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De Venus a Marte

Por Luis Sánchez. Sábado, 10 de abril de 2021

Luis Sánchez

La palabra en la mano rompe el cristal de tus sueños.

Pregunta estúpida: ¿para qué sirve el desierto? Respuesta inteligente: para predicar a tus anchas.

Ya solo aspiro a llenar los pulmones de tomillo y salvia. Mis dinosaurios no son de este mundo (ni siquiera tengo WhatsApp, Amélie Nothomb, con eso que te diga…). Al terrícola le sobran máquinas y le falta humanidad.

La vida: camino, viaje, proceso… Sentirte vivo entre los vivos (y los muertos), sentir que estás vivo con todo lo que te rodea, ese es el primer paso (vibraciones de partículas que nos constituyen). Y la verdad va surgiendo poco a poco, cuando, superada la desconfianza, los caminantes aprenden a conocerse; conversar, en vez de discutir.

Una película que, lamentablemente, no tuvo el éxito comercial que se merecía: Paseo por el amor y la muerte (1969), dirigida por John Huston y basada en la novela homónima de Hans Koning, publicada en 1961.

Amor y muerte. Principio y fin (entrelazados). Dos temas cruciales de los que nos nutrimos cada día; sin embargo, esta sociedad consumista y frívola lo reduce todo a un simple producto comercial. ¿El amor? ¡San Valentín! ¿La muerte? ¡Halloween! Y ya hemos liquidado de un plumazo los quebraderos de cabeza. ¡Suficiente! No más preguntas, por favor. Deje de incordiar. Si lo desea, vuelva el Día de la Madre, le haremos un descuento por ser huérfano.

La Tierra: industria y vertedero; el mercado, única ley; no mires atrás (no rescatamos a perdedores ni rezagados). ¡Hale, hale, todo recto, que llegamos a Marte! La casa por barrer y estamos para echar cohetes. El hombre actual huye del pasado como de sus propias heces. La tecnología le permite olvidar su primitivismo: No soy un animal, al menos, no soy un bruto; soy un animal evolucionado, que maneja herramientas muy sofisticadas —se dice, orgulloso, recién afeitado y frente al espejo—. Pero habla y habla, y enreda con las palabras, para ocultar su mezquindad y barbarie. Amplifica su mensaje y estimula la opinión de las masas, que se creen libres por repetir lo que vieron y oyeron en la simpleza de una pantalla. Y en el encarnizado suelo patrio, peor aún, como soltaría Leopoldo María Panero. Una perla, de extracción machadiana: cada español sabe de todo, menos cerrar la boca a tiempo.

Veamos, ahora, lo que nos dice Rafael Chirbes en su magistral novela En la orilla (Edit. Anagrama, 2013): “El dinero tiene, entre otras infinitas virtudes, una calidad detergente. Y múltiples cualidades nutricias. Te alegra los ojillos, te hincha los mofletes, te otorga esa manera de sentarte en la butaca con las piernas extendidas y el periódico entre las manos. Te concede esas manos impolutas que emergen de los blancos puños almidonados de la camisa. Ya no eres tú el que merodea en la noche. Te permites contratar a peones y criados que atrapen, degüellen y despellejen las piezas de las que se obtienen los ingredientes imprescindibles para el cocido o para la paella de los domingos. (…) nosotros mismos hemos adquirido en pocos años ese privilegiado estatuto, el espejismo de que todos somos señores: en remotas naves industriales los obreros matan y despellejan y descuartizan y trazan y envasan los animales que consumimos una vez convertidos en objetos aceptablemente asépticos: (…) En la sección carnicería del híper no acaban de desaparecer del todo los rastros de sangre, los detectamos, pero los obviamos. Nos esforzamos en no descifrar sus signos, para que el cadáver despiezado no nos impresione, como no nos impresionan los que vemos en la televisión, los tipos despatarrados en alguna avenida polvorienta con fondo de palmeras”. Atención: todo moribundo demora una verdad inconfesada.

No me extraña que la misantropía fuera un rasgo personal de Patricia Highsmith (prefería los animales). Menos espacio interestelar y más estrellas en el jardín. Por cierto, ¡qué gran programa Carne cruda, de Javier Gallego (en Radio 3, de RNE)!, duró desde octubre de 2009 hasta agosto de 2012 (se eliminó de la parrilla tras la victoria electoral del Partido Popular).

No tengas prisa por llegar… La eternidad viaja a la velocidad de la luz.

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