Literatura, Opinión
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Sánchez Ferlosio, el genio que renegó de la novela

Por Redacción de Gurb. Martes, 2 de abril de 2019

  Literatura

La publicación de El Jarama (1955) convulsionó el panorama literario español de la posguerra. Su joven autor, Rafael Sánchez Ferlosio, fue encumbrado como abanderado de una nueva generación y se esperó de él una carrera en la ficción. Nada de eso ocurrió. Ferlosio renegó pronto del papel de literato para volcarse en el ensayo y convertirse en uno de los más importantes pensadores contemporáneos.

Espíritu libre e insobornable, Ferlosio reflexionó sobre la guerra y fue implacable en sus críticas al poder, el capitalismo, la publicidad y la sociedad de consumo.

Obsesionado con el lenguaje y su capacidad casi infinita de subordinarse, el don de la palabra constituía para Ferlosio el núcleo de la condición humana, y rastreó sin descanso sus orígenes, su gramática y sus huellas morales o ideológicas. Ensayos I: Altos estudios eclesiásticos. Gramática, narración y diversiones (2015) compendia buena parte de esas reflexiones, mientras que Ensayos II: Gastos, disgustos y tiempo perdido (2016) recopila sus observaciones sobre la realidad política y cultural española más reciente.compartir

Sánchez Ferlosio junto a su esposa, Carmen Martín Gaite, tras obtener el premio Nadal de 1955 por su obra El Jarama. (07/01/1955).

Los nacionalismos, el papel del Ejército, la corrupción, la religión, nada escapó al análisis de uno de los escritores más premiados de las letras españolas. Se opuso públicamente a la guerra del Golfo y a la de Irak y calificó las celebraciones del V Centenario en 1992 de “indigno festival”.

Entre sus reconocimientos destacan los premios Cervantes (2004), el Nacional de las Letras Españolas (2009) o el Nacional de Ensayo (1994), además del Premio Nadal y el de la Crítica por El Jarama, un relato realista en torno a un grupo de amigos que pasa el día en el campo y cuya acción transcurre a lo largo de dieciséis horas.  reproducir video

Ferlosio acabó aborreciendo esa novela y prefería la que supuso su debut, Industrias y andanzas de Alfanhui (1951), novela picaresca sobre un aprendiz de alquimista, un niño sin padre, que emprende un viaje de iniciación por las crudas tierras de Castilla. La única excepción a su alejamiento de la novela llegó en 1986, El testimonio de Yarfoz, aunque no dejó de publicar entregas de relatos, desde Dientes, pólvora, febrero (1956) hasta el último El geco. Cuentos y fragmentos (2005).

Pero su producción está dominada por el ensayo. Entre sus títulos más influyentes destacan la reveladora Las semanas del jardín (1974), a la que siguieron La homilía del ratón (1986), Campo de Marte. 1. El ejército nacional (1986), o Mientras no cambien los dioses, nada ha cambiado (1986) o Vendrán más años malos y nos harán más ciegos (1993).

En 2005, al recibir el Cervantes, reflexionó en su discurso sobre la esencia de la felicidad.  “En el castellano de hoy en día, ‘felicidad’ y ‘satisfacción’ vienen a usarse como palabras casi sinónimas. Lo cual me hace pensar si no será que en un mundo de sujetos cada vez más dominados por el paradigma competitivo del ‘ganar y perder’ el lugar de la felicidad viene siendo usurpado y colmado por la satisfacción como única forma conocida de contento humano”.

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