Número 98
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El esperpento

Por Jonathan Martínez Pérez. Jueves, 21 de febrero de 2019

 Periodismo

Muchos sabemos la importancia del periodismo en las sociedades democráticas pero muy poco del papel del periodista, ese desconocido individuo que vive en las redacciones de los medios rodeado de papeles y pegado a un teléfono que no para de sonar. Quizás ese desconocimiento haya hecho que la figura del periodista vaya relacionada con su necesidad de consumir alcohol para poder asumir las continuas transformaciones de esta incierta sociedad que se encuentra en un continuo conflicto de intereses a la deriva de líderes esperpénticos propios de las novelas de Ramón Valle Inclán. Asumamos como cierta o como equívoca esta hipótesis, resultaría irónico pensar que haya gente que aspire a trabajar en ese universo de agonía y estrés, o quizás no.

El periodismo exige un vínculo con el periodista que no encontramos en otros oficios. Un periodista debe ser fiel, leal y responsable con lo que escribe y, por tanto, lo que leemos en prensa, escuchamos en radio o vemos en televisión es parte de la vida del desconocido del que hablamos. Aquí no aparece el alcohol, pero ese vínculo con su profesión es lo más parecido a una profunda adicción casi imposible de superar.

El psicólogo  estadounidense Salomón Asch determinó a través de un estudio que los ciudadanos no hacemos lo que queremos ni decimos lo que pensamos por temor a que nos consideren “raros”. Esto es lo que definió como complejo de Salomón. Pues bien, para que se hagan una idea de las ventajas de ser periodista, nosotros somos inmunes a este melancólico síndrome porque nuestra tarea ya incluye la necesidad de llevar una vida de bohemia. En una sociedad en la que prácticamente todos los saberes están colonizados por las creencias, a quién no le gustaría tener su propia isla sin normas ni leyes. El periodismo es el puente que te lleva a este particular paraíso donde poder expresarse sin temores.

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