Humor Gráfico, Luis Sánchez, Luis Sánchez, Número 98, Opinión
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Del desquicio a la salvedad

Por Luis Sánchez. Domingo, 8 de noviembre de 2020

Luis Sánchez

Hay verdades que no puedes (ni debes) confesar al ser más querido; para eso está el papel en blanco: no para mancillarlo, sino para pulirlo. Una pista de hielo por la que se desliza tu piel desnuda.

Entre rabia y desesperación, el alambique va destilando su licor de enojo; sabor único: ¿ambrosía o quimera? ¡Haz gárgaras! El último trago sabe a repetida ausencia. Elige: ¿vapores de mador o esencia de volutas? Obsesión crepuscular: te devoran los fantasmas con la carnaza del miedo. Pospones la inevitable decisión; pero el ojo de la cerradura, finalmente, decide por ti… ¡y te tragas la almohada!

Un grito de silencio, engullido por las oscuras paredes de la habitación: palabras sordas, que retumban en un túnel esférico. La única ventana despierta, el pulso agitado de la sien, el pálpito en la garganta, la saliva que, como un engrudo, no logras escupir. Y aun así extiendes la mano, buscando…, buscando qué sé yo: el absurdo de la existencia, tal vez; o quizás, una risa burlona, porque todo vale ya, incluso la nada, envasada al vacío y envuelta con papel de regalo.

¡Oh, bendita estupidez, cima enarbolada de la razón! Una razón instrumental, una razón operativa, una razón excluyente. Como que, paso a paso, nos vamos desprendiendo de la inteligencia y de la bondad; la inteligencia la recoge la máquina (réplica humana) y la bondad, la billetera (piel sintética). Y es que el progreso humano, nacido de la ambición y de la codicia, no quiere transitar por camino amable: ha de someter la naturaleza, doblegar al hombre; el dominio debe ser absoluto; el negocio, completo. Degradan los ecosistemas y reducen la biodiversidad; a cambio, patentan semillas, virus y vacunas. La globalización nos sube en globo. Están digitalizando la cara oculta de la Luna y, también, la cara dura de tu egregio cuñado.

¡Qué difícil es mantener la dignidad en una época como la que estamos viviendo! Una época de cambalache, bicoca y huevo duro; de calumnias, infundios y noticias falsas; de frívolo hedonismo, exhibición y autocomplacencia; de mercaderes, oportunistas y fanáticos.

Y como si se hubieran agotado los modelos o referentes culturales, cortan con la Historia y te desligan de lo humano, para que solo dispongas del presente (¡huérfano del pasado!), un presente inmediato y presuroso, saturado de estímulos, que te impide discernir con claridad, entre el desquicio y el consumo.

Sigues atrapado en ese triángulo viscoso: ordenador, teléfono móvil y televisor. Cada vez que te conectas a un dispositivo virtual, te desconectas del corazón de la Tierra; te alejas y te olvidas, porque la pantalla representa, pero no es la realidad.

Escucha ahora, escucha a Sixto Rodríguez, escucha su voz, su música, su alma; una vida pintada a brochazos y tachada con desaires, lo que no le impidió reaccionar con serenidad, alejar el justificable resentimiento y seguir siendo persona, sin olvidar nunca su compromiso con la comunidad. Recuerda, sabelotodo: solo sabes que naciste homínido; pero no sabes si llegarás a humano.

Y humanos hay, recientemente fallecidos, que dejaron un hermoso testimonio de lucha en favor de los oprimidos: Lucio Urtubia Jiménez, ese albañil anarquista que puso en jaque al estadounidense First National City Bank (objetivo: recaudar fondos para la lucha obrera), y Pere Casaldàliga, obispo y poeta, uno de los más activos representantes de la teología de la liberación, defensor insobornable de los indígenas del Amazonas.

La vía espiritual no hace distingos, toma cualquier rumbo y se aloja en cualquier rincón del planeta; allá donde siente la fraternal belleza de la unión, allá que va, porque te das dándote, sin darte cuenta que das. Y más allá de la labor que realices, ahí estás, sintiendo que formas parte de la humanidad, que eres conciencia de cuanto existe, que en el fondo todo respira al unísono, que el sentido que buscabas se disuelve en la integración, y que esa calidez, cuando se convierte en abrazo, es el abrazo de todo al mismo tiempo, y es lo que te alivia en la prolongada noche y te salva de la soledad mortecina.

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