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Retales del hematocrito

Por Luis Sánchez. Sábado, 18 de enero de 2020

Luis Sánchez

Por el título del artículo, algún avispado lector podría inferir que el contenido tenga que ver con el exitoso director de cine Quentin Tarantino; nada más lejos de mi intención. Yo, al igual que Carlos Saura, desprecio la hematomanía del joven estadounidense: un vocabulario agresivo, brusquedad, desmesura, comida rápida, carreras de coches, explosiones, violencia, disparos y abundante sangre al mejor precio (hasta alcanzar el paroxismo). Un trivial entretenimiento de videoclub.

Cuando en 1937 Picasso pinta el Guernica, no emplea el rojo —un recurso chillón y socorrido—, sino que se va al negro, al blanco, al gris… El impacto visual del rojo pronto pierde fuerza y brillo, la sangre se oscurece, se vuelve marrón, se oxida y, al final, es el color ceniza el que mejor da cuenta de la catástrofe, de la barbarie y de lo horroroso. ¡Edificios derribados por el acero militar! Y serán ese blanco, ese negro, ese gris… los que plasmen el ambiente de la España franquista: una España en blanco y negro, una España gris y triste, una España de yugo y luto. ¡Objetivo cumplido: la materia gris hecha añicos! Pero de eso hace muchísimo tiempo, ¿verdad? Aunque… “siempre se vuelve al lugar del crimen”, así que volvamos nosotros al cuerpo del delito.

“Sin cuerpo no hay delito”. Bueno… Y sin alma no hay vida.

Ponle rostro a la muerte, porque la vida tiene mil caras.

“Sin móvil no hay crimen”. Bueno… El asunto, como sigue. Razonemos con corrección y propiedad (con corrección política y propiedad privada, lógicamente):

  1. Sin móvil no hay crimen, ¿hm?
  2. Hoy en día, todos tenemos un móvil.
  3. Luego, hoy en día, todos somos, al menos, sospechosos.

Este —y no otro— es el verdadero motivo por el cual nos espían y están al tanto de todos nuestros movimientos, amistades, gustos, aficiones, preferencias, hábitos de compra… Y del sofisma al algoritmo, solo hay un disparate tecnológico.

Y, ahora, una pregunta vital: ¿qué fue antes, el asesinato o la coartada? Una pausa para hacer pis y seguimos con la tragedia.

“Ningún nacido en democracia podrá dañar a los Franco”. Mira tú si el Shakespeare ese de los cojones tenía poder de clarividencia. ¡Impresionante! Si es lo que pasa con la ambición desmedida de poder, la pasión ciega, la venganza, la crueldad, el obsesivo temor a ser derrocado, la falta de sosiego, el sinsentido de la lucha a muerte, la perdición… Cuando pienso en Macbeth pienso también en Calígula (el de Albert Camus), no lo puedo evitar. Y hay más; estos versos también son del dramaturgo inglés: “Mientras el aguilucho levantaba su vuelo, el bisnieto administraba la fortuna familiar”. Y este otro, ¡toma castaña!: “No hay más bandera que la tela de mi bolsillo”. ¡Ah!, el negocio inmobiliario, pingües beneficios, el dinero que vuela… Y el valor inconmensurable de los clásicos: en ellos está todo, ¡cuánta grandeza!

Pero dejemos las alas, ¡oh, Ícaro!, y aterricemos, toquemos suelo, besemos el asfalto. Según cifras oficiales, en España hay 31.000 personas que duermen en la calle. Pernoctación alternativa se llama; otra manera de pasar la noche; intensidad y riesgo, asegurados. La luna, en modo aullido, anuncia que cada seis días muere un sintecho.

¡Ah!, ¿que el banco se quedó con tu vivienda? ¡Puedes dormir en el cajero!

¿No te alcanza para una posada, un hostal, una hospedería, una pensión…? ¿Quién dijo pensión? Hermosa palabra.

¿Queréis una pensión digna? ¡Optad por la mochila austriaca! Y si no, suscribid una hipoteca inversa.

París. Bullicio. Un cielo gris. Los chalecos amarillos.

El color amarillo, que rehúye pisar el escenario (Molière —otro clásico—, tuberculosis, muerte y El enfermo imaginario), parece que encaja mejor en la calle, para luchar por los derechos sociales, para defender una vida más justa.

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