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Manolo García: “Odio vivir de recuerdos, jamás miro hacia atrás”

Por José Antequera. Viernes, 26 de octubre de 2018

  Entrevista

¿Por qué La geometría del rayo? ¿Por qué ese título?

Bueno, en primer lugar es una licencia poética y después, reflexionando un poco, es un símil, ese rayo interior que podemos llegar a tener, esa chispa que intentas acotar. Intentas sacarle una masa-fuerza a esa energía, intentas sacarle un partido, una posibilidad, la mejor dirección posible. Soy una persona muy inquieta, muy vehemente, muy activa, intento acotar esa geometría de esa fuerza mía.

¿Qué has querido transmitirnos con este último trabajo? ¿Cuáles son los temas que siguen inquietando a Manolo García?

Básicamente es la vida simple, a veces la sociedad, bueno, a veces no, continuamente la sociedad. Estamos abocados a una complicación absoluta, empezando por las burocracias. Todo está burocratizado, todo está reglamentado, organizado de una manera, en ciertos momentos puntualmente necesaria, pero muchas veces yo creo que fuera de lugar. Hay demasiada información, estamos hiperconectados, ultrainformados de todo, estamos en un torbellino de verdad, de mentiras, de cuestiones que a veces no nos atañen o que no podemos entrar a ellas para nada. Estamos sometidos. Yo busco una pacificación, una tranquilidad de los días, busco un sacar partido al día. Que no todo sean obligaciones, negaciones, carreras, prisas, angustias, ese esperar, ese “bueno, ya cuando llegue Navidad”, “ya cuando lleguen las vacaciones de agosto”. Yo hago los discos, y este disco mucho más que otros, intentando pacificar mis días, estar tranquilo y estar un poco viendo mi vida, no la de otros o no la que me proponen otros, no la vida que me obligan a vivir otros.

Y con estas ideas os habéis lanzado a una gira que creo que es por todo el país. ¿Por dónde andáis ahora?

Ahora estamos en Andalucía, hemos estado en Jaén, en Córdoba, y la próxima estoy en Cádiz, luego Huelva y Girona en el tramo que acaba a primeros de julio.

Tus comienzos fueron duros, te apasionaban muchas expresiones artísticas pero empezaste trabajando donde se podía, en una empresa metalúrgica, como botones en una empresa de publicidad… ¿Hasta qué punto aquellos años difíciles han marcado tu expresión artística?

Bueno, yo creo que más que difíciles fueron años de búsqueda. Yo tenía que ganarme la vida como todo el mundo, siempre he intentado hacer mis trabajos con la mayor dignidad posible, pero sabía que buena parte de esos trabajos que he ido desarrollando en ese tiempo no eran de mi agrado. Lo sabía con todo mi amor propio, con todo mi pundonor, pero intentaba hacerlo lo mejor posible. Ha sido una escuela magnífica todo ese tiempo porque me ha enseñado algo difícil en este oficio, y es la humildad. Cuando estás sometido al dictado del público, pulgar arriba o pulgar abajo, mientras el pulgar está arriba te puedes volver soberbio, nadie piensa en la caída, pero cuando vienes de un tiempo en el que has trabajado como cualquier persona, muchísimas horas cada día, en algo que como digo no te acaba de complacer, aprendes humildad y aprendes que cuando ha llegado el momento de hacer lo que a ti te gusta, que ese ha sido mi caso desde que tuve treinta años, pues estás muy agradecido. Para mí es algo muy saludable ser una persona agradecida con las personas que te permiten —el público en mi caso—, desarrollar tu oficio, estar agradecido a los dioses, a quienes nos cuiden, a las deidades, en definitiva estar contento. Yo estoy contento con poder hacer algo que me place y que además veo que da alegría a otras personas. El arte es una guía espiritual, es un vehículo muy factible hacia la libertad, hacia la ensoñación, hacia una búsqueda de caminos, hacia un yo interior que desarrolla posibilidades magníficas. Estoy agradecido de poder hacer eso. Como te digo he trabajado en muchas cosas, tuve un tiempo en que fui diseñador gráfico, trabajé pintando cuadros en serie para fábricas de muebles, tuve trabajos muy divertidos, otros más duros como trabajar en empresas de muebles y había que cargar unos armatostes metálicos que pesaban… Bueno, pero bien, nunca me quejé porque además yo sé cómo funciona el mundo, he nacido en un barrio obrero, mi familia era gente muy humilde, venían del campo, y por eso nunca me he quejado, no me gusta la gente que se queja, me gusta la gente que tira hacia adelante, que resuelve problemas, que si tiene un problema lo dice claramente y no está metiendo cizaña por la espalda, intentando alianzas extrañas por detrás para luego, al final, en el último momento, acojonarse. Si algo gusta bien, si algo no gusta, se habla. El trabajo, la empresa, te da mucho mundo, es una universidad la vida. Yo lamentablemente no pude hacer ninguna carrera, mis padres no podían, eran gente humilde, pero mi universidad ha sido ese día a día con cientos, miles de horas de tarea, tarea, tarea…

