Humor Gráfico, L'Avi, Lidia Sanchis, Número 98, Opinión
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Mujeres como pájaros

Por Lidia Sanchis / Viñeta: L’Avi. Lunes, 8 de marzo de 2021

@lidia_sanchis 

Tengo un amigo, Gabriel, que construye casas para pájaros. Las casas son como unos pequeños receptáculos de madera donde los pajarillos –y también los murciélagos– pueden construir su nido con la seguridad de que la caja resistirá la embestida de los vientos y de los niños, que trepan por los árboles sin intención de hacer el mal. Pero lo hacen.

Gabriel fabrica las casitas con sus propias manos y por encargo. Después las vende por un módico precio y las coloca en sitios estratégicos, donde suelen anidar las aves, sea en la copa de un árbol o en el tejado de una vivienda. Y así, si los animalitos consiguen detener su vuelo y su apresuramiento por un momento, quizá encuentren un lugar confortable y a salvo donde criar a sus polluelos.

Así observo yo a las mujeres, seres apresurados que, en muchas ocasiones, vuelan erráticamente, incapaces –como es sabido– de procurarse el sustento por ellas mismas: todos quieren darles de comer y, pobres hembras, no saben a qué mano acudir. O lo que es peor, todos quieren comer de ellas y desconocen cuál será el mejor postor. El atavismo ha hecho que las féminas llevemos un chip incrustado en lo más profundo de la papilla neuronal en la que flota nuestro cerebro, que nos hace ir prestas cada vez que una cría (sea esta de nuestra nidada  o no) abre la boca. El mundo nos grita “¡mujer, estás hecha para cuidar, para alimentar, para complacer! Y la manera que el mundo tiene de complacerte a ti es recordarte constantemente esto: estás aquí para servirme”.

Es 8 de Marzo y me cruzo con viejas que salen a pasear vestidas de marrón, ese color que en ellas resulta tan elegante. Las veo sentarse en un banco y quitarse, por unos minutos, las mascarillas con la ilusión de que el sol les dé en la boca entera. Un poco de paz y de calor. De descanso.

Las casas de las afueras de las ciudades me parecen una metáfora de estos tiempos aciagos que nos ha tocado vivir. La vida se ha convertido en un lugar en las afueras: casas diseminadas, aisladas unas de otras, comidas por el polvo. Un paisaje desvencijado donde siempre está atardeciendo. Las luces que se entrevén en el interior de esas viviendas siempre son amarillentas. Y es una mujer quien cada día apaga y enciende la luz.

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L'Avi

@AviNinotaire

 

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