Ben, Humor Gráfico, Número 98, Opinión, Óscar González
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El sueño de la razón produce monstruos

Por Óscar González / Viñeta: Ben. Viernes, 20 de julio de 2018

@Morgoski

El otro día tuve una pesadilla horrible de la que todavía no me he recuperado. Estaba en mi casa tocándome con las obras completas de Gramsci cuando miraba el reloj y veía que llegaba tardísimo a una manifestación. No recordaba siquiera lo que se reivindicaba, pero notaba esa inquietud del que siente que está faltando a su deber revolucionario, así que cogía móvil, tabaco y americana antes de salir echando leches con la esperanza de, al menos, llegar para los bises.

Nada más salir del portal me encontraba de cara con la vecina del primero. Traía una caja llena de gatos huérfanos y se empeñaba en darme un mitin sobre lo necesario que era luchar por los derechos de los animales y cómo no entendía que la gente que nos llamábamos “de izquierdas” no estuviésemos más implicados con ese tema. Le respondía que me encantan los animales, los gatos en especial, y que todos los que he tenido eran recogidos de la calle o adoptados, pero que tenía mis dudas de que el animalismo fuese un asunto sobre el que debatir en términos de izquierda o derecha. En cualquier caso, era un tema profundo y lleno de aristas que no encajaba bien con mi prisa, así que la emplazaba para otro momento. Ella farfullaba algo como respuesta, pero no la oía porque ya estaba corriendo calle abajo.

Llevaría unos tres minutos corriendo cuando, al pasar al lado de una mesa informativa, un chaval bastante simpático intentaba pararme para explicarme algo sobre la importancia de utilizar un “lenguaje neutro” que no invisibilizase a los colectivos minoritarios. La solución al problema era, en apariencia, bien sencilla: bastaba cambiar la vocal final de la palabra por una “e” y con eso, poco a poco, se obraría el milagro de la normalización. Me disponía a replicarle que no creo que se pueda generar ese lenguaje de forma artificial y que, además, el lenguaje es parte de la superestructura y eso son palabras mayores… pero no llegaba a hacerlo porque de pronto cruzaba la calle una chica también muy simpática y se enzarzaban en una discusión sobre si el neutro mejor en “a” o en “e” y las “invisibilizaciones”.  Cuando empezaban los gritos (que fue pronto) yo, como el prota de La Vida Manca, “aproveché para huir”.

No llegaba ni de coña, así que apretaba más el paso. Me encontraba de frente con una mesa violeta en la que Irantzu Varela y dos chicas muy monas recogían firmas para que la palabra de la víctima fuera suficiente para una condena en casos de agresión sexual. Me pedían una firma y yo decía no. Me disponía a explicar que, aunque apoyo buena parte de sus luchas, esa reivindicación en concreto me parece aberrante y peligrosa. Sin embargo no llegaba a hacerlo, porque las tres al unísono me empezaban a gritar neologismos rarunos: machitrol, señoro, cisprivilegiado y cosas así. Luego, una chavalita sin edad para votar me decía que lo mejor que podía hacer era callarme y me comparaba con los nazis. Y como iba con prisa, pues me callaba y tiraba millas.

Total, que al final acababa llegando a la manifestación cuando ya estaban recogiendo las pancartas y demás bártulos. Veía algunas caras conocidas entre los que iban quedando y, para que se notara que mi implicación estaba intacta, me acercaba a disculparme por no haber llegado a tiempo. Haciendo ver que estaba muy a tope con lo que se reivindicaba, acababa enterándome del motivo de la manifestación: resulta que una gran multinacional dedicada a la venta de todo tipo de artículos, pieles naturales incluidas, tenía a trabajadores en condiciones laborales de semi esclavitud, despedía mujeres si estas quedaban embarazadas. Además, según un análisis que había hecho uno de los sindicatos convocantes, no había una sola mujer por encima de los mandos intermedios. Y por si la monstruosidad no era suficiente, resulta que fabricaban unos kits para enderezar maricones que habrían puesto cachondo al mismísimo López Ibor.

No tengo reparo en decirles que me sentía verdaderamente mal; peor cuando me contaban que habían asistido cuatro gatos. Me daba la sensación de haberme perdido una lucha verdaderamente importante por el tiempo perdido en cuestiones que eran, como mínimo, discutibles. Pero al final, resignado, cogía camino a casa con la sensación de haber traicionado a mi propia clase social.

En ese momento la pesadilla se volvía verdaderamente delirante, porque al ir acercándome a mi portal veía frente a él una gran masa de personas que portaban pancartas y megáfonos. Eran más de quinientos. Apuraba el paso pensando que tal vez había algún desahucio o algún problema similar…

… y entonces veía que las pancartas llevaban mi cara y los eslóganes tenían mi nombre. Personas a las que no conocía de nada y con las que nunca había cruzado media palabra me acusaban de homófobo, especista, machista y no sé cuántas cosas más. En change.org había una petición para que se me desterrase y varias personas analizaban en Twitter mi vida sexual, buscando aquellos momentos en que había tenido “actitudes”. Entonces, como a un personaje de Lovecraft, se me quebraba la cordura y empezaba a gritar con un tarado.

Ahí me desperté. Y aún sigo con el mal cuerpo… sobre todo por la piedra que entró, al poco, por la ventana con la frase “tú no eres de izquierdas ni eres nada. La verdadera izquierda es la nuestra”.

La cabeza de caballo que recibí por Amazon al día siguiente tampoco ayudó a que me calmase.

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@BenBrutalplanet

2 Kommentare

  1. Gabriela dicen

    Me ha gustado mucho el artículo Oscar. Tocas temas que a mi últimamente me estàn haciendo pensar mucho. En mi opinión rozamos lo histriónico muy a menudo en el tratamiento de ciertos valores que la izquierda adopta, ignorando leyes psicológicas y sociales que llevan su tiempo modificar por la propia evolución del individuo y de la sociedad. A veces nos cargamos la propia evolución por imponer, estigmatizando, traicionando a la propia razón.

  2. És el malson d’un grapat d’hòmens que ja no reconeixen el Quijote o l’esquerra, que es veuen botxins cuidant una mare, un iaio o una esposa.
    M’ha agradat el seu article.

    Vicent Adsuara i Rollan

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