Humor Gráfico, Luis Sánchez, Luis Sánchez, Número 98, Opinión
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Montañas de fe

Por Luis Sánchez. Martes, 19 de junio de 2018

Luis Sánchez

A ver, alma de cántaro, pero de cántaro con agua bendita. Si de verdad quieres un país mejor, ¿cómo votas a partidos que desarrollan políticas neoliberales? Sí, esas políticas que hacen más ricos a los ricos y más pobres a los pobres.

En el fondo del fondo (es decir, al fondo a la derecha), la política —tal y como la venimos padeciendo— tiene bastante más de religión que de política propiamente dicha. Y eso que existe la licenciatura de Ciencias Políticas; claro, que también existe la licenciatura de Teología. ¡El crisma y el carisma!

La política se basa en la confianza —firme seguridad— que el ciudadano deposita en alguien (un líder político) o en algo (un programa, un partido, unas medidas concretas…). Y esa confianza significa creer firmemente en las promesas del otro y albergar la esperanza de su cumplimiento (esperar de buena fe).

Uno. La Transición política. Adolfo Suárez (a la sazón, presidente del Gobierno): “Puedo prometer y prometo…”.

Dos. ¿Pro-meter? Sí, prometer hasta meter, que dice el refrán popular.

Tres. Por fin, ¡la tierra prometida! Sí, pero prometida a quién: ¿al dueño del cortijo o al señorito del latifundio?, ¿al constructor o al promotor?

Y, ahora, minutos musicales: una hermosísima, aunque triste canción: Amara terra mia, interpretada por Domenico Modugno.

Y, ahora también, nos vamos con la música a otra parte.

Titular: “Desestimada la demanda de Lluís Llach contra Felipe González, por falta de legislación aplicable”. Diario El País, miércoles, 25 de junio de 1986. Tribunales, por José Yoldi:

“Jesús Ernesto Peces Morate, juez de primera instancia número 9 de Madrid, ha desestimado la demanda por incumplimiento de promesa electoral presentada por el cantante Lluís Llach contra Felipe González y el PSOE [partido al que votó en 1982] por considerar que no existe legislación que pueda ser aplicable al caso y que, por tanto, procede la absolución. El juez, que en la sentencia reconoce la necesidad de los ciudadanos de controlar las promesas electorales, hace una excepción al no condenar a Llach al pago de las costas del proceso, como hubiera correspondido al haber sido rechazadas todas sus pretensiones.

“Llach demandó al PSOE y a Felipe González después de haber intervenido gratuitamente en un festival convocado por el PSOE y que estuvo presidido por Narcís Serra, entonces alcalde de Barcelona y hoy ministro de Defensa en funciones, en el que el partido reivindicaba la libertad y la paz mundial y se apoyaba la línea del PSOE en contra del ingreso de España en la Alianza Atlántica”.

Ahí vamos, jugando a encandilar, a embelecar, a engatusar, a seducir… Parole, parole, que cantaba la primorosa Mina. Una pequeña anécdota: hoy Lluís Llach no está con el PSOE, sino con los independentistas.

Sin denuncia no hay delito; pero sin ley, ni hay denuncia ni hay delito. El vacío legal es un socavón que únicamente beneficia al más fuerte. Véase, si no, “el enriquecimiento ilícito”, que no está tipificado en el Código Penal. O la mentira, porque mentir en sede judicial es delito (perjurio); sin embargo, no lo es mentir en sede parlamentaria.

¿Y qué queda de aquel concepto de “contrato social” del que nos hablaba el ginebrino Jean-Jacques Rousseau? Porque las palabras —está más que claro— se las lleva el viento. Y lo que el viento se llevó, Hacienda se lo quedó. En cambio, cuando firmas un contrato, hay un compromiso, unas obligaciones y la garantía de, llegado el caso, poder defender tus derechos ante un tribunal de justicia.

No basta el compromiso moral, hace falta una relación contractual entre ciudadanos y políticos, porque lo que está en juego es la misma democracia.

La fe mueve montañas, ¡amén!; pero montañas de dinero que se dirigen libremente hacia paraísos fiscales. A propósito, los Ilegales preparan un nuevo álbum discográfico: Rebelión.

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