Humor Gráfico, Luis Sánchez, Luis Sánchez, Número 98, Opinión
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Línea de vista

Por Luis Sánchez. Domingo, 13 de septiembre de 2020

Luis Sánchez

Una curiosa observación: en más del 60% de las fotografías hechas en la playa, tomando el mar como telón de fondo, el horizonte aparece inclinado (con diferentes grados de inclinación; ¡pero inclinado!). ¡Ah!, y no es un descuido de ahora, lo que podríamos disculpar por utilizar la instantánea cámara del teléfono móvil; hace cuarenta años, cuando la gente común disponía de una cámara fotográfica analógica (marca Werlisa, Kodak, Yashica…) y también disponía de mayor paciencia, ocurría lo mismo. Y eso pasa por centrarse en la figura y olvidarse del escenario.

Cuando, acodado sobre la barra del Tartaruga, comento este asunto con un amigo, que, como yo, es aficionado a la fotografía, me dispara de una pieza:

—Pues claro que el horizonte sale inclinado, ¿acaso la Tierra no se mueve alrededor del Sol?

—No me sueltes chorradas, Felipe —le contesto mosqueado por ocurrencia tan infantil.

—A ver, a ver… ¿Qué es el horizonte para ti? ¡No me lo digas! Yo te lo voy a chivar. “El horizonte es el renglón por donde desfila el abecedario”.

—Por cierto, esa definición es mía, ¡cabronazo!

—Lo era —y no te sulfures—, ahora es tuya y de quien la necesite. ¿Recuerdas la película El cartero (y Pablo Neruda)?

—No sé adónde pretendes llegar.

—¿De qué te suena eso de… Dios escribe recto en renglones torcidos?

Tras esa insólita máxima, me quedo atónito, sin saber qué responder.

—Anda, págate otra cerveza, ¡pasmarote!

—Yo soy ateo —le suelto a bocajarro.

—Y yo, agnóstico; pero eso no te va a librar de invitarme a otra.

Se produce un silencio sereno, una pausa angelical. A continuación, Felipe levanta una V con los dedos, en señal llamativa para el camarero, y, al poco, un par de cervezas descansan ante nuestras narices.

—Mira, Luisito, si fueras astronauta, y estuvieras en el espacio…, verías el horizonte curvo, ¿hm?

Sonrío levemente. Me despojo del traje espacial y vuelvo con aire cómplice:

—El horizonte es la línea imaginaria que separa el cielo del mar. Lo que se aprende de pequeño en el colegio…

—¿Separa…? ¿O une?

—Eso depende. Sí, del punto de vista.

—¿Y si eres miope? Además, solo es una línea imaginaria… Y la imaginación, ya se sabe, ¿hm?

—¡Oh, sí! —le espeto en un tono burlón—. “Es menor un peligro real que un horror imaginario”.

—¡Qué bueno, mi querido Macbeth! ¡Por fin llega la tragedia!

—¿Y qué esperabas? El horizonte que nos pintan no es… muy allá.

—¿Que nos pintaaaan…? Entonces, nosotros, ¿qué pintamos?

—Recuerda que hablábamos de fotografía, no de pintura.

—En ese caso, cambiemos la cámara por el pincel.

—¿A estas alturas, Felipe? —le inquiero con notoria sorna.

—Sí, señor: base x altura. Arriba y abajo: siempre es lo mismo. Anda, plumilla, paga, que se hace tarde.

Salimos del bar, nos despedimos con un abrazo y cada uno emprende su camino de vuelta a casa. Felipe: un provocador nato, digo para mis adentros sin dejar de sonreír.

Ya en el recibidor, pongo las llaves en la bandeja del taquillón y, al girar la mirada, me percato de que el cuadro que suspira, de Encarna Arnal, ladea ligeramente hacia la derecha; así que me acerco y, con el debido cuidado, lo nivelo. ¿Qué otra cosa puedo hacer?

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