Humor Gráfico, Luis Sánchez
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Gota a gota

Por Luis Sánchez. Martes, 2 de abril de 2019

Luis Sánchez

Uno.- El pensador y antropólogo francés Paul Ricoeur (1913-2005) llamó en 1965 “filósofos de la sospecha” a Marx, Nietzsche y Freud porque, entre otras cosas, estos tres autores del siglo XIX se ocuparon de desenmascarar los ideales de la razón (sujeto consciente fundador de valores), de la verdad, del mundo, de la libertad y de la felicidad con los que la ilustrada modernidad mantenía su posición dominante, es decir, demostraron la falsedad con la que las clases dirigentes subyugan a sus ciudadanos. Y como sospechaban del pensamiento oficial, indagaron en los condicionamientos económicos, sociales, ideológicos, morales, históricos, inconscientes… hasta encontrar mejores explicaciones, explicaciones que daban cuenta de tanto sufrimiento humano. Porque el conocimiento y el saber —¡no lo olvidemos jamás!— deben ser liberadores; de lo contrario, ¿qué sentido tienen?

Dos.- Por el angosto caminito de afirmar el bien (mi bien), culpabilizar al otro y justificar la estricta aplicación de principios sancionadores —simple reduccionismo—, llegamos, cómo no, a la terrible conclusión de que el hombre es una mala bestia y, por lo tanto, merece maldición y castigo. Es lo que sostienen hoy algunos intelectuales parlanchines, mediáticos y bien alimentados, llámense Arturo Pérez-Reverte (1951), un republicano de Ikea, o sea, de puerta para adentro, o Bernard-Henri Lévy (1948), filósofo posmoderno y votante de Emmanuel Macron. A propósito, Lévy (de gira teatral con una obra propia) declaró al diario El País, en una reciente entrevista (30 de enero de 2019), que “el fascismo está arraigado en cada uno de nosotros”. ¡Solemne y enciclopédica barbaridad! (no hay mayor cíclope que el que no quiere ver). Pues veamos, este seductor vendedor de perfumes, si tuviera vergüenza intelectual y honradez ciudadana, debiera haber reconocido, en nombre de ese ser primitivo que hay en nuestro interior, que toda persona lleva dentro un ángel y un demonio, y depende de lo que cultive estará más cerca de uno o de otro, y aquí interviene con muchísimo peso la educación recibida; pero, claro, es más rentable y práctico aplicar políticas punitivas que formativas. En resumen, o estás con el capital y aumentas el beneficio (neoliberalismo) o estás con la persona y cuidas su dignidad (humanismo). ¡Ah!, y ante el peligro del populismo (mete en el mismo saco a Podemos y a Vox: el primero —para él—, de extrema izquierda y el segundo, de extrema derecha), Lévy nos anima a votar moderación, responsabilidad, orden y estabilidad; por lo tanto, nos anima a votar a Emmanuel Macron (léase Albert Rivera, el equivalente para nuestro país, un país amnésico que, cuando no repite sabor, deja mal sabor de boca).

Tres.- Conviene aclarar —¡pura exigencia del guión!— que mientras Vox elimina derechos humanos (referidos a inmigrantes, mujeres, homosexuales…) y debilita todavía más el maltrecho Estado de bienestar (recortes sociales, precariedad laboral, privatizaciones, recentralización…), Podemos defiende los derechos humanos (igualdad de oportunidades) y potencia el Estado de bienestar (mejoras sociales, remunicipalización, bien común…). Vox no es una opción política más, es, por origen y destino, un atentado contra los valores democráticos. Y es que todo lo que, en nombre del pueblo soberano, toca el bolsillo del gran empresario es denigrado como idealista, utópico, irrealizable… y, últimamente, como ¡populista! (de extrema izquierda), sí, populista, que, fíjate tú, rima con comunista. Mucha atención, advertencia al prójimo: tomar la Constitución al pie de la letra es una provocación que puede convertirse en delito.

Cuatro.- En las últimas elecciones generales de Francia, tras el hundimiento de la socialdemocracia (o mejor dicho, del social liberalismo), los dos nombres que se disputaban el poder eran Marine Le Pen y Emmanuel Macron. Ante el temor de que la extrema derecha tomara las riendas del país, los franceses escogieron, como era de esperar, a Macron, un neoliberal con pinta de buen chico. “¡Que viene el lobo!”, anunciaban, alarmados, los guardianes del sistema, y de ese modo, ganó el lobito, es decir, el continuismo neoliberal (ver las protestas y reivindicaciones callejeras de los chalecos amarillos).

Bajo la apariencia de normalidad, no florece el bienestar, prolifera la corrupción.

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