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Vocación y destino

Por Luis Sánchez. Domingo, 11 de octubre de 2020

Luis Sánchez

El único pacto decente que puede suscribir uno es con la propia sombra, y teniendo como vital testigo a la muerte. Ventana oscura: una vela y un espejo; el que falta eres tú. El temple suficiente, para sostener una sonrisa. ¡Salud, para digerir las derrotas!

Ni la ley ni el orden juegan a tu favor; las cartas están marcadas, tu único amparo puedes buscarlo en la justicia poética. Naciste sedentario, aunque la vida te volvió peleón. Siempre hacia adelante, siempre nómada.

En íntima soledad te declaras perdedor: lo tienes todo en contra; aun así, continúas arriesgando, no por la victoria (inalcanzable), ni siquiera por la esperanza (hipoteca del futuro), sino por la afirmación del ser (aprobación de la diversidad).

La verdad, más como experiencia que como concepto. Raíz fibrosa del alma, que resuena en el otro, y con el otro en ti, el otro que de ti hay en él. Amabilidad y delicadeza respira la yema de los dedos.

Entre tú y la muerte, un hueco a rellenar; puro receptáculo, máscara funeraria. ¿Qué sabe el éxito mediático de la profunda grandeza del alma herida? No existe un lugar en el mundo; tú eres el acomodo del mundo.

Sacas una hoja de periódico amarillenta de una caja de zapatos. Tierra, polvo, cuatro piedrecillas, un carrete de hilo, un botón de chaqueta, la cola desprendida y seca de una lagartija…, ni rastro del tortuoso camino: con el guardagujas huyeron las saetas del reloj; ya no hay palabra, justa, firme o exacta, todo es confusión, desdén o conveniencia.

Una página en blanco: representación del espacio-tiempo. El bolígrafo, grabando a fuego lento lo que fue. Y cuanto más aprisa lees, menos conciencia adquieres de lo que es (lo que fue, siendo será).

Eres multitud, aunque siempre en minoría. Abres la voz; pero careces de poder. Un escenario, poblado de fantasmas, hasta que el murmullo del público te saca de la ensoñación. San Genet, comediante y mártir. Muerdes las palabras y un sabor acre te inunda el paladar: de ti no quedará ni el proceloso mar de la saliva.

La sensibilidad del andamio te conecta con la calle. El sudor de la arena palpita en la piel. Y la muerte aparece embozada en forma de precaria ocupación o incumplimiento de las normas de seguridad. En 2019 hubo 695 fallecidos en accidente laboral. Y de enero a mayo de 2020, ya se han producido 288 muertes… Construcción y agricultura se llevan la palma. “Palmas, palmitas, que viene el papá, y si no viene, pronto vendrá”. Y mientras azorada cae la calderilla por los peldaños huérfanos de sombra, la máquina de contar billetes cumple su papel con impecable precisión. Un país frito de sol, brillando por su opacidad.

A propósito, no estaría nada mal —para compensar esa luz chillona del Mediterráneo, plasmada magistralmente por Joaquín Sorolla— leer Elogio de la penumbra, un breve, pero hermoso ensayo del japonés Junichiro Tanizaki (1886-1965). La luz velada: otra manera de ver; otra mirada.

¡Atención, televidente! Antena puesta, oiga. Uno, dos y tres. Ahí vamos con Antena 3… ¿Persona o inmigrante?, ¿cayuco o patera?, ¿bote o rebrote?, ¿mascarilla quirúrgica o mascarón de proa? “¡Que la sal del mar os devore las entrañas!”. Pero tras la maldición y mil penurias más, un nuevo horizonte avizoran: ¿piscina, bañera, ducha, palangana…?, ¡quia!, ¿piso o chabola?, ¿pozal o manguera? El hacinamiento y las condiciones insalubres en las que viven y trabajan esos jornaleros facilitan la transmisión de muchas enfermedades: paté de pandemia, otro síntoma de la globalización. Aumenta el sentimiento de odio.

¿Vida social o vida económica? El 66% de los españoles no salió de vacaciones; si pudo salir de casa, ya fue bastante. Otro dato: según Encuesta de Población Activa (EPA) de 2019, hay 797.000 asalariados (el 4,8% del total) que trabajan más tiempo del acordado, de los cuales casi la mitad no cobra ni cotiza por ello. Horas extras: un problema endémico.

Y, mientras, crecen las colas del hambre… Ahí vamos: perdiendo el culo y, ¡ojo!, cuando uno pierde, jamás pierde solo.

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