Humor Gráfico, Luis Sánchez, Luis Sánchez, Número 98, Opinión
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Sobre atracos y atracones

Por Luis Sánchez. Sábado, 20 de julio de 2019

Luis Sánchez

Planeta azul, planeta verde; planeta grande, gire o no gire.

La historia de la humanidad, en unos pocos pasos: un mono intrépido bajó del árbol, comenzó a caminar erguido y no paró hasta saturar el Everest. Por el camino, perdió el pelo del cuerpo, se le clareó la piel e inventó la bomba atómica.

El hombre, hastiado de sí mismo, busca el propio relevo a través de la máquina; es más, busca fundirse con la máquina en el mayor acto de violación de la naturaleza: el organismo cibernético. ¡El ciborg: un nuevo ser superior se vislumbra en el horizonte!

“¡Menos cruceros y menos portaaviones!”, gritan, con ojos desorbitados y bolsas de plástico en el estómago, orcas, ballenas y delfines.

No hay tiempo que perder: mientras se hunde el Titanic, me hago un selfi. Ojalá me dé tiempo a colgarlo en Instagram, antes de que me llegue el agua al cuello. ¡Qué subidón de adrenalina llevo, por Dios, en este mortuorio instante de gloria suprema!

Y cuando, por fin, llegue el inminente colapso de la civilización neoliberal globalizada, ¿quién sobrevivirá: el más rico o el más apto? No importa: sigo buscando patrocinadores para el Día del Juicio Final.

Ni el mercado se autorregula, ni se pone coto al beneficio privado, ni se levanta el pie del acelerador. Y se ríe la Muerte de lo mucho que corres, e incluso de la velocidad de la luz, porque la lucidez asoma en la penumbra del silencio. Todo el mundo ensaya, experimenta, lo trastoca todo; pero muy pocos contemplan, reflexionan e integran. No hay límites; todo vale: todo está permitido porque todo tiene un precio.

Recomendación de la psicología positiva (para el profano, positivismo; nada que ver, por cierto, con el filósofo francés Auguste Comte): pégate en la frente el emoticono de la sonrisa, dale un feliz me encanta a la vida y, en cuanto puedas, satisface cualquier deseo que tengas, porque fuera del consumismo no hay salvación posible.

Vendo entradas (falsas) para el Apocalipsis —¿el de san Juan o el de Coppola?—. ¡Que Dios reparta suerte! Pero Dios es tuerto y la justicia, ciega.

El bolsillo, como máximo órgano regulador de la anatomía fisiológica (el alma es el dinero). ¡Oído, cocina: marchemos todos juntos y yo el primero por el camino del feudalismo transnacional!

Y rindiendo vicioso tributo al eterno retorno, volvemos a la situación del principio. Por cierto, El árbol de la ciencia (1911), de Pío Baroja, una novela inolvidable, de carácter filosófico. Volvemos —digo— al árbol del cual baja el mono, y nos detenemos para cobrar conciencia de que el foco de atención lo hemos puesto exclusivamente en el homínido. Ahora bien, si nos fijamos con mayor detenimiento, veremos que sin árbol no hay mono (intrépido e insolente), y sin mono no hay hombre. La copa de un árbol, la mejor Copa del Mundo.

Vayamos, por ejemplo, a la archiconocida escena bíblica de Adán y Eva, con la manzana, la serpiente… ¡y el árbol de la ciencia, del bien y del mal! Pues bien, sin árbol (la casa viva), tampoco hay Jardín del Edén, porque el árbol es, además, la columna que conecta lo divino con lo humano. Pero ¿para qué te vas a ocupar del conocimiento, si puedes descargarte gratis un videojuego de lo más entretenido?

Pese a todo —comodidad, inacción o catastrofismo—, ahí está presente la conciencia, agazapada entre el silencio del follaje, para dejar constancia de la íntima conexión del hombre con su envoltura, para captar ese aliento que va y vuelve de la tierra al hombre, ahí está, por ejemplo, la obra de Sebastiâo Salgado, un fotógrafo con alma: un referente para ver el mundo con otros ojos.

La sal de la tierra (título, por cierto, sacado de la Biblia: Mateo 5, 13-16) es un hermoso documental antropológico, narrado a través de la vida y del trabajo de Sebastiâo Salgado, filmado por Wim Wenders y Juliano, el hijo de Sebastiâo (también, fotógrafo), y estrenado en el año 2014. De visión obligatoria, este homenaje a nuestro único planeta.

En la actualidad, la sal se ha vuelto sosa; sí, pero… ¡sosa cáustica!

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1 Kommentare

  1. Orlando Chavarro Romero dicen

    Buena disertación y punto de reflexión, para ayudar a tomar consciencia de nuestra realidad sustancial, la que desplaza la asquerosa realidad virtual.

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