Humor Gráfico, Luis Sánchez
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Futuro sin tiempo

Por Luis Sánchez. Domingo, 7 de junio de 2020

Luis Sánchez

Pregunta clave: ¿qué grado de verdad estás dispuesto a aceptar?, ¿qué nivel de verdad eres capaz de soportar? Si te entró la tontuna, échale un vistazo a la biografía del escritor Horacio Quiroga o a la del cantante Little Richard; sabrás lo que es pan de dolor.

Puedes ser un golfo; pero con clase, por favor; sin pendejadas. El estilo —la peculiar coherencia—, eso es lo que cuenta, lo que otorga valor. ¡Nada de aficionados!

¿Animal o animalista? Si eres un animal herido, cuida tu herida, en vez de herir a otro animal. Y que la sonrisa no se borre nunca de tus labios o fiarás la belleza al primer tropiezo.

El silencio huele a campo; el misterio, a bosque; confía en ti: la voluntad es sanadora.

El algoritmo procesa datos, información; calcula, pero no entiende de lágrimas, nada sabe de penas. Un ego, adicto a la novedad, se asfixia en su propia insatisfacción.

Google, Facebook, Instagram, Twitter, YouTube, Apple… El programador y activista Richard Stallman y la creación del software libre, ¡qué diferencia!

La mejor pantalla, sin lugar a dudas, el espejo cuando te revela la mirada interior. Cucharada a cucharada se educa el paladar; trago a trago se afina el gusto.

Pero no se puede vivir constantemente en la verdad, porque te consume (te abrasa o te amarga); la cuestión vital es si, cuando te distraes, te alejas tanto de ti que acabas olvidándote del regreso. Vayas donde vayas, saca billete de ida y vuelta. Y si, al final, optas por quedarte, que la decisión sea tuya (es tu responsabilidad); elige siempre lo mejor para ti, en función de quien seas, en función del origen: ¡eres el respiro del sosiego!

El 52% de los españoles se automedica (una afición como otra cualquiera). Y respecto al consumo de antidepresivos, hipnóticos, sedantes y ansiolíticos, ocupamos el segundo puesto de Europa y el décimo del mundo. ¡Ah!, y padecemos diez suicidios cada día.

La verdad, en soledad se pudre; así que procura hacerla grande. Abre la mano y déjala correr, cuando vuelva, también tú habrás crecido. A propósito, ¿qué sabemos de Julian Assange? Y las denuncias de Edward Snowden, y las de Hervé Falciani… ¿Y tú, qué aportas a este mundo?, ¿qué dejas para mañana?

Tu verdad es fuego, ¿vida o muerte? Una llama suave caldea el alma. La vida pones en lo que haces cada día. Y no es lo mismo claudicar que ser vencido: presentar batalla es lo que cuenta. Los artículos de prensa de Pier Paolo Pasolini: desarrollar la democracia.

¿Aldous Huxley o George Orwell? El Estado de bienestar te indica el camino: el bien común da sentido a la utopía.

Un destello entre la nada y el vacío. El dolor esculpe el carácter; quédate con un color, ¡el tuyo!, y si es el negro cincel, ¡bendita elegancia!, que no te ciegue la oscuridad: descubre la penumbra. Recuerda: no hay color, sino matices de color, decía Van Gogh.

Tu verdad es tu ley, la que te hace sentirte grande sin necesidad de pisotear a otro: cuando das, es porque dispones y porque te da gusto dar. Desbordarse en la sana alegría de celebrar la vida, porque sin alegría, no hay vida, sin entrega, no hay humanidad y sin esfuerzo no hay liberación.

Toda verdad oscila como un péndulo sobre el abismo. Mi dentadura postiza, por un carajillo en el Savoy de sus sueños, compartiendo mesa y cenicero con José Luis Alvite (y no es pesimismo, sino carne canalla de novela negra).

Un cañón de luz, abriéndose paso en un pozo sin fondo que desemboca en la eternidad. ¿Ámbar o cinzolín? ¡Todo lucidez! Si no estás de acuerdo, me importa un bledo: consulta con el farmacéutico (o, en su defecto, con E. M. Cioran, que sentía especial predilección por las enfermedades raras, o con Susan Sontag, que también era rarita).

A estas alturas de lo dicho, si el coronitas no te ha quitado la tontería que tienes encima, es que estás pidiendo a gritos una revolución social.

¿No estarás guardando con la verdad la debida distancia de seguridad, eh? Porque ni para vivir ni para morir necesitas tantos dispositivos, teclas ni coartadas, tan solo las necesarias atenciones, cuidados y afecto. Claro, que cada uno ve lo que quiere ver, ¿verdad?

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