Tu relación con la pintura ya nació en aquellos primeros años. ¿Qué fue primero, la pintura o el pentagrama? ¿Qué era lo que más te apasionaba?

Bueno, iban de la mano porque por un lado, a instancias de la familia, está esa retahíla de ideas que te van soltando en casa, eso de que tienes que hacer algo para ganarte la vida, eso de que en esto de la música hay que tener padrinos. Me acuerdo perfectamente, hay que tener padrinos, hay que tener contactos, tú no conoces a nadie, haz algo en lo que te ganes la vida, y luego, si la música te sirve como hobby, pues bien. Paradójicamente no estudié música, bueno, hice algunos cursos de solfeo, pero donde estudié realmente con más ahínco fue en el tema de las Bellas Artes. Hice Artes Aplicadas y empecé a trabajar. Lo que más me gustaba era el diseño gráfico, me dediqué a eso durante bastantes años, y luego la música era un hobby que me llenaba el fin de semana. Ya tocaba en bandas para amenizar fiestas mayores, ese tipo de músico que trabaja entre semana en equis oficio, en equis disciplina, pero luego el viernes se muda de ropa y toca en una orquesta. Yo hacía eso, lo hice durante diez años y me gustaba. Estuve un tiempo trabajando en alguna agencia de publicidad, y después de botones, hasta que pasé al estudio de diseño gráfico. Aún no se trabajaba con ordenadores, faltaba muchísimo para que llegasen, con lo cual todo era muy físico. Me encantaba trabajar con lápices, el rotring, la tinta china, el letraset. Si alguien ha trabajado en aquellas épocas como diseñador me entenderá perfectamente: paralex, cartabón y escuadra, hacer bocetos a mano alzada, hacer storyboard… Maravilloso, me gustaba. Y luego el fin de semana ya era la felicidad total, me escapaba con la orquesta con la que tocaba y volvía a las ocho de la mañana, agotado pero contento. Por eso digo que fue paralelo, empecé como batería y nunca he dejado de practicar la música, como tampoco he dejado de dibujar, de pintar. Mi primer caballete lo compré en una droguería del barrio que tenía cuatro objetos de Bellas Artes, un pequeño caballete muy sencillo. Con catorce años. Nunca he dejado de pintar, tengo cuadritos hechos por mí, siempre inventados.  No hay museo que no haya pateado, galerías de arte, ver mucha pintura ha sido otra escuela para mí, y he disfrutado en muchas ciudades de obras maravillosas. Eso siempre ha estado ahí. Las dos cosas han ido de la mano.

