Antonio Jorge Meroño, Número 98
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Walter Isaacson: Einstein, su vida y su universo

Por Antonio J. Meroño. Sábado, 5 de junio de 2021

Antonio J. Meroño

El presente libro pertenece a la impagable colección de biografías y memorias que el diario El País viene sacando los domingos desde hace ya unas semanas, a buen precio y bien seleccionadas y del que este ejemplar es ya el tercero que leo, tras una biografía de Gaudí y las memorias de Springsteen.

No soy demasiado aficionado a la ciencia, pero gracias al bachiller que se hacía en mi época, los años 80, he podido leer esta obra sin dificultad. Pese a cursar letras, en física, aunque no estudié las teorías de Einstein, sí que vi las de la mayoría de personajes que aparecen en esta obra, como Niels Bohr, Schrödinger, Planck… Recuerdo que llegué a ver la teoría cuántica, los mecanismos de las poleas, el efecto pantalla de los electrones, etc.. En cambio, si a un chaval de hoy que haya terminado la secundaria se le pregunta, simplemente, por Manuel Azaña o Miguel de Unamuno lo pones en un aprieto. Es una verdadera pena lo que los sucesivos gobiernos de la democracia han hecho con nuestro sistema educativo, pero sin duda para el poder, cuanto más desinformados estén los ciudadanos, mucho mejor.

Entrando ya en materia, esta biografía de uno de los hombres más importantes de la historia de la  humanidad es magnífica, aunque algo larga y desequilibrada en su prolijo desarrollo, pues a mi entender se dedica muy poco espacio a la posición de Einstein ante el progresivo asalto al poder de los nazis,  cuando de hecho dedica bastante espacio a su compromiso cívico-político.

Sin duda Isaacson simpatiza con el físico alemán, y lo disculpa ante su presunta torpeza como padre y marido o sus tropiezos en sus posturas políticas de sus últimos años, siendo ya un ciudadano estadounidense.

Einstein nace ya terminando el siglo XIX en Alemania y muere en Princeton en 1955, a los 76 años, ligeramente longevo para la época. Le tocó vivir, por tanto, la época más convulsa de la historia de Europa, lo cual no está suficientemente desarrollado en esta, por otra parte, extraordinaria biografía.

Casi siempre torpe en sus relaciones sociales, pese a sus estudios en el Politécnico de Zúrich (abandonó pronto Alemania en desacuerdo con su deriva nacionalista y militarizante), tardó en encontrar un trabajo, y este primero sería durante varios años el de humilde empleado de una oficina de patentes, lo cual en lugar de ser un hándicap le dejó tiempo y las manos libres para ir pensando sus teorías. Se casó con Mileva, una compañera del Politécnico de origen serbio, en un matrimonio que no fue afortunado y que le dio dos hijos, con los cuales tampoco tuvo una relación demasiado fluida.

Fue un hombre volcado sobre todo en su ciencia, en cuyo estudio fue progresando conforme se desarrollaba el siglo XX, hasta pergeñar su famosa teoría de la relatividad, lo que le abriría las puertas de universidades alemanas y americanas que le dejaron lo bastante libre para seguir con sus investigaciones. Judío poco religioso, finalizando 1932 se embarcó con su segunda mujer, Elsa, hacia Estados Unidos para dar unas conferencias, pero sabedor de que el traslado, como ocurriría, iba a ser definitivo. Einstein se quedó en Princeton, de donde apenas saldría hasta su muerte, viendo a amigos y familiares desaparecer, célebre como una estrella del rock, cada vez más implicado en su compromiso cívico, desde sus ideas socialistas y pacifistas, y en sus últimos años acompañado de su ahijada y su hermana, así como de varios de sus amigos científicos.

Pese a los fallos normales debido a su extensión y prolijidad, esta biografía de Einstein es apasionante y aunque apunta datos científicos no se centra en ellos y nos descubre a un ser humano, con todos sus claroscuros, apasionante.

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