Humor Gráfico, Luis Sánchez, Número 98
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Desde la distancia

Por Luis Sánchez. Sábado, 13 de septiembre de 2019

Luis Sánchez

Cuando te atraviesa el tiempo, con una vida no basta; por eso es necesario que se alce la Muerte, para prolongar el instinto de vida… en otras vidas. ¡Tic-tac!, ¡tic-tac!…

No te despistes y recuerda: la Muerte nunca resta, más bien intensifica, pues da sentido a la vida. Y, ahora, elige: ¿amor al destino o lenta autodestrucción?

Reloj de pared (quieto parado): el péndulo, que va y viene; badajo hipnótico entre Oriente y Occidente.

Reloj de esfera (corre como un galgo): el segundero: espina sin rosa que se clava en el alma desnuda.

Reloj digital (cinco cerditos tiene mi mano): cifras que extraen la sangre en perenne competición diaria.

Reloj de pulsera: o bien de cadena (para esclavos del tiempo) o bien de correa (para mascotas dóciles). ¿Tiempo libre? Ni hablar del peluquín: ¡producción o consumo: esto es lo que hay en caja! Alabados sean, pues, los tiempos de la justicia.

¡Tic-tac!, ¡tic-tac!… Pero el tic-tac del reloj no es igual que el dum-dum del corazón. Ni el cuerpo es una máquina ni el corazón, una bomba de relojería. ¿Y qué era el cuerpo antes del maquinismo? ¡Cárcel de beatos! Para conocer el cuerpo como organismo, nadie mejor que la mujer: ella habla desde el cuerpo y con el cuerpo. Y para conocer las cualidades del tiempo, nada mejor que la música (la astrología, también) y la cronobiología (periodos y ritmos: momentos favorables; organización temporal de la vida, que convendría respetar).

La memoria, el mejor testigo del tiempo. ¿Y el tiempo? Conciencia del recuerdo. Y poco a poco, aprendes a jugar con el tiempo, a dilatar la percepción del mismo, para que se pierda en círculos, alrededor de otros tiempos, alrededor de otros círculos, hasta que aparezca la eternidad en un instante gozoso que no acaba nunca, hasta que acabes disuelto en tu etérea plenitud, que ni es tuya ni es de nadie, y ahí es donde se condensa toda la fuerza y poder de la vida, que es esta y no otra, que es única, entre el ser y la nada.

¡Tic-tac!, ¡tic-tac!…, cuenta horas extraordinarias con pico y pala el obrero aviar (un ave de paso, expulsada del paraíso).

Tiempo lineal: aumentativo: carril de producción; tiempo circular: otro ciclo: posibilidad de corrección. El primero acumula; el segundo renueva.

San Efímero: patrón de un tiempo que ya no discurre, sino que circula a una velocidad temeraria. Accidente cognitivo: la realidad, hecha añicos, superpone una noticia a otra, para aturdir el pensamiento y anular la memoria. Y a ello, añadimos la atomización de la vida social (ínfima participación ciudadana) y el individualismo egocéntrico de las redes sociales (menos selfis y más fotosíntesis).

El planeta, convertido en una jugosa sandía: ¡es la globalización, estúpido!: la codicia, abriendo nuevos mercados; el negocio, moviéndose en cualquier sentido; la especulación financiera, como bandera universal. ¡Santa burocracia y pía filantropía!

Rotación, traslación, eclipse del tesoro y si te he visto, no me acuerdo. Causa más estragos una crisis económica que una catástrofe natural. Vuela el tiempo (pura estridencia) y vuela el dinero (ave carroñera) mientras el rebaño espera al Buen Pastor y la oveja negra exclama, ahíta: ¡Harán con nosotras lo que permitamos que nos hagan! No en balde, la trashumancia corre riesgo de extinción. Y hasta que te llegue la hora final, ¿quién marca?

El tiempo, antes de ser urbano, mecánico, industrial, cuantitativo, de horarios fijos y calendario laboral, antes de convertirse en oro, era un tiempo natural, un tiempo meteorológico, cualitativo, un tiempo que unía el cielo y la tierra, y el planeta, a su vez, con el sistema solar. Cuando el tiempo aún era tiempo, había cabida para ese devenir cíclico que traía, con cada estación del año, los cambios correspondientes de luz, temperatura, humedad,  agua, aire, fauna, flora… Hasta los alimentos eran de temporada (iban con el tiempo) y eran más sanos; ahora, en cambio, van con la prisa y están congelados (o procesados).

¡Tic-tac!, ¡tic-tac!… A todo esto, ¿y tú, qué haces, matar el tiempo leyendo sandeces?

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