Llegan los años de Materia Gris. Como tú dices tocabais en bautizos, comuniones… y luego con Los Rápidos también. Esos tiempos eran felices, tiempos de aprendizaje, de descubrirlo todo musicalmente…

Sí, cuando eres adolescente, cuando eres muy joven y empiezas, todo es una fiesta, te reúnes con los compañeros. Yo en los grupos en los que he tocado he tenido mucha suerte, no había disparates, éramos gente a la que le gustaba la música y había una camaradería, había un desarrollo de las ideas, nos pasábamos el día en los locales de ensayo, los fines de semana algún bolo que salía. Cuando empezamos a coger algo de vuelo, prácticamente desde que llegaba el buen tiempo hasta otoño, cada fin de semana caían un par de bolos, a veces hacíamos hasta doblete, hacíamos cosas raras, sí, eran años felices. Pero bueno… Tengo un amigo que me dice: “Pareces el hombre más feliz del mundo, siempre estás contento”. Bueno, tengo un carácter que intenta siempre —como digo en una canción de mi último disco—, vivir un poco cada día. No estoy esperando que llegue agosto para ser feliz, o que llegue el domingo y el lunes me deprimo. No, el lunes siempre encuentro algo que no me va a deprimir. Por mi oficio no tengo días, no sé en qué día vivo, igual tengo un concierto que tengo un viaje que tengo promoción, y todo lo acometo con ganas y ánimo. Estoy muy agradecido por poder hacerlo y nunca me verás un gesto torvo, nunca diré: “esto qué coñazo”. No, nunca. Me gusta lo que hago y todo es para avanzar, para aprender, para mejorar. En aquella época era joven, incluso trabajos que no me gustaban yo los hacía lo mejor posible porque sabía que luego había una recompensa. Cada tarde, al acabar, al terminar mi trabajo, me iba al local de ensayo y estábamos tocando. Imagínate el repertorio de los grupos de aquella época: ¡Pink Floyd! Copiábamos, hacíamos versiones de aquellas bandas. En las orquestas igual tocábamos un pasodoble, un bolero, una rumba, pero al final de la fiesta siempre había rock. Cuando estaba en Materia Gris igual nos llamaban para una fiesta mayor y lo hacíamos, pero luego también íbamos a discotecas, hacíamos rock, nos pirraba, éramos chavales de barrio con esa pretensión de llegar a ser músicos de rock. Lo de la orquesta o el grupo de baile era algo puntual, una estación de paso, no queríamos quedarnos en eso, queríamos llegar a ser roqueros, esa era nuestra ilusión, lo que esa idea conlleva de libertad, de respeto. Los tíos del rock son la bomba, son libres, hacen lo que les da la gana… Siempre he estado ilusionado, ya digo, estoy muy agradecido a la vida porque en ese sentido, aunque he estado en otros oficios, en labores que no me gustaban, la música era mi acicate, el brillo de los días.

Luego conoces a Quimi Portet, formáis Los Burros y finalmente el éxito os llega con El Último de la Fila. Creáis un estilo muy identificativo mezcla de rock, pop, cantautor, flamenco, copla… ¿Cómo lo conseguisteis? ¿Cómo lograsteis esa fórmula?

