Filosofía
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El Marqués de Sade

Retrato del marqués de Sade, por Charles-Amédée-Philippe van Loo.

Por Pepe Romero García. Domingo, 24 de junio de 2018

Pepe Romero

Nacido en 1740, de origen francés, el Marqués de Sade fue un libertino autor muy extravagante para la edad que le tocó vivir. Estuvo veintisiete años en diversas fortalezas y asilos para locos, y no es de extrañar, pues su obra fue prohibida por la Iglesia Católica durante largo tiempo. Pasaron sólo cinco meses desde su boda cuando, en un viaje a París, ya estaba cometiendo el adulterio. Le arrestaron y pasó en torno a diez días encerrado. Al salir de su encierro se trasladó a París con su mujer, donde comenzaría a ser propiamente dicho, Sade. Pasó en prisión desde el Antiguo Régimen hasta la Bastilla, pasando por su visita duradera a Vicennes, por orden de su suegra. Terminó sus últimos años de vida en el asilo para locos de Charenton, donde falleció en 1814. Pero, qué fue lo que de verdad aportó el Marqués de Sade a la historia. Según Camus, con él empieza verdaderamente lo que es la rebeldía metafísica o rebeldía contra la condición impuesta por Dios. El primer paso que da Sade es negar la sumisión hacia Dios. Afirma que si Dios, según él una divinidad criminal, puede matar y puede destrozar al hombre, éste también está legitimando a matar y hundir a su prójimo. Sade negará entonces al hombre y su moral tanto como negará el poder de Dios. Sade no se quedará en la negación, sino que irá más allá y actuará siguiendo el instinto sexual. Para Sade era el instinto pasional que poseía a otros seres, en detrimento incluso de su destrucción total. Hay que decir que la palabra sadismo viene precisamente de él, y por algo será. Sade siguió como si a un dueño fuere a la naturaleza del sexo. En sus obras se pueden ver a criminales excusando sus actos y diciendo que estos son causa de instintos sexuales que no se pueden frenar. Este caso hacia la naturaleza hizo creer a Sade en un mundo sin legislación alguna en el cual reine la fuerza del deseo. Quiso liberar los instintos reprimidos del hombre tales como las parafilias. Ese mundo sin ley alguna en el que tanto creía Sade era el mundo del libertinaje. Antepone la pasión, es decir, el pensamiento a priori, a las consecuencias de los actos. Pensó que ya que iba por el camino de la libertad, si no había crimen ya no era libertad. Pues Sade creía en la total libertad, y la más mínima orden que impidiera ésta, la convertía en algo que ya no era libertad. Vivir en un mundo así permitiría a los demás dañar también a Sade, por lo tanto hay que luchar unos contra los otros. Y cómo luchar y seguir al mismo tiempo disfrutando de las pasiones libertinas. Hay que tomar la fuerza y seguir la voluntad de poder. Dejar a un lado el corazón y la bondad para que así sobreviva el más apto, el más fuerte. En palabras de Stirner, el Único. Esta compleja argumentación llevó a Sade a justificar sus adulterios y donjuanismos. Como Dios podía, él no era menos.

Personalmente, no creo que Sade estuviera realmente loco, o que padeciera de alguna demencia. Simplemente fue un hombre que se dio cuenta del puritanismo de su época y llevó al extremo su rebelión.

Sin duda alguna, este peculiar personaje de la historia condujo a toda una época. El Romanticismo también negó la autoridad de Dios, así como negó la moral del humano estableciendo una versión acortada de lo que era el hombre de Sade, el dandi romántico.

Sade pensó que ya que Dios no valía para nosotros, debía haber caos. Podría haber dicho también: ya que Dios no es mi amo, crearé una sociedad justa libre de su sumisión. Sin embargo, Sade quiso el caos y el desenfreno. Sade constituyó un gran ejemplo de hombre adaptado al caos. Que en vez de destruirlo, supo sobrevivir en él al menos en su imaginación.

Podremos estar de acuerdo o no con las fuertes ideas del Marqués, pero de lo que estamos seguros es de que sin él, hoy día el mundo sería distinto y todo el siglo XIX también lo habría sido.

“¿Qué son todas las criaturas de la tierra frente a un solo deseo nuestro?” Marqués de Sade.

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