Antonio Jorge Meroño, Número 98
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Teresa

Por Antonio J. Meroño. Sábado, 23 de noviembre de 2019

Antonio J. Meroño

En mi memoria de lector, la colección de literatura Bruguera de tapas cartoné, que salió en quioscos a principios de los ochenta o fines de los setenta, tiene una importancia capital, como los libros de mi abuelo de la colección Austral, de los que aún guardo algunos, casi siempre con su firma y la fecha de su adquisición, normalmente en los sesenta en Linares.

De aquella colección de Bruguera recuerdo especialmente Laura, de Baroja y Teresa, de Rosa Chacel, ambas de tapas verde oscuro y ambas perdidas, aunque no Teresa, no perdida sino regalada a mi tía Tere.

Recuerdo la muerte de Rosa Chacel, un verano de fines de los noventa, fue una de las últimas del exilio en morir, ya casi centenaria. Fue una de las grandes prosistas españolas del pasado siglo, sin distinción de género, y ahora por fin le echo el diente a su justamente célebre Teresa. Escrita en tiempos convulsos, en plena revolución de Asturias, Teresa es el relato vital de una mujer, Teresa Mancha, que se empeñó en ser libre contra viento y marea en la España del siglo XIX, un lugar y una época poco propicios a los derechos de la mujer, que hasta hace bien poco en nuestro país ha vivido sometida al hombre y ahora unos idiotas se empeñan en que vuelvan a su costurero y a la férula del macho hispano, pero creo que lo tienen claro. Teresa fue la amante del gran poeta Espronceda. Ella dejó a su marido y pasó con él a vivir en sus variados exilios, perseguido por sus ideas antiabsolutistas. Parece que aquellos años del exilio fueron propicios para aquel amor prohibido y anticonvencional, pero las cosas se torcieron al volver la  pareja a la pacata España. Pronto se distanciaron, él ocupado en sus politiqueos y quizá en amoríos, ella entregada por hartazgo y pulsión a un breve y tórrido romance.

Teresa lucha, lucha por su libertad con más honradez que Espronceda, que quizá sólo veía su militancia como un divertimento, pero es castigada como han sido siempre castigadas las mujeres libres. Además, enferma de tuberculosis, una condena a muerte entonces.

La novela de Rosa Chacel está escrita, como siempre en ella, con una prosa deslumbrante y en plena eclosión de movimientos revolucionarios y es revolucionaria para la época y se nota sin duda que es escrita por una mujer y por una mujer liberada. El famoso segundo canto de Espronceda, el canto a Teresa, está cargado de reproches y no gusta a la historiadora que prologa la novela. Leyéndolo ahora, tampoco me apasiona el contenido, aunque el estilo de Espronceda siempre sea de lo mejorcito de la poesía del XIX.

“Ay¡ aquella mujer tan sólo aquélla / tanto delirio a realizar alcanza, / y esa mujer tan cándida y tan bella / es mentida ilusión de la esperanza / Es el alma que vívida destella / su luz al mundo cuando en él se lanza / y el mundo con su magia y galanura / es espejo no más de su hermosura”.

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