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¡ÑAM, ÑAM!

Por Luis Sánchez. Viernes, 21 de diciembre de 2018

Luis Sánchez

Para aquellas personas que se desentienden de la política, por considerar que esta no va con ellas, –»que se apañen los políticos», piensan para sus adentros–, tan solo recordarles que el mero y simple acto de comprar, por ejemplo, una humilde barra de pan ya lleva una carga política inherente (poder de decisión), puesto que no es lo mismo comprar el pan en una gasolinera que en un supermercado que en un horno; no da igual comprar pan de masa congelada que de masa madre. A fin de cuentas, el pan también va para sus adentros.

No es lo mismo comprar alimentos frescos y jugosos que congelados; alimentos sin aditivos químicos que procesados; alimentos con pesticidas que ecológicos; alimentos de temporada y de proximidad que importados del otro extremo del planeta.

¿Te importa un pepino? Respetar la variedad de especies locales (biodiversidad), frente a la uniformidad impositiva de las grandes empresas que dominan el mercado internacional, eso es soberanía alimentaria: una agricultura social, sostenible, ecológica y segura.

No es lo mismo comprar a tontas y a locas que fijarse en los ingredientes que lleva el producto que tenemos entre las manos (¡hay que leer!, por nuestro propio bien). Y podríamos continuar destacando pequeñas diferencias que, a diario, nos remiten a la salud y a nuestra libertad de escoger.

Al comer (y, también, al respirar), alimentamos cada una de nuestras células; de ahí la importancia y la responsabilidad de saber qué nos echamos a la andorga. El bolsillo de cada cual da para lo que da (y no hay más); sin embargo, conviene aclarar que la calidad no siempre resulta más cara (de hecho, en nuestra economía de mercado, hay productos que no se promocionan o se desechan, precisamente, porque son baratos); es cuestión de interesarse por el tema, de ser menos comodones e invertir más tiempo en comprar y en cocinar (simple organización). Y, a propósito, dada la estrecha relación que existe entre alimentación y salud, ¿cómo es posible que en la carrera de medicina no se estudie, aunque sea como base, nutrición y dietética? (estas constituyen una carrera aparte). No estaría de más, por lo tanto, y como ilustrativo ejemplo, mencionar la macrobiótica: nos permite cobrar plena conciencia de lo que implica alimentarnos (en cuerpo y alma): una necesidad vital de buscar equilibrio, un planteamiento holístico. Mejor alimentación y menos medicamentos. Por cierto, una joyita de libro: El equilibrio a través de la alimentación, de la doctora Olga Cuevas Fernández.

En el número 2.199 de El País Semanal, domingo 18 de noviembre de 2018, en una entrevista a Carme Ruscalleda (la cocinera con más estrellas Michelin del mundo: siete), esta responde a una pregunta de Anatxu Zabalbeascoa con las siguientes palabras: «Nocilla anuncia ahora en sus productos que no usa aceite de palma [perjudicial, entre otras muchas cosas, para las enfermedades cardiovasculares]. Eso quiere decir que antes lo usaba. Un consumidor formado cambia los productos de un supermercado». Más claro, agua. –Sí, pero… ¿agua del grifo, agua mineral, agua oxigenada, agua de Carabaña, agua de colonia…?

Como es obvio, cuando un fabricante, pongamos por caso, de galletas comprueba que sus ventas disminuyen (¡ahí duele!), en seguida se pregunta: «Señor, Señor, ¿por qué me ha abandonado el desodorante?». Y no duda en poner remedio al problema con rapidez: el beneficio es lo primero. Y nosotros no somos conscientes del enorme poder que tenemos y de lo sencillo que resulta ejercerlo (democracia directa). El boca oreja, las redes sociales y las campañas de sensibilización son muy útiles.

Cuando veo, en una película estadounidense (el cine no solo es un reflejo de la sociedad en la que vivimos, sino también un modo eficaz de uniformizar), a un hombre de mediana edad, trajeado, con maletín sobre las piernas y encima de este, el teléfono móvil, devorando un perrito caliente (embadurnado de kétchup y mostaza), sentado en un banco de un parque público, no dejo de sentir entre repulsa y pena; ese hombre es un pringao por engullir comida basura y por no disponer del tiempo suficiente para comer como Dios manda (Dios descansa en un colchón de neuronas). Y me da igual que ese hombre pueda ganar 3.000 o 5.000 dólares al mes; es un tecnocateto. Ajo, cebolla y limón, ¡salud!

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2 Kommentare

  1. Iris Rubio dicen

    La verdad no sabemos muchas veces fblo q comemos. Un dia una cosa es mala al otro es saludable. Quien entiende. Los pajaros solo colen frutti u nunca he visto uno mi gordos mi q parezca de trigliceridos o alta presion. Pq los dietistas slogan q no se coma platano o pinya?. No hay quien los entienda. Expliquemelo.

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