Bueno, creo que cada uno tenía características muy diferentes, pero había un denominador común, que era el rock. Nos gustaba a los dos, lógicamente. Luego, en cuanto a estilos, puede haber una diferencia y lo que hacíamos los dos era dejar que el otro desarrollara un poco su manera, no coartarla. Tú aportas eso yo aporto esto, y hacemos una suma. Luego, por otro lado, hay ya un bagaje, somos jóvenes en el momento en que nos conocemos. Cuando nos ponemos a trabajar de cara a la idea de El Último de la Fila, teníamos veinticinco años, tanto Quimi como yo hemos empezado jóvenes. En mi caso la primera vez que subí a un escenario tenía trece años y hay fotos que lo documentan, cantando rock ya, nada de cantar en el coro del pueblo, no, no, cantando rock. Cuando El Último de la Fila empieza a gestarse yo llevaba ya diez años forjándome en el oficio, en el día a día del escenario, que es la escuela más eficaz, con otros chavales. Pero no en locales de ensayo solo, sino tocando en directo y ganando un dinero, con lo cual no puedes fallar, tienes que hacer una tarea. Quimi igual, también empezó muy joven. Ahí hay ya una formación, hay una técnica, hay un oficio que está en una posición correcta para empezar a crear, y es lo que hacemos, crear. Él aporta su bagaje, yo aporto el mío. Por ejemplo, a él no le interesaba nada la digamos, música nacional, y a mí sí, a mí me encantaba, yo había descubierto que las bandas americanas e inglesas, el rock anglosajón, me entusiasmaba, pero había grupos aquí, en mi idioma, en mi lengua, que hacían canciones y las hacían bien, y me emocionaban. Comencé a descubrir el rock muy temprano, comencé a descubrir el grupo Los Brincos, aquello estaba muy bien, luego Los Módulos, esas bandas setenteras que nacen aquí un poco al hilo de lo que se está haciendo fuera pero de alguna manera con un toque de aquí. Descubrí a Los Módulos y por ejemplo Triana, yo aporto eso, mi amor al rock patrio en el sentido de hecho en castellano, en mi lengua, y a Quimi le gustaba más el blues, el rhythm and blues. Bueno, en esa olla incipiente vamos metiendo cada uno nuestras cosas y lo que hacemos es no coartar nada sino todo lo contrario, potenciar, y esa sería un poco la explicación.

En cualquier caso es una aventura gloriosa la de El Último de la Fila y firmáis algunos elepés míticos: Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana, Astronomía razonable, La rebelión de los hombres rana

Y enemigos de lo ajeno, si me lo permites…

Enemigos de lo ajeno, efectivamente… Y el final llega, porque todo se acaba pero, ¿por qué se disuelve el grupo? ¿Se puede decir o forma parte del secreto del grupo?

No hay ningún secreto, es algo tan prosaico como el agotamiento de las cosas, todo acaba en esta vida, con el uso las aristas se van poniendo romas, va perdiendo brillo la cosa, fueron diecisiete años, no demasiados discos porque éramos bastante cautelosos y trabajábamos con mucha parsimonia las canciones. Tampoco teníamos prisa, hubo siete discos, diecisiete años, muchísimos conciertos, cientos y cientos de noches, mucha carretera, y acabamos porque las cosas se acaban y porque llega un punto en el que nos damos cuenta de que no tenemos mucho más que decir como equipo de trabajo, porque éramos un equipo al cincuenta por ciento, que es una tarea ingente. No lo parece pero compartir la tarea de creación absolutamente no es aquello de: el cantante hace las letras y el bajista hace las músicas, y el resto tocan y el resto del tiempo están en el bar… No, no, él y yo éramos un todo, música, letras, arreglos, absolutamente toda la composición. Ahí tienes un cubo que llenar y tú vas echando, la otra persona va echando… En este caso somos dos, y hay cosas que tú echarías y quizás no echas porque tienes que dejar sitio para que el otro eche la parte suya, para que llenemos el cubo. Llega un momento en que eso ya está y supongo que a cierta edad autores como yo sienten la necesidad de tener un discurso propio. Pero ya digo, no hay mucho más que eso, las cosas se van agotando, y luego ni él ni yo hemos sido nunca amigos de rebañar el plato, de estar ahí queriendo sacar agua de un pozo donde ya no hay nada, donde solo sale barro.

¿Seguís manteniendo una relación, os llamáis?

Sí, la Navidad pasada Quimi hizo unos conciertos aquí en Cataluña y estuve con él, me invitó a cantar, y claro que sí, hemos sido un equipo de trabajo, hemos sido muy amigos, una relación de mucha amistad. Ahora vivimos en ciudades diferentes pero hay un respeto y una cordialidad absoluta y un recuerdo muy bonito de ese tiempo que vivimos juntos como un equipo y que dio un fruto: a las pruebas me remito.

