Antonio Jorge Meroño, Número 98
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Tim Bouverie: apaciguar a Hitler

Por Antonio Meroño. Lunes, 22 de marzo de 2021

Antonio J. Meroño

El pasado siglo XX fue terrible, pese a lo terrible que ha sido siempre la historia del ser humano no se ha visto ningún siglo como el pasado y no creo que se vuelva a ver mientras exista vida humana en el planeta. Dos guerras mundiales, el totalitarismo nazi-fascista y el comunista-estalinista, más una larga guerra fría con más muertes y terror todavía.

Y Alemania, ese país de genios como Kant o Beethoven o Thomas Mann o Bach tuvo buena parte de culpa de esos horrores. Fue causante casi directo de la Gran Guerra y responsable en solitario de la segunda. La denominada Gran Guerra o Primera Guerra Mundial fue diseñada por unos políticos irresponsables, henchidos de nacionalismo y prejuicios, y dejó en Europa más de diez millones de muertos y un clima de pesimismo y de derrota y de fin de muchos años de estabilidad.

Luego vinieron los felices años veinte, donde la gente, harta de tanta tragedia, se dedicó a disfrutar de la vida, al menos quienes pudieron, y fue una época de esplendor de las artes y la cultura. Pero llegó la crisis del 29 y vuelta a empezar.

Alemania, como sabemos, perdedora en la Gran Guerra, recibió un gran castigo de los aliados con el Tratado de Versalles. La naciente República de Weimar se vio desde el principio envuelta en disturbios, crisis, hiperinflación y, sobre todo desde 1929, hambre. En este clima llegó al poder un oscuro hombre, Adolf Hitler. Arropado por una serie de asesinos como él mismo, instauró pronto un régimen de terror y planeó, en su locura genocida, apoderarse del mundo.

Y no tardó esa pandilla de gánsteres en arrojarse sobre Europa. Los dos o tres años anteriores a la guerra fueron una verdadera pesadilla para los dirigentes europeos, y Tim Bouverie nos relata en este ameno libro los pormenores de lo conocido como «el apaciguamiento», la política que Francia e Inglaterra, con Daladier y Chamberlain al frente, desarrollaron frente a los nazis con el vano propósito de evitar otra guerra.

Difícil es juzgar hasta qué punto los aliados fueron cobardes ante los delirios de Hitler, viendo cómo engullía país tras país mientras ellos firmaban con los alemanes tratado de paz tras tratado de paz. Chamberlain, como digo premier británico, fue el ideólogo de este política de «appeasement», secundado por buena parte de sus ciudadanos, que obviamente no querían volver a morir en los campos de Europa. Halifax y otra suerte de  prohombres tories secundaron a Chamberlain, pero se encontraron con la decidida oposición de Churchill, secundado por parte de los propios tories y algunos laboristas y liberales de la oposición. El final es de todos conocido, una hecatombe que segó casi cien millones de vidas y dejó Europa reducida a cenizas. Bouverie da muchos detalles de todos los intríngulis de esta política de salón, aunque rara vez se para en análisis, y se nota cierta simpatía hacia la sin duda buena voluntad de Neville Chamberlain. El resto es historia…

 

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