Humor Gráfico, Iñaki y Frenchy, Número 98, Opinión, Óscar González
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Tesis e hipótesis

Por Óscar González / Viñeta: Iñaki y Frenchy. Sábado, 23 de septiembre de 2018

@Morgoski

La universidad en España ha sido motivo de orgullo desde hace no poco tiempo. La altísima demanda internacional de profesionales formados en universidades españolas y el hecho de que muchos de ellos (me perdonen por no usar el inclusivo) se encuentren al frente de importantes proyectos científicos deberían ser buenas pruebas de ello. Gracias a la educación superior, tenemos un astronauta y dos premios Nobel de medicina. También seis de literatura, pero ahí entran, seguro, otros factores.

La universidad ha sido también la meta aspiracional de la clase trabajadora. Para la generación de nuestros padres, poder mandarnos a la universidad era El Logro. La garantía de una vida mejor que la suya. Igual de sacrificada, pero con mejores recompensas. El metafórico ascensor social se tornaba corpóreo en ese título colgado en la pared.

Sin embargo, históricamente la universidad ha sido el terreno de las élites. Cualquiera que haya pasado por ella sabe que estudiar no es barato, así que imagínense hace cincuenta o sesenta años a ese campesino o currelo de fábrica viviendo con lo justo (y algo menos) y teniendo que pagar además los estudios de sus hijos. No estaba al alcance de todos y por ello la universidad estaba poblada principalmente por burgueses y pequeño burgueses que, teniendo el tiempo y dinero necesarios para estudiar (o no), salían habilitados para colocarse en un buen lugar gracias a la agenda de papá.

Pero la clase trabajadora, obstinada, seguía queriendo coger ese ascensor social. Llegaron los gobiernos presuntamente progres y crecieron las ayudas para las familias con menos recursos. También creció la economía y nos empezamos a creer clase media. Empezamos a ir a la universidad en cantidades industriales. Estudiamos carreras y nuestros padres tuvieron, al fin, el ansiado símbolo para colgar en la pared del salón, junto a la horrible foto de sonrisa artificial, especie de poncho de colorines y  Vispring para disimular la resaca.

Las élites echaron cuentas y repararon en que, con la estructura del mercado laboral en Europa, no iban a ser capaces de absorber toda esa masa de desharrapados con un título debajo del brazo. Habían creado una población altamente cualificada y no solo no tenían forma de canalizarla, es que encima les quitaba puestos a los de los apellidos compuestos. Sacrificaron un pensionista al dios mercado y este les dio la clave de bóveda: diferenciación. Tomaron nota.

Empezó a ponerse de moda complementar los estudios universitarios con un máster. Eran unos cursos especializados que costaban un pastizal y, encima, la mayoría eran privados. Los hijos de los burguesitos se los sacaban con la gorra, pero los hijos de curritos, generalmente, se los pagaban con no poco esfuerzo una vez habían conseguido un curro. Al final, la herramienta no había servido para mucho: los pobres seguían colegiándose en igualdad de condiciones que los que tenían preposiciones en el apellido. Había puesto un filtro más grande, sí, pero seguían entrando. Entonces llegó Bolonia y los másteres se volvieron obligatorios en muchas profesiones, la gran mayoría de ellas las llamadas liberales (abogacía, psicología, etc).

Y entonces los niños bien empezaron a irse a universidades privadas, en muchas de las cuales la única prueba de nivel a lo largo de una carrera, máster, posgrado o doctorado es verificar si se parecen a la foto de su padre (o padrino). Y los curritos, sin padrinos que amenazan a alcaldes por teléfono y ganando apenas lo justo para mantenerse vivos, limpian mesas en bares de menú usando el diplomita como bandeja.

Hace tiempo que pienso que el Partido Popular es, junto al PSOE (y C´s), manijero de esas élites (Anguita dixit). Y también sostengo que, por aquello del nosotros o el caos, se han propuesto no dejar en pie ni una sola de las instituciones del Estado. Pero nunca creí que se atreverían con la universidad, la verdad. Por aquello del orgullo patrio que les decía en el primer párrafo.

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IÑAKI Y FRENCHY

@inakiyfrenchy76

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