Ahí se demostró que “nunca el tiempo es perdido”, como dices en tu canción…

(Ríe) ¡Claro…!

Y entonces surge Manolo García en solitario, ¿te costó romper con el pasado, emprender una aventura en solitario, individual, o fue todo rodado?

Bueno, me tomé un tiempo, hubo ahí un impasse, un poco de descanso porque he de confesarte que lo de El Último fue una historia muy intensa, nos costó mucho, yo era la parte ejecutiva en el sentido de que era el que iba a las compañías de discos, el que llevaba las maquetas e intentaba ver a los ejecutivos. Pasamos por diferentes compañías, eso costó años, costó esfuerzo, pero cuando ya estábamos ahí arriba, después de años de tarea, aquello era muy serio, algo muy firme, y aún a día de hoy la gente me dice: ¿por qué no volvéis? Muchísima gente querría que volviéramos y yo creo que sería un exitazo. Tenemos promotores, compañías de discos que siguen tirándome los tejos: “piénsatelo”, “pensadlo, de verdad, sería la bomba”. ¡Pero vamos a ver, que el señor Portet tiene su carrera, su camino, y yo tengo el mío! Y oye, si yo hubiera comprado una ferretería tras El Último de la Fila y me hubiese dedicado a montar camionetas en la Renault y después de quince años de vender coches o vender tornillos dijera “estoy hasta las narices, yo quiero volver a hacer música”, pues sí, podríamos volver a hacer el grupo. Pero es que él inmediatamente pasó a grabar sus discos y yo también. Yo al año de separarnos ya estaba con mi disco. No tiene ningún sentido. Siempre lo dije, desde el primer momento. Cuando alguien me preguntaba “oye, tu carrera incipiente, en solitario, está empezando ahora; si no funciona, ¿volverás al Último?”, yo respondía: “jamás, no miro hacia atrás nunca, yo miro para adelante”. ¿Por qué eres tan taxativo, por qué tan rotundo?, me insistían. Pues porque no soy añoradizo, odio vivir de recuerdos, vivir de lo que fuimos, tener que estar tocando siempre las mismas canciones, los mismos éxitos, me gusta el reto, me gusta lo que hay delante, con lo que el reto conlleva. Puede conllevar fracaso, pero el fracaso en la vida también es algo muy relativo, depende de cómo lo encares, depende de tu yo interior, depende de tus pretensiones a nivel anímico, no todo es materia. La gente dice: es que necesito que todo vaya bien para poder tener un coche mejor, o un chalet. No, millones de personas no tendrán un coche mejor nunca, ni un chalet, y tienen una vida rica en emociones. Yo no quiero volver a eso, para mí lo importante es saber que ahora mismo cuelgo el teléfono, acabo la entrevista contigo y si me apetece me pongo con mi libreta, mi lápiz y mi guitarra a escribir canciones nuevas. Eso me da vida. Estar viviendo de éxitos pasados me parecería indigno, hay que avanzar, hay que avanzar, hay que caminar.

Quería preguntarte por algunos temas más sociales, más políticos, porque estos años de crisis he visto que te has prodigado como artista comprometido. Has denunciado cosas cuando otros guardaban silencio. ¿Qué es lo que crees que hemos aprendido de esta crisis si es que hemos aprendido algo? Mucha gente lo ha pasado mal…

Y siguen pasándolo mal ahora. Hombre, de entrada lo que hemos aprendido todos es que hemos visto, estamos viendo, que esta crisis unos cuantos la están utilizando para que les vaya mucho mejor. No comparten, no reparten esa buena suerte o esas malas artes. Esta crisis está sirviendo o ha servido para que una gran mayoría esté más chafada aún que antes y que se pierdan pasos en la buena dirección que se habían dado en los años setenta y ochenta en el sentido de avanzar hacia una sociedad más justa, hacia una manera laboral mucho más adecuada a las necesidades del trabajador. Ahora lo que hemos aprendido es que gracias a la crisis hay precariedad laboral. ¿Crisis? ¿Qué crisis? Como decía Supertramp… Esta crisis ha sido así por la burbuja, por los bancos o por nosequé… ¿o ha sido en realidad una operación finísima de ingeniería hecha con bisturí? Yo qué sé, esto es un disparate, lo que está claro es que ya no se habla de crisis pero sigue habiendo una precariedad para mucha gente que no es correcta.

