Humor Gráfico, Luis Sánchez, Luis Sánchez, Número 98, Opinión
1 comentario

Carteras y carteristas

Por Luis Sánchez. Domingo, 13 de octubre de 2019

Luis Sánchez

No hay mayor indecencia que un billete de 500 euros rebozado en elegante arrogancia hedonista.

En Retina (ojo al porsche, que se lo lleva la grúa), número 19, agosto de 2019, suplemento del diario El País del sábado 27 de julio, leo tartaleando (¿leo o cáncer?) la entrevista que —de mujer a mujer— le hace Esther Paniagua a Patricia Casado, directora comercial de la plataforma de inversión colectiva Socios Inversores, quien reivindica la necesidad de dar mayor visibilidad a las mujeres inversoras en un sector dominado por los hombres. ¡Qué bien, oye: feminismo financiero! ¡Cómo mola la gramola! Pues se lo voy a contar a mi tía Vicentita, a ver si con la pensión de viudedad que le ha quedado (su marido, es decir, mi tío Jacinto, toda la vida, pintor de brocha gorda), a ver —digo— si se anima y se mete en una operación que valga la pena (bueno, hace poco la operaron de la cadera y la verdad es que quedó bastante bien).

En la entrevista (más bien parece un publirreportaje), hay una pregunta, que con la pertinente respuesta, me afeitan la pelusilla de mis exánimes bolsillos y los telómeros de mi alma entera:

«¿Se debería hacer hincapié en la educación financiera en la escuela?

Sin duda. Hay que inculcar estos conocimientos desde pequeños. Para poder tomar decisiones necesitas tener conocimientos básicos y eso al final es cultura de país. Una cultura financiera más fuerte habría ayudado a afrontar la crisis [de 2008] y habría afectado de forma diferente a muchas personas. Cualquiera debe ser capaz de interpretar sus finanzas y saber cómo llevar sus cuentas».

Esto sí que es adoctrinamiento, y del bueno. La perversión radica en que se normaliza la rentabilidad orgánica superior (ROS): el ser humano, como objeto de máximo beneficio. Poco a poco van introduciendo la idea hasta que cuaja, y si empiezan a extraer rédito desde abajo, mejor. Ya puestos: instalar máquinas tragaperras en el patio de los colegios.

¿Educación financiera en la escuela? Sí, mujer, sí, para que tu hijo, desde bien chiquito, aprenda cómo funciona el negocio de la vida y se desenvuelva con sobrado desparpajo y gallardía entre los compañeros de curso. Escúchalo, escúchalo cómo aprende: “Está bien, está bien, Chirlaque, tú ganas, te presto estos dos rotuladores; pero con una condición: mañana me devuelves tres, los dos que te dejo más este otro; o si no, pasado mañana me quedo con todo el estuche. ¡Sabes lo que te conviene, Chirlaque, choca esos cinco!”. ¡Ah!, y en cuanto regrese del cole, te pones a jugar al Monopoly con él y repasáis juntos los conceptos elementales del materialismo capitalista. Verás como te sale hecho un lince.

¿Educar en valores morales? ¡Una antigualla! Es más rentable educar en valores de Bolsa, y si no que pregunten a los del IBEX 35.

De verdad, dan ganas de plantarse frente a la sede de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) con una pancarta gigante que ponga: ¡Abajo la cartera del cole y arriba la cartera de inversión!

Todavía resuena en mis oídos la expresión “protección de la infancia”, ¿y eso qué significa para Unicef? El asunto grave es que la mentalidad empresarial, que ya no respeta nada, acaba corrompiéndolo todo, porque si eliminamos la inocencia del niño, también eliminamos los ideales del adulto; eliminamos, en definitiva, lo más sano del ser humano. ¿Un mundo mejor, para los que vienen detrás?

¿Formar personas o formar consumidores? ¿Formar ciudadanos o formar inversores?

Hace ya mucho que el niño ocupa su propio espacio comercial y que tiene su propio nicho de mercado (¡expresión nefasta, donde las haya!): moda infantil, juguetes, alimentación, golosinas, cine, ludotecas… Ahora, ya solo queda colonizar la mente del niño (¡el frasco de colonia!), para que tenga claro que todo en la vida se compra y se vende, solo es cuestión de negociar el precio. ¿Tienes o no tienes activos? Eso es cultura: saber cómo invertir el beneficio que le has tangado al panoli de tu compañero.

*****

Si te ha gustado puedes visitar nuestra página oficial de Facebook o Twitter

 

1 Kommentare

  1. anónimo dicen

    Pensar que tener esos conocimientos hubieran solventado la crisis, es casi naif… quienes tenían los conocimientos no los enseñaron, ergo, sustentaron y alimentaron la misma.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *