Humor Gráfico, Igepzio, Jose Antequera, Número 98, Opinión
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Basuras Villarejo

Por José Antequera / Viñeta: Igepzio. Domingo, 11 de noviembre de 2018

@jantequera8

No hay nada más peligroso en el mundo que un policía descontrolado. Mientras paga por sus excesos en la cárcel de Estremera, el siniestro comisario Villarejo ve cómo sus dosieres comprometedores estallan por todo Madrid como bombas de papel. El amo de las cloacas no solo se ha convertido en un peligro para el Estado, sino para todo aquel personaje público que en el pasado cometió la fatal imprudencia de quedar con él para comer, dar un paseo por el Retiro o tomar un café. “Villarejo mancha”, ha dicho con acierto Pablo Iglesias; Villarejo caca, cabría añadir.

Por lo que se va sabiendo, el presunto comisario iba a todas partes con su insaciable grabadora en el bolsillo y no precisamente para captar psicofonías y llevárselas a Íker Jiménez, sino para hacer negocio con ellas revelando las intimidades del personal. Cualquiera que algún día se tropezara por la calle con Villarejo y se detuviera un minuto con él para darle los buenos días, charlar del partido del domingo o del tiempo, tiene motivos suficientes para estar preocupado. Incluso para tener miedo, porque Madrid se ha convertido en la capital mundial del chantaje. Que se lo pregunten si no a la ministra Dolores Delgado, la última víctima de los letales culebrones radiofónicos de la factoría Villarejo. Medio país tiembla con los informes secretos del afamado madero de la boina, que al parecer traficaba con las vidas de los demás, ya fuesen anónimos y honrados ciudadanos o gentes de la biuti, que aunque antipáticas también tienen sus derechos constitucionales, como todo hijo de vecino. Faltaría más.

La prensa, la degradada prensa de hoy que ha terminado reduciendo una noble y digna profesión como el periodismo a la categoría de espectáculo vomitivo, da crédito a cualquier filtración que lleve impreso el sello Villarejo, como si la información que maneja un presunto corrupto (no se nos olvide poner lo de presunto) fuese poco menos que un dogma de fe que va a misa. Y así, mientras un día el escándalo es una escucha a una amiga entrañable del rey emérito, al siguiente se filtran datos reservados sobre la Operación Catalunya, sobre el Pequeño Nicolás, sobre jueces y políticos o sobre la vecina del quinto A. Todo vale si se paga bien.

Ciertos reporteros que se jactan de hacer buen periodismo de investigación cuando en realidad se han convertido en recaderos e intermediarios de la mafia policial presumen de poseer en exclusiva alguna de esas grabaciones que van pasando de mano en mano y que han sido obtenidas por esta especie de Harry El Sucio castizo que no ha dudado en pasarse el Código Penal por el forro de su pistolera en función de un único interés: hacer dinero fácil (de él se dice que llegó a manejar 46 empresas y 16 millones de euros, ahí es nada). Un tipo que pretende poner el Estado a sus pies para negociar después una rebajita de la pena por sus causas abiertas no debería ser el centro de atención de ese nuevo periodismo español que se ha degradado tanto (ética y profesionalmente) que apenas puede distinguirse ya de los mafiosos a los que dice desenmascarar. No parece que el manantial de detritus vaya a parar por el momento. Pues que continúe el espectáculo.

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