Francisco Saura, Número 98
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Black Berry

Por Francisco Saura. Domingo, 8 de julio de 2018

@pacosaura2

Los trajes impecables, de color burdeos, no fueron óbice para que Black Berry reconociera en aquella gente a sus iguales. Los vio llegar con sus cabelleras al aire, con sus relojes de platino y sus rostros oteando el vuelo de las gaviotas del cercano puerto. Y los vio marcharse a las pocas horas con sus trajes burdeos resplandeciendo en gotas de oro y diamante, con sus rostros observando las últimas nubes rojizas del crepúsculo, con sus puños cerrados, apretados, marcando nervios de acero. En los embarcaderos les esperaban los yates, los capitanes de blancas barbas, las botellas de champán y el húmedo viento del inmenso e inexplorado mar de las estrellas de Orión. Por allí pasó Pedro Alberto Cruz recitando poemas de No comparto las razones de la luz y los marineros lo arrojaron al agua; por allí pasaron los rapsodas de la Murcia Liberal y los capitanes se mofaron de su impostura; por allí llegó pidiendo agua un tal Valcárcel y los cangrejos del estuario le pinzaron el vello de las piernas.

Trajes impecables de poetas del dinero, cabellos al viento del oeste, llanuras infinitas y caballeros cazando pieles rojas. Y en la desdicha, los ríos son campos de serpientes y de amapolas azules por los que descendemos buscando las estrofas de nuestra muerte. A lo lejos, el agua salada se endulza con nuestro trabajo y nuestra desdicha, y la sangre brota de las tripas de los salmones.

Black Berry soñó con un mundo de bribones viviendo en los palacios del poder, Black Berry soñó con rimas acabadas en $, Black Berry soñó con un ducado en Palma, Black Berry, Black Berry vente para Murcia: tus sueños se harán realidad.

Los vio llegar con sus cabelleras al aire, dulces frentes de licor de avellanas, la piel tersa y las palabras melodías de un mundo infernal. Así debió ser Satán cuando gobernó en tiempos del holocausto: dulce, meloso, besando niños y aplastando cráneos. Ahora ya nada de eso queda, vivimos en paz, los médicos son nuestros amigos y los economistas nuestros protectores. Entramos en los bancos como en los hospitales, con esa dicha interior que nos protege de todo mal.

Black Berry, háblanos de la tristeza de nuestros padres, muertos en campos de batalla o de espaldas a los muros de los cementerios. ¡Y explícanos cómo se crea tristeza en las luciérnagas de la ciudad! Tú lo sabes, eres el hombre nuevo, vives para amar y para ser odiado, y escribes besos de ambrosía en las puertas de nuestras vidas.

Black Berry soñó con un mundo de bribones viviendo en los palacios del poder, Black Berry soñó con rimas acabadas en $, Black Berry soñó con un ducado en Palma, Black Berry, Black Berry vente para Murcia: tus sueños se harán realidad.

Así habló el poeta, tejiendo versos en las nubes, tejiendo mentiras en las entrañas de una ciudad, bebiendo de los sueños el licor de la alegría.

Estamos secos, estamos secos…

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