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Naderías del capital

Por Luis Sánchez. Domingo, 23 de mayo de 2021

Luis Sánchez

Es el olor lo que brota en las alas del abrazo. Aprieta, aspira hondo y llega hasta el olvido. El abrazo ha de ser limpio, sin palabras en el corazón: solo ritmo, solo música; eso basta, y te colma, porque alimenta como un sueño deshuesado.

Hay quien se ahoga en un vaso de agua; a mí, me cayó un chaparrón encima… y me tocó tragarme un millón de lágrimas: una a una, como perlas de un silencio homicida. A propósito, ¡qué gran poeta, Maria-Mercè Marçal (1952-1998), con sus sextinas al cuello! Saliva y aire respira el papel; barro entre los labios. Y el pintor Mateo Vilagrasa (1944-2018), veladura sobre veladura, sondeando esa luz que te vuelve invisible.

Miércoles, 12 de mayo. Noticia de interés nacional (NIN): Pablo Iglesias, alejado ya de la política activa, luce un nuevo corte de pelo (¡como que se ha cortado la coleta!). Y el comentario más frecuente no se hace de esperar: ¡Está más guapo! Mientras tanto, el sionismo de Netanyahu intensifica la masacre de los palestinos de Gaza y las fuerzas y cuerpos de seguridad de Iván Duque se ceban con el pueblo colombiano.

Este mundo marcha tan velocirráptor (viene del latín ladrón veloz y va a un paraíso fiscal) que no nos queda tiempo para rectificar, corregir, disculparnos ni, mucho menos, para exigir responsabilidades, por lo que practicamos una política de hechos consumados (lo hecho, hecho está). Además, llevamos las cosas a los extremos. Y lo peor es tensar la cuerda, llegar a ese punto final en que estás a un lado u otro, o estás conmigo o en contra mía. Simple maniqueísmo (menuda película): buenos y malos; policías y ladrones, vaqueros e indios, romanos y cristianos… La codicia, el odio, la aniquilación del otro, la guerra… Y en eso, en lacerarnos y en rebozar la casquería fina, somos expertos mundiales.

Pregunta de vital trascendencia: ¿Por qué Picasso pintó el Guernica con predominio de tonos grises? Sin ninguna duda, porque la materia gris es lo que más abunda entre los españoles. Ahí vamos, chavalería: cerveza en mano y brazo en alto: nunca la libertad alcanzó tan refrescante cima. ¡Viva el giste y las mujeres!

Un paréntesis: menos coaches y más maestros; menos mindfulness y más sindicalismo obrero; menos creadores de contenidos y más artistas; menos vacilar y más estudiar.

Otra pregunta: ¿Por qué Jordi Évole (la Sexta, televisión) le dedica un programa doble al cantante Miguel Bosé (para hablar, entre otras cosas, de la negación de la pandemia) y no le dedica aunque sea un mísero programa a, pongamos por caso, Teresa Forcades, que es doctora en medicina, para hablar de negocio, corrupción y vacunas?

La salud, tratada en términos de mercado, y no hay justicia poética que actúe de oficio. ¿Ciencia? Más bien, industria científica. Es el capitalismo, ¿qué esperabas, chaval?, ¿acaso conoces otro mundo? Aquí, todo se liberaliza; pasa a manos privadas y se patenta. Y la terrible consecuencia es que el entramado político-económico se impone al interés sanitario. La industria farmacéutica, con unos contratos leoninos y unos beneficios mastodónticos, ha doblegado a los estados, puesto que estos dejaron de potenciar sus propios centros de investigación al tiempo que descuidaron la sanidad pública (residencias, incluidas).

¿La mejor vacuna del mundo? La biodiversidad, el respeto al medio ambiente. Cada vez que veo a un sanitario con un equipo de protección integral (EPI), no puedo dejar de pensar en un astronauta y en el inminente futuro que nos espera. Mejor huir hacia el espacio exterior que ocuparnos de limpiar el entorno, ¿no? No será lo más sensato, pero sí el mejor negocio: mira la Tierra, mira la Luna, mira Marte…, ¡todo esferas: negocio redondo!

Y, por fin, las últimas preguntas: ¿Es el Banco de España el banco de los españoles?, ¿acaso es un banco público?, entonces ¿por qué se llama así? Y, sobre todo, ¿por qué atenta contra la mayoría de los ciudadanos? En su último informe anual (jueves, 13 de mayo), tan insigne institución recomendaba, entre otros sustos y medidas, el despido libre y la mochila austriaca. ¡Maravilloso! Estos señorones ya no se acuerdan de los 60.000 millones de euros que nos costó el rescate bancario. No me extraña: con tanto lingotazo (de oro o de güisqui), es normal que se hayan olvidado de esas naderías del capital. La industria del dinero: no para.

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