Filosofía, José Romero, Opinión
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Sobre nuestra educación

Por Pepe Romero. Lunes, 22 de octubre de 2018

Pepe Romero

“Lo que hacemos no es nunca comprendido, y siempre es acogido sólo por los elogios o por la crítica”. F. Nietzsche.

Lo que nos hace especiales a nosotros los humanos es la capacidad de pensar, sin embargo, nuestra capacidad es un útil dentro de nosotros mismos, adherido de forma directa a nuestras almas. Todo aquello que está fuera de las almas, la sociedad, es el alma impersonal. Allí donde no hay actividad de pensar ni hay cuerpo alguno es donde yacen los cuerpos gubernamentales que nos dirigen. Es uno mismo el que siente su específico dolor o su específica dicha. No hay nadie sino el individuo que pueda conocerse mejor a sí mismo, así como su sentir deseos también proceden en el alma. El deseo por excelencia que posee el hombre es la libertad, alimentada siempre por ella misma en ciclo constante, cuyo móvil es el mismo deseo de aprehenderla. Nos movemos ciertamente por las ganas que le tenemos a ser libres.

Los impersonales como son “el pueblo” o voluntad general, carecen de alma más allá de la que nosotros le otorgamos. Decía E. de la Boétie refiriéndose a los tiranos que “si no se les abastece, si no se les obedece, sucede que, sin combatirlos, sin golpearlos, quedan desnudos y derrotados y no son ya nada, como ocurre con la rama, que si carece de líquido y de alimento en su raíz, se seca y muere”. Cuando las ideas se han extendido mucho, cuando no nos educamos por nosotros mismos y descubrimos las cosas más que absorberlas, cuando estudiamos dogmas y no nos rebelamos, los impersonales aparecen como parte de nuestra naturaleza. Así, si a un tirano se place acordar subir los impuestos hasta ahogar a todo comerciante de bien y hombre libre, quien no haga el esfuerzo de estudiar y rebelarse contra la injusta ley, se verá sometido, incluso de manera voluntaria.

Considero apropiado afirmar que el Estado es y será un buen mecanismo impersonal para unirnos y crear consenso. Mas un Estado puede sobrellevarse de muchas formas. Un ser humano necesita de su lenguaje para entender que hay alma en los demás humanos, sin éste, no nos diferenciaríamos demasiado del resto de animales non-rationale. Necesitamos, a su vez, confiar en el impersonal del lenguaje, así como necesitamos el Estado para fundarnos como sociedad. Mas los impersonales conllevan siempre el hecho de ser una interpretación del alma personal. Una palabra es meramente un signo, no una institución. Quienes sí fundan instituciones son los propios dueños de su alma, los individuos libres. La sociedad, también el lenguaje, parten de lo personal, así pues, un Estado, es la paz entre hombres.

Sobre nuestra educación diré que viene a enseñarnos desde pequeños qué hicimos para tener esta concordia. De tal manera nos enseña las artes que el ser humano cultiva. El problema fundamental de nuestra educación entra en vigor cuando creemos que estudiar es “educarse en” y que estudiar por cuenta propia siendo un dueño libre y voluntario de sus acciones es un mero juego de lectura. El “Sapere Aude!” de Kant nunca pudo estar más tergiversado, pues Kant también dijo que tengamos valor de servirnos de nuestro propio entendimiento. Saber es rebelarse contra lo que actualmente sabes, es echar valor y estudiar también lo prohibido. Mas en este impersonal en el que estamos abocados, no hay cabida para el librepensador y el erudito. Aquí es un gobierno que decide qué enseñar al “pueblo”, y el pueblo, o mejor dicho, las personas lo aprenden. Estudiar es liberarse de las cadenas de esclavo, creer o “educarse en”, es intentar cogerle el gusto a dichas cadenas. Suele pasar que cuando todos se educan en lo mismo, todos, o casi todos, piensan lo mismo. Es éste el objetivo de nuestros impersonales corruptos y tiranos, hacernos mediocres. No tienen la culpa los maestros de esta barbarie, y a pesar de todo, aún encontramos a quienes enseñar con placer, y más aún, a quienes enseñan a estudiar por cuenta propia. Evalúan, juzgan, elogian; mas pocas veces comprenden. Y son conscientes tanto discípulos como maestros de la estafa en la que están metidos, y sin embargo, sólo saben acudir a manifestaciones y quejarse. ¿De quién, si hasta los gobiernos saben de esta estafa? Si quienes han obligado a “educarse en” esta mentira han sido ellos mismos, siendo cómplices directos.Los eruditos dentro de esta institución son de todo menos librepensadores, y nos encontramos criterios de evaluación tan nefastos que dan las calificaciones más altas a quienes no saben nada más allá de lo que les dicen. Hemos de confiar en las almas de los otros, mas si alguien me dice de supuestos impersonales como la educación que dicen ser por naturaleza, permítanme desconfiar. En verdad, esta institución trata a todos por igual, mas cuando hay alguien que puede él solo saber incluso más que los demás, aun erigiéndose él mismo los caminos, simplemente es alagado, y como mucho le dicen que intente llevar esto como pueda. Si de verdad educaran, no nos dirían eso. Pues parece que hasta siendo conscientes de lo concurrente, siguen apareciendo gentes que glorifican al que ha logrado tragarse tan ingesta bazofia de educación a la que nos vemos sometidos. Y es llamado listo, mas cuando termina el proceso de educación gubernamental, es tan inepto que no sigue estudiando, porque al parecer, para este intelectual esclavo, estudiar es lo que ellos le han dicho y no lo que él forja libremente con su sudor y sangre. Como todo lo impuesto por tiranos, es voluntario, pero su rechazo conlleva rechazo de la sociedad, es una condena. Nuestros esquemas no son aptos para el hombre libre, educan pensando que el uno es el todo, y que la libertad es la seguridad impartida por ellos; que no podemos y que no sabemos masticar por nosotros mismos, que requerimos de un gobierno que lo haga por nosotros. Mas si deseo largarme de la sociedad e irme a vivir en la inmensidad de los bosques y vivir de lo que la naturaleza me da, sigo necesitando estar en la sociedad, ya que requiero de permisos otorgados por el gobierno. Si incumplimos el orden establecido, estaríamos ante un delito de lesa maiestas. Pero solamente deseamos librarnos de este ahogo y empezar a vivir escogiendo sin miedo lo que queremos ser. Hay a quienes les sorprenderá lo que voy a decir, pero “hacia 400 a. C prácticamente todos los hombres atenienses saben leer y escribir, aunque la educación nunca recibió fondos públicos” (Escohotado, Los enemigos del comercio, democracia y demagogia) Gritemos cada uno viva la Libertad, y vivamos como deseamos vivir.

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