo? Para darle en los morros a su padre (complejo de Electra). Es posible (o no). Cuando la chica guapa madura, busca a un hombre bueno. Es posible (o no).

Cerebro, mano y pene: para el hombre productivo, todo son herramientas. Prosigue la decadencia: el cielo es un taller de mecánica; el radiotelescopio envía señales de humo… ¿Estamos solos? Allá donde vayas, la sombra te acompaña, el no-ser también actúa.

El hombre piensa y, cuanto más piensa (abstracción), más se aleja del cuerpo. El cuerpo convertido en campo de batalla. Anatomía, fisiología y carnicería: hacha de guerra.

La mujer emplea la vestimenta como segunda piel (para realzar el cuerpo); el hombre busca su segunda piel en el artefacto (la chapa de metal o de plástico), para proyectarse en él. La mujer actúa desde el cuerpo y con el cuerpo; el hombre busca un envoltorio tecnológico para huir de sí mismo. Política de hechos consumados (tierra quemada).

El Verbo se hizo carne; pues ignora que la carne es habladora. La mujer busca ayuda, colaboración; el hombre quiere llegar primero. La mujer necesita tiempo (y el tiempo es ritmo); el hombre lleva el cronómetro en la mano (y un cohete en el culo).

El mundo virtual carece de cuerpo y, por lo tanto, de palabras con peso. Lenguaje operativo, instrucciones; cortar y pegar. Del ordenador, ¡órdenes! En efecto, detrás de una pantalla hay hombrecillos manejando datos a tu espalda (puñalada trapera). Capitalismo digital: tomamos tus huellas mientras haces el bobo. Cinco lobitos tiene la loba. El mundo real se torna invisible: auténtica magia negra (los mensajes entran como agujas en tu mente).

Sociedad de consumo: para ellas, la lavadora, ¡qué invento!; para ellos, el automóvil, ¡una maravilla!. ¿La libertad? ¡Carretera y manta! Pasan las décadas y ellas comienzan a conducir, pero siguen lavando, y ellos conducen más que nunca y apenas lavan. Eso sí, el lavavajillas les limpia las babas de penas. El carro de la compra lleva exceso de velocidad (pañales para el niño; pañales para el abuelo). ¡Algo huele a podrido en la cocina, mi amor! Y el destino decidirá quién de los dos bajará la bolsa de la basura. “Lejía El Guerrero, lava la señora, lava el caballero”.

El bienestar de la casa, del hogar, del parque, del jardín, del huerto, de los bosques, de la selva, frente a la escapada hacia el espacio exterior (turismo espacial, a la vuelta de la esquina). El capital riesgo no para de girar en torno al beneficio privado (el redundante negocio del dinero) mientras los rascacielos dibujan un horizonte climático de hollín y brea. La Bolsa es el Parlamento de los ricos. Hoy más que nunca brillan los fondos de inversión y las grandes fortunas. ¡Seamos ricos, seamos guapos, seamos felices!

Esaú vendió su primogenitura por un plato de lentejas. Y, ahora, lo que no te cuentan en Masterchef: ¿quién enseñó a Jacob a preparar guisos tan suculentos? Pues la mamma Rebeca, ¿quién si no, ragazzo? Y, ahora sí, ahora vamos a sacar una fotografía bien apetitosa para colgarla en la Red. Instante de gloria. Fusilli, ravioli, tortellini…, Fellini e Pasolini.

“Lo que puede hacer un hombre también lo puede hacer una mujer”. Y en el agobiante afán de autosuperación, la mujer cae en la trampa de competir continuamente (¡la libre competencia!) con el patriarca neoliberal, en vez de aplicar otro modelo productivo, pues solo el trabajo liberador concede auténtico poder.

Vayamos a la raíz del problema (los bienes raíces), para defender los servicios públicos y las cooperativas privadas. Producir menos (decrecimiento); repartir mejor (justicia social). Los derechos humanos se defienden, no se negocian (con la necesidad no se hace negocio).

¡Más pezones y menos cojones! Este es el lema: mujer, tierra y economía colaborativa.

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