Y mientras la gente pasaba hambre otros se llenaban los bolsillos. ¿Cómo calificarías todo lo que ha pasado con el Gobierno de Rajoy? Ahora lo vemos como muy atrás en el tiempo, pero sigue estando muy reciente…

Bueno, los tramos históricos son una montaña rusa como sabemos. El gran problema de las democracias es que en cuanto los cuerpos políticos se enraízan van embebiéndose de una soberbia absoluta y al final el interés del partido prima, olvidan a la ciudadanía, que es la que los pone ahí. Incluso olvidan a los suyos, a sus propios votantes, en esa soberbia. Luego claro, el político puede instalarse en el poder durante décadas, durante veinticinco años o más, somos humanos, hay que tener un fuste, una ética muy férrea, hay que tener una formación moral muy férrea para no dejarse llevar por la buena posición para el mangoneo. Son males endémicos de estas democracias; estas maneras de organizarse entre ellos, los sueldos vitalicios, el apoltronamiento, ahora lo ves, estas guerras de reinos de taifas, ya lo estás viendo todos los líos que hay. Pero no hablo solo del partido saliente, hablo en general, los socialistas, los rifirrafes entre la presidenta de Andalucía y el actual presidente español, rifirrafes, movidas, intereses de partido. Y mientras esas energías van desgastándose o van ocupando su tiempo en sus quehaceres internos la ciudadanía está desprotegida, está desatendida, no sé si estás de acuerdo conmigo…

Totalmente. Quería preguntarte también por la libertad de expresión, que está seriamente amenazada. ¿Qué piensas cuando ves artistas como Evaristo y otros que en los años setenta y ochenta cantaban libremente lo que les daba la gana y ahora los quieren encarcelar por cuatro tuits o cuatro letras de canciones, ¿cómo ves esta situación?

Bueno, todo viene de la misma ponzoña, yo no sé… La libertad de expresión en la democracia es absolutamente imprescindible, se puede puntualizar, evidentemente no es correcto y es punible hacer apología de la violencia, insultar gravemente, amenazar de muerte, eso debe estar prohibido, hay que multarlo, hay que coartarlo. Hay cosas que son de cajón, nadie puede amenazar a nadie de muerte, nadie puede insultar, nadie puede agredir verbalmente, eso es una norma de convivencia. Quitando esta salvedad, si reproduces mi respuesta, quiero que quede clara. A partir de ahí, ¿cómo reaccionarían ante situaciones de este tipo democracias más firmes que la nuestra, democracias con más tiempo, con más años en Europa? Pues yo creo que multando, dando unos toques. Pero aquí hay límites. Evidentemente tengo respeto absoluto por la justicia, no soy juez, pero ya digo, salvando cosas que son de cajón y que caen por su peso, si no tengo libertad de expresión, ¿qué democracia somos? Y si yo te amenazo a ti de muerte alguien tendrá que cogerme por la oreja y decirme: “Señor, no puede hacer usted eso”. Pero hay muchas formas de decirlo. ¿No te parece?

Otro de los derechos que parece que se ha recortado también es el derecho a la educación. ¿Eres optimista, crees que con la llegada de un nuevo Gobierno se invertirá más en cultura en nuestro país?

