El Koko Parrilla, Humor Gráfico, Número 98, Opinión, Xavier Latorre
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Reincidentes

Por Xavier Latorre / Viñeta: El Koko. Sábado, 16 de junio de 2018

Xavier Latorre

El PP no aprende. ¿Cómo se le ocurre mantener en llamas el conflicto catalán a su antojo para sacar rédito político y para intentar recuperar en la primavera del año próximo, a costa de intoxicar a la opinión pública, las alcaldías de Soria, Zamora o Toledo, entre otras? ¡Vaya temeridad! Era demasiado arriesgado tensar tanto la cuerda y claro les ha salido el tiro por la culata. Y a su acólito Ciudadanos, también. No se puede engordar el granero electoral eternamente a base de envenenar gestos, infectar noticias o atizar a los independentistas catalanes todo el tiempo.

Los populares son reincidentes. Se les va la mano a menudo. Ya pasó con los atentados yihadistas del 11-M de 2004. Entonces ya hubo que desalojarlos de la Moncloa porque se creyeron sus propias mentiras, elaboradas en un sombrío laboratorio plagado de falsos profetas y prepotentes gobernantes palurdos. En aquella ocasión, lo suyo hubiera sido oficiar un funeral de estado en el Bernabéu, con música de Pau Casals y con todos los partidos haciendo piña en el palco. El listo de Aznar prefirió ganar un saco de papeletas extras a base de falsedades. Al más cínico del mundo no se le hubiera ocurrido jamás esa malévola estrategia. Se les dio una patada electoral en el culo por ineptos y rebuscados. Justo ahora aquel Gobierno aznarista rinde cuentas, además, por embolsarse dinero a espuertas. A casi todos los ministros del “España va bien” les embiste la justicia por corrupción. Caen como moscas. Y el presidente Aznar aún saca pecho. ¡Vaya morro!

Reincidentes. Lo han vuelto a hacer hace unos días. No asimilan que gobernar no es sacar provecho ideológico, económico o partidista de todo. Tienen, o tenían, porque imagino los habrán despedido fulminantemente, unos torpes asesores de imagen que no sabían anticipar las plagas bíblicas, que no intuían por donde venía la contestación social (mujeres y pensionistas, entre otros), que no anticipaban los cambios sociológicos más evidentes. Si yo fuera votante del PP pediría una indemnización por la mala gestión de la sentencia del caso Gürtel. Hubiera bastado hacer una declaración solemne, con Rajoy en modo compungido, para pedir perdón al estilo Juan Carlos; nombrar a un juez estrella de su cuerda nuevo Comisionado contra la Corrupción que es gratis; convocar un congreso extraordinario del partido para hacer el paripé, hacer una crisis de Gobierno urgente poniendo a alguna mujer más en el gabinete y levantar un poco el pie del acelerador en Cataluña para poder seguir mandando una temporada extra; pero claro les puede la prepotencia. Un becario millennial con algunas luces les hubiera solucionado el embrollo por mil euros y hubiera puesto a salvo los sustanciosos sueldos de altos cargos como Wert o Morenés. ¡Son un auténtico desastre! Para colmo, el seguidismo de Ciudadanos, con su cansina cantinela excluyente para recabar apoyos gratuitos por toda la geografía española, también taladraba las mentes del personal. La mayoría silenciosa tenía embozados los oídos con tanta consigna rancia.

Rajoy se ha evaporado de la poltrona sin sentarse a hablar con ningún “apestado catalán”. Era un tipo patético. Viajaba a Barcelona para lanzar cuatro improperios en un canutazo en un minúsculo reservado de un hotel catalán. Esa era su contribución de gran estadista a la solución de un problema enquistado. Rivera tampoco le hacía ascos a esa política de tierra quemada. Les daba igual el mañana. Solo pretendían salir guapos en el telediario y evocar, en plan hooligan, que la delirante patria reinventada era solo de ellos, patrimonio exclusivo de sus siglas. Han jugado con fuego y, finalmente, han quedado maltrechos por soberbios. Los catalanes necesitan amor (algunos de ellos también son de cuidado) y el PP solo les brindaba raciones de odio en su perverso catering. Si un millón de catalanes salían a la calle pidiendo “cosas” el Gobierno rajoyista, para sacarlos de quicio, ningunearlos o menospreciarlos, era capaz de darles a los riojanos o murcianos “cosas” que estos ni siquiera habían pedido. A los catalanes, ni agua ¡Maldito café para todos!

Ahora, con la sobredosis de Sánchez, el PP entenderá por fascículos que había que rebajar el tema catalán y que los excesos de corrupción no salían gratis: que la libreta, el disco duro y los favores a empresarios rastreros de Bárcenas y compañía no resultaban de balde. ¡Hay que ver! Quizá por eso algunos asesores de Rajoy hayan desertado. No podían ofrecer recetas a unas mentes tan cerradas. El oráculo de Albiol en Badalona, de Basagoiti en el País Vasco y de Monago en Extremadura (donde fue consejero) es ahora la mano de derecha de Sánchez. Iván Redondo es el que se pondrá al teléfono de los mandatarios del mundo entero cuando su jefe esté en el baño o inaugurando un centro cívico en un pueblo de la Alcarria. Esperemos que fichar a los videntes de la competencia no les haga a los socialistas tropezar en la misma piedra. Nos gobierna un tal Iván Redondo, fichado al equipo rival del PP. Seguro que ha sido este asesor quien ha decapitado al efímero ministro de Cultura. A los mercenarios demoscópicos e ideológicos hay que atarlos cortos. Pregúnteles si acaso al cesante Rajoy y al desconcertado Rivera. El PP busca desesperantemente nuevos asesores áulicos válidos y competentes. Los populares deben reclutar cuanto antes a un comunicador de campanillas sin remilgos, que les recorte las alas de la prepotencia y luego ya eligen a un nuevo presidente o presidenta del partido fotogénico y locuaz.

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