Cipriano Torres, Número 98, Opinión
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Juan Cueto

Por Cipriano Torres. Martes, 29 de enero de 2019

@CiprianoTorres

No sé si a usted le suena este nombre, Juan Cueto, y llega a relacionarlo con la página en la que nos encontramos. Permítanme que me ponga un poco melancólico y tristón porque se ha ido. El asturiano Juan Cueto, dicen las crónicas, ha muerto después de una larga enfermedad. Sé que fue un intelectual sin aura pedante, que escribió libros, que fundó publicaciones donde convivían creadores de edad consolidada y de edad párvula, y que incluso dirigió Canal+, ventana en la que, con rayas morbosas si no eras cliente, se emitía sexo explícito en la España de finales del siglo pasado, todo eso lo sé, pero yo me quedo con el Juan Cueto de su brillante, desveladora, rotunda, lúcida y adictiva columna, La cueva del dinosaurio, que nació en un periódico asturiano y acabó reinando en El País.

En La cueva del dinosaurio Juan Cueto analizaba todo lo que salía en televisión, todo, es decir, desde la publicidad y sus trucos y su casi siempre poder de moldear los gustos de la sociedad a la que se dirige, a los deportes, el cine, las series, los informativos, las noticias del tiempo, los colores que usaban en el decorado de los magacines, todo, un análisis que a mí me fascinaba porque yo empezaba a dar mis primeros pasos en esto del comentario sobre televisión, y su palabra, su mirada y su finísima disección catódica era un faro en el que este principiante se miraba, igual que, unos años después, leía como el que se toma su dosis, el Visto y oído del maestro Eduardo Haro Tecglen. Juan Cueto se ha ido, se dice en casos parecidos, pero queda su legado. Y es verdad. En mí sin duda que es así porque aún recuerdo alguno de sus comentarios sobre esto o aquello. Grande.

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