Tampoco quiero hacer hincapié en si ahora o si en los tiempos de la derecha… Ahora que tanto hablan de transversalidad (todo el mundo habla de esa palabra tan ilustradora que se han inventado), al final somos una sociedad, vivimos en democracia, somos responsables todos, todos, da igual los colores políticos. Al final hay una política neoliberal de centro, de apaño, un poquito de nadar y guardar la ropa, pero están las cosas básicas, la sanidad, la enseñanza… Si llegamos al punto en el que solo las personas con posibles económicos pueden llevar a sus hijos a estudiar a lugares concretos donde se les educa en una dirección, ¿qué se pretende, que solo los hijos de familias con posibles puedan hacer carrera, que solo las élites logren dirigir a los ciudadanos del futuro? ¿Que una persona de, entre comillas, un rango inferior no pueda estudiar, no pueda hacer una carrera? ¿Se pone un palo en la rueda de esas personas con menos posibilidades económicas? ¿Se encarece el dinero para matricularse en las universidades? Todo eso es terrible, la cultura, la enseñanza, es el futuro de una nación, es el futuro de los países. Los países con formación, con cabezas pensantes, con gente preparada, son los que avanzan, y la formación humanística es imprescindible. ¡La filosofía! Yo en alguna entrevista lo he dicho: para mí los gobernantes deberían ser personas sabias, con una formación humanística profunda, personas de probada ética, que fuese muy difícil acceder al poder. Luego está la cuestión de que España es un país con un funcionariado y un cuerpo político de un número ingente, creo que somos un país con 400.000 servidores públicos, no sé si Italia está ahí a la par… ¿Es necesaria tanta gente para llevar las administraciones? Claro, la gente tiene que trabajar, todo es cuestionable, pero creo que hemos puesto todos los huevos en una sola cesta y así nos va. Tenemos el turismo pero vamos a ver, ¿dónde están las ciencias? ¿Cómo que nuestra gente joven, más preparada, los científicos, se tienen que ir al extranjero porque aquí no hay? ¿Cómo? Eso es un gran error. Y luego lo de los planes de enseñanza, eso que estamos hartos de oír y que todos repetimos: “es que la enseñanza en España es horrible”. Nuevos planes de enseñanza, cada nuevo Gobierno tiene el suyo, cada uno los va cambiando a su conveniencia, y se da por hecho. Bueno pues rebelémonos, pongámonos en pie contra esas injusticias. O el tema de las pensiones, vamos a ver, millones de españoles trabajando cuarenta, cuarenta y cinco años de su vida, cincuenta algunos, pagando religiosamente cada mes la Seguridad Social, ¿y ahora no hay dinero y lo que se sube es el 0,25 por ciento? Hay que salir a quejarse y solo salen los jubilados y el resto del país no sale, pues así nos va, solo los abuelos salen a protestar ante una injusticia tamaña. Es un cúmulo de todo esto, estamos comiéndonos lo que hemos sembrado o lo que dejamos que otros siembren y cultiven por nosotros.

Como catalán que conoce bien su tierra, ¿qué sientes con lo que está pasando allí? ¿Crees que tiene arreglo, que tiene solución, hay posibilidad de esa reconciliación que tanto se anuncia ahora?

