Gonzalo Gómez Montoro, Número 98, Opinión
Deje un comentario

QAnon se hace un selfi en el Capitolio

Por Gonzalo G. Montoro/Alessandra Sforza . Domingo, 31 de enero de 2021

Revista Gurb

El pensamiento mágico, que creíamos muerto y enterrado desde la Ilustración, ha regresado por la puerta trasera de las seudociencias y de las teorías conspirativas que inundan Internet y, también, los titulares informativos.

La teoría QAnon en particular alcanzó su apogeo cuando los partidarios del ex presidente Trump asaltaron el Congreso de Estados Unidos, el pasado 6 de enero, y vimos a un supuesto chamán paseándose semidesnudo por el vestíbulo mientras otros exaltados ocupaban el escritorio del vicepresidente y bebían cerveza, inmortalizando la escena en un selfi.

Según esta teoría, un entramado de poderes ocultos y de redes de pedófilos quiere dominar el mundo. Sus seguidores son antivacunas, y sostienen que Biden amañó las elecciones y que Donald Trump purgará de corrupción a la élite política. Desafortunadamente, no es el delirio de unos cuantos fanáticos (en tal caso, sería interesante desde un punto de vista psiquiátrico), sino un movimiento que agrupa a cientos de miles de personas en todo el mundo.

La historia de la humanidad está salpicada de estos fenómenos que, como plagas, pueden surgir en cualquier momento y lugar, con horribles consecuencias. Véase, en Europa, la creencia en las brujas, habitualmente mujeres jóvenes acusadas de haber pactado con el diablo, y cuyas confesiones, extraídas bajo tortura, constituyeron pruebas irrefutables de conspiración (el maligno, se pensó luego, acechaba también entre los propios jueces; más tarde, filósofos, intelectuales y clérigos acabarían en la hoguera).

La teoría QAnon, por su parte, ya existe en más de 70 países, desde Europa hasta Nueva Zelanda. En Alemania, donde tiene 200.000 adeptos, se ha unido al partido de extrema derecha AfD y a los nostálgicos hitlerianos del Reichsbuerger.

La aparición de este fenómeno de masas en un planeta cada vez más individualista quizá se debe a que dividen la humanidad en buenos y malos. Así ponen cierto orden en nuestro caótico mundo.

De ahí también que las políticas populistas, con sus consignas seductoras y rápidas soluciones, triunfen en Occidente. El vínculo entre populismo y psicología de masas es evidente, e innegable que las redes sociales representan el medio de expresión de las multitudes, el lugar donde estamos con (y contra) los demás.

Las redes, al priorizar emoción sobre razón, favorecen el sentimiento de pertenencia colectivo, que es un nuevo oscurantismo; y, aunque sepamos que el sueño de la razón genera monstruos, incluso hoy, creyendo estar bien informados (y ser inmunes a toda superstición), el sueño puede invadirnos bajo las formas aparentemente más modernas e inocuas.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *