Humor Gráfico, Luis Sánchez, Número 98
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Con el cuerpo por delante

Por Luis Sánchez. Domingo, 17 de marzo de 2019

Luis Sánchez

Introducción (que no penetración, ¿o sí?).- Paso por delante de un nuevo gimnasio, grande, bien iluminado, moderno y tecnológicamente adaptado a cualquier demanda o necesidad (incluye servicio de coaching personal o velocirráptor, si lo deseas). Lo que más me llama la atención es que desde la acera de la amplia avenida puedes observar, a través de la inmensa cristalera de la fachada, cómo los variopintos usuarios practican sus ejercicios en diferentes clases de aparatos. Y ahí van, bien disciplinados: al paso, al trote, al galope… Saltan, nadan, reman, pedalean… Hacen anillas, pesas, cintas, cuerda, barras, polea… Realizan sentadillas, criadillas, lagartijas, sabandijas, y el mejor dotado, hasta culebrillas a hurtadillas. Puedes entretenerte un buen rato viéndolos (con la botellita de agua mineral al lado y su bonito chándal marcado por el sudor) cómo padecen y jadean, cómo dan muestras de autosuperación, de cansancio, de aburrimiento o, incluso, de asco. Eso sí, cada uno colgado en su particular nube musical. Todo un espectáculo y, además, gratuito. Como que, sin plena conciencia ni autorización previa, esas sufridas personas se han convertido en maniquíes vivientes de un negocio en alza (seductor escaparate del mundo), y, de paso, a los viandantes nos convierten en perversos mirones. Puro y simple reclamo publicitario, todo transparencia y a la mierda con el ámbito privado: ellos son el producto que está a la venta. ¡Viva la exhibición de la mercancía! Lo importante es comunicar, llegar al otro como sea, y nada mejor que el impacto visual, pues lo que entra por los ojos, llega antes al bolsillo. ¡Contémplalos —parece susurrarnos al oído la atlética voz del propietario del local—, ahí los tienes, delante de tus narices, cuerpos rebosantes de energía, porque un cuerpo sano es un cuerpo feliz! A Dios gloria en las alturas. Adiós, pletórico altar; adiós, ángeles de porcelana, muñecos de látex.

El cuerpo del delito.- Respiración abdominal (permite que los árboles de tu imaginación también se relajen). Atención e intención se alternan ya en la mente vacía y, a través del tronco, hundes los pies en tierra y elevas los brazos al cielo. Un ligero vaivén (elasticidad: tensión suave), que no necesita de verdades a medias ni de aplicaciones lógicas, porque cuando estás centrado, eres tú (ni más ni menos), eres el todo y la nada, tu dueño y señor; eso o lo sabes tú o no lo sabe nadie. En paz, contigo y con los hombres, así sea.

Como célula del tejido humano, concentras el mayor misterio: conciencia que desarrolla vínculos evolutivos, no para ser más, sino para ser mejor; más que cuerpo sólido, campo de energías. Si tomas posesión de tu persona, solo manda la libertad (la grandeza oculta); nadie más (excepto la muerte) mandará sobre ti. Más que la excitación del ego, el sosiego del alma.

Curiosidades para los más aplicados.- La columna, las piernas, los brazos, la cabeza… Mantener el equilibrio (aprender a no caerse), para ponerse de pie, para poder andar y, sobre todo, para ir al encuentro con el otro y no para hincar las rodillas frente al otro. El sentido del equilibrio (salud), tan olvidado hoy como el sentido común (cordura).

Si pierdes el sentido de la vida, pierdes el norte, pierdes el camino; debilitas la voluntad (tu lugar en el mundo) y quedas a expensas del otro.

En la izquierda, un puñado de arena; en la derecha, un puñado de nieve. Y tú, ¿dónde quedas? Una mano, para el trabajo; la otra, para el amor. Manos arriba, para abrazar el sol; manos abiertas, para recibir al otro. Alargar la mano, estrechar la mano del otro, entrelazar unos dedos con otros. Mano con mano hacen humanidad.

Si no llegas a la piel, no hay pálpito que hable, porque es con el abrazo cuando naces en el otro. Pecho contra pecho, caldeas el corazón.

De la nada, a la conciencia; y de la conciencia, al olvido: así es la vida. ¿Y dónde quedas tú en esa historia? La palabra, por la boca; el bocado, al estómago. ¡Haz de nervios: la palabra quiere pan! Y a viva voz, el cuerpo se retuerce para buscar al otro; un grito que azota al viento para devorar las fauces del horizonte.

Si no te sale la voz, dale forma al miedo y déjalo escapar, ¡que respire a pleno pulmón por calles y plazas la serena luz de la noche!

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1 Kommentare

  1. anónimo dicen

    En una ocasión escuché que cuando el servicio es gratuito, el producto eres tu. Y aunque pagues en el gimnasio, esos de grandes ventanales son más baratos y debe ser por algo de eso….el producto son los sudorosos ocupantes y sus dispositivos musicales 🙂

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