Humor Gráfico, Luis Sánchez
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Verduras y mentiras

Por Luis Sánchez. Domingo, 6 de junio de 2021

Luis Sánchez

“Después de una hora frente a una pantalla, hemos de cerrar los ojos durante un minuto. Es más efectivo que mirar al infinito, como se pensaba hasta ahora”, lo dice Pilar Jericó, que es empresaria, consultora y colaboradora de El País.

Y enseguida asocio la recomendación arriba citada a mi anhelante pensamiento obsesivo: mirar al infinito nos conduce a la luz eterna (a Dios) mientras que la oscuridad de los ojos cerrados nos concede el necesario y merecido descanso.

No siento la necesidad de creer en Dios y, por lo tanto, no rezo; en cambio, sí siento la necesidad de creer en un mundo mejor, y lucho por ello. Además, hablar con Dios implica el grave riesgo de que, un aciago día, Él te pueda responder, y ahí empieza el auténtico peligro: ¡Me ha encomendado una misión! ¡Me lo ha dicho Dios! ¡Hosti, tú, que te cambia la vida en un santiamén…! Yo, en verdad os digo, carezco de vocación de profeta. En fin, ya se sabe: fanatismo y psiquiatría.

Máquinas tragaperras, lotería nacional, Primitiva, BonoLoto, cupones de la ONCE, póquer en línea, juegos de azar… ¡La rueda de la fortuna, buscando al pavo de turno! Escucha bien lo que te voy a decir: tú podrás ser agnóstico, escéptico o ateo; pero nunca debes perder la fe en los milagros o, en su defecto, en el golpe de suerte, en el pelotazo; un chollo, una bicoca (ya sabes, por medio de tu cuñado, de tu primo, de un amigo, qué más da). Esto funciona así: de repente, suena la flauta y las cosas empiezan a rodar como la seda. ¡Negocio redondo y chocolate del loro! A fin de cuentas, todo está en la mente…, excepto la guita, que está en Suiza. ¡Ponle apio, chaval!

Con 4 millones de parados que tenemos en este olvidadizo país (y 700.000 trabajadores en ERTE), cada uno es muy libre de engañarse de la manera que quiera; pero si el engaño de uno es insano, también perjudica a quienes le rodean (pensemos, si no, en la influencia que ejercen los padres).

“Te busqué con la mirada mientras alguien me contaba que los monos se enamoran de sus dueños, se vuelven locos y violentos…”, que suena en Ayer salí, un tema publicado en 2019, del grupo de rock León Benavente. Y, claro, uno le da vueltas y más vueltas a la cabezota y piensa en cosas raras: murciélago, pangolín…, ¡la zoonosis! ¡la pandemia de la covid-19!… Línea de investigación: ratón, hámster y mono; lo que es bueno para el mono es bueno para el hombre, ¿no?, conque ¡leña al mono! Ahora entiendo que muchos empleados se enamoren de su jefe –el amor no conoce límites–, traten de imitarlo y quieran ser como él. ¡Qué bien vive, el cabrón!, se dicen, ¡la pasta que maneja!, ¡qué cochazo gasta!, ¡el casoplón que tiene!, ¡qué chavala lleva!, ¡y los viajes que se marca!… Después, cuando llega la decisiva hora de votar, embargados por esa humana ilusión, votan lo mismo que su adorado jefe… y, de ese modo, la llama de la ilusión se mantiene refulgente, porque sin esa llama que les hace soñar otro mundo de lotería, la vida se reduce a ceniza, espanto y nada. Pues sí, ya todo parece lo mismo: unos, viviendo por encima de sus posibilidades y otros, soñando por encima de sus posibilidades. Sin embargo, hemos de señalar que cuando un asalariado vota a la derecha (al capital), el acto resulta vergonzoso (se traiciona a sí mismo y a su clase social); en cambio, cuando una persona con buen pasar vota a la izquierda, el acto resulta admirable, puesto que busca un mejor reparto de la riqueza. Y en relación a esto último, una anécdota (que diría Lolita, como miembro del jurado del programa televisivo Tu cara me suena): en diciembre del pasado año, el actor, guionista y escritor Carlos Bardem se esforzaba en explicar, en una entrevista para el periódico El País, que “defender que si a ti te va bien no tienes derecho a criticar es un argumento perverso”. Habrá quien sostenga que dichas palabras encierran una contradicción, ¡pues bendita contradicción sea! Pensemos, por ejemplo, en la enorme labor llevada a cabo por Friedrich Engels (1820-1895), “gran luchador y maestro del proletariado”, pese a ser un rico industrial textil de Mánchester.

Necesitamos empresarios con honra, con sensibilidad, que no sean simples máquinas de tragar dinero; necesitamos empresarios con responsabilidad social. ¡Ponle apio, figura!

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