Yo entiendo que si el tema del Estatuto, en su momento —¿cuánto hace ya? ¿ocho o diez años?—, se hubiese llevado de una manera correcta, pues estaríamos en otra situación. Creo que es una cuestión política y que no es correcto arreglarla judicialmente, eso lo sabemos todos, lo decimos todos. Debería tener un arreglo político, ¿no? Ha habido políticos del pasado reciente que no han querido sentarse a ninguna mesa a trabajar, a buscar caminos de consenso, y yo entiendo a mi manera, como simple ciudadano, que da igual que yo haya nacido en Barcelona, porque si hubiese nacido en Cádiz o en Burgos pensaría lo mismo: los problemas políticos se resuelven políticamente. Como decía Alberti, no se resuelven las cosas con policía, con porras, se atrapan más moscas con miel que con vinagre, es algo sencillo dentro de lo complicadísimo que es el problema, es una cuestión que tiene una raíz muy profunda. En algunos casos conozco personas que esa raíz la traen desde siglos atrás y viene de padres a hijos. Es tan respetable como todo lo demás pero vivimos en el año 2018, con una situación política y social concreta, con una organización estatal concreta, se habla de todo, se habla de federalismo, se puede hablar de lo que quieras, pero todo tiene que pasar por la política, nadie puede eludir esa situación, de hecho hay personas cobrando sueldos sustanciosos para hacer esas tareas. El señor que acaba de salir del Gobierno, yo, para mí, y te lo digo de una manera muy simple, tuvo que estar aquí hace muchos meses o años, desde el primer día, poner un pie aquí, te estoy hablando de Cataluña, y sentarse a hablar no una hora, no, diez días, diez meses, diez años. Las cosas se encaran y esta persona no lo encaró y estamos como estamos, pero yo creo que tampoco hay que rasgarse las vestiduras, siempre hay una esperanza, ¿no? Hay personas con una pretensión seria de que las cosas se arreglen sin empecinamientos, sin aferrarse a cosas fijas, y todo tiene arreglo en esta vida, no hay nada imposible, hay que tener buena voluntad.

Se ha demostrado que hay esperanza con el caso del barco Aquarius, un montón de gente que estaba condenada a morir se ha rescatado, se les ha salvado la vida, ¿cómo ves el asunto de la inmigración?

Por un lado, evidentemente, a las personas que están en esa situación límite, desesperada, hay que atenderlas. Somos humanos, es por humanidad, pero claro, entiendo que hay que atenderles en el lugar de origen, vienen de países muy desastrados, con políticas muy cruentas, con regímenes militares, hambrunas, una injusticia social galopante. Bueno, tenemos estamentos internacionales como la ONU y los cuerpos políticos de todos los países del llamado Primer Mundo se unen para equis cosas. Pues deberían reunirse para esto. Ya que somos un planeta global y vivimos todos en una posición global, ya que traemos mercancías desde China, exportamos, importamos y todo se mueve en 24 horas, en barcos, en aviones, ya que manejamos maquinaria todo el tiempo para transportar mil chorradas que no necesitamos y que todo el mundo va a comprar al chino de la esquina cinco mil tonterías que no necesitamos porque son muy baratas, ya que nos movemos en esos niveles de globalidad, hay que atender el problema. Yo entiendo que es una salvajada andar poniendo concertinas, y vallas y muros, y machacando a las personas. Lo que hay que conseguir es que no estén desesperadas por venir, que sean felices en sus zonas, que sus sátrapas locales dejen de serlo y les gobiernen personas con cabeza, con cerebro, con la cabeza bien amueblada, con humanidad, y si necesitan ayuda que esas personas con sentido común que les gobiernan pidan ayuda a la comunidad internacional, y que la comunidad internacional, igual que en el siglo pasado expolió todo el continente (holandeses, ingleses, españoles, portugueses), pues ahora hay que atenderles también. En un siglo se les expolia, se les coloniza, se les machaca, pues ahora lo que hay que hacer es todo lo contrario, ayudarles, y no poner concertinas ni ejércitos, o ametralladoras o policías con la porra en alto para que no pasen. Se están muriendo de hambre, señor, usted haría lo mismo, se están muriendo de terror, son huidos políticos en el caso de Siria. Por favor, paren esa masacre que dura siete u ocho años, es un disparate, háganle ver a ese señor que está machacando a su propio pueblo que eso no es correcto, que es una salvajada, no sé qué habrá que hacerle, amenazarle o echarle una mano por el hombro y hacerle recapacitar, pero tú no puedes decirle a un sirio que huye despavorido porque ha muerto toda su familia: “no entres aquí porque te machaco la cabeza y te pongo una concertina”. A ver, esta discusión, aquí y ahora mismo, parece muy simple, muy fácil, y las cosas no son tan fáciles, pero creo que en el fondo, si humanamente nos atendiéramos unos a otros, habría menos problemas en general.

Esta entrevista fue publicada en la revista en papel de Diario16.

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