Editoriales, Humor Gráfico, Igepzio, Número 98
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Editorial: Mariano se va

Viñeta: Igepzio. Martes, 5 de junio de 2018

   Editorial

Rajoy se marcha, se va, se lo deja. Abandona la presidencia del Partido Popular al fin. “Es lo mejor para mí, para el PP y para España”, asegura. Nunca ha dicho una verdad más grande, más profunda y más sincera. Era lo mejor para él “en su beneficio político”, utilizando uno de sus retrúecanos imposibles, porque a partir de ahora ya podrá leer el Marca y fumarse un purito tranquilamente, sin que nadie le cuelgue la etiqueta de presidente perezoso, indolente y pasota; lo mejor para el PP porque ahora sí, de una vez por todas, ese partido podrá acometer, si lo desea, una regeneración en profundidad y la limpieza de todo el lodazal acumulado en sus cloacas; y para España porque sencillamente Mariano Rajoy ha sido el peor presidente de la historia de la democracia. Corrupción sistémica y generalizada, recortes brutales, padecimiento de las clases más humildes, aumento de la desigualdad, desmantelamiento del Estado de Bienestar, retroceso en la libertad de expresión, pérdida de derechos, aumento del independentismo en Cataluña. Un país hecho trizas.

Él, por supuesto, se va creyendo que deja una España muy distinta, una España de videojuego y fantasía a la vanguardia de Europa. La Alemania del sur que crece al no sé cuántos por ciento y que es la envidia de todo el mundo. Un político que acaba creyéndose sus propias mentiras está incapacitado para gobernar. Y eso es precisamente lo que ha perdido al presidente del Gobierno. Su soberbia decadente y españolaza; su dontancredismo que le llevaba a pensar que aquí no pasaba nada mientras sus más allegados iban desfilando por la prisión uno tras otro; caer en el error fatal de que el PP era algo eterno, indestructible, un imperio para mil años, y no afrontar que el partido estaba corroído y putrefacto hasta los cimientos. Lo que ha terminado con Rajoy, lo que se lo ha llevado por delante definitivamente, ha sido el pecado original de la derecha, la fatuidad y la arrogancia, mirar para otro lado con orgullo estúpido cuando el partido se le iba al garete, taparse la nariz y dejar que los problemas se pudrieran, más esa visión decimonónica y antigua de la política que ya no se lleva. Rajoy ha sido el decadentismo de una aristocracia política en su máxima expresión, la vuelta a lo peor de aquella España lastimera y moralmente arruinada del noventa y ocho, el imperio al final de la decadencia, como dijo Verlaine. Todo eso y haberse fugado de la realidad como un extraterrestre (Mariano marciano), encastillarse en una Moncloa que era un satélite orbitando a la deriva en la estratosfera, irse a vivir a otra dimensión. Rajoy ha sido un gallego en otro planeta.

Dice Pablo Iglesias que se retira un político elegante e inteligente. La elegancia no será por el día histórico de la moción de censura, cuando el presidente, en lugar de dar la cara hasta el final, se escondió en un restaurante para ponerse ciego a chuletones y a buenos caldos. Y tampoco pasará el registrador como el estadista más brillante, en plan Churchill. Tenía sutil retranca, eso sí, pero de ahí a ser un intelectual de enjundia que marca una época hay un buen trecho. Maíllo, por su parte, cree que se va un hombre honrado. No tenemos datos para decir lo contrario, salvo alguna cosa y algunos sobres. Pero ahí están las hemerotecas para recordarnos que Rajoy quedará como ese señor que salía a defender al fresco del barrio y al corrupto del día; el que enviaba mensajes de apoyo solidario a su tesorero enfangando y blanqueador; el que deja tras de sí no un partido fuerte y cohesionado, sino una organización criminal ideada para delinquir, según han dicho los propios jueces. Rajoy se va limpio de polvo y paja hasta la fecha, eso es verdad, pero esa imagen de avalista de los corruptos, de tolerante y permisivo con los empufados, de vivalavirgen cuando los saqueadores nos lo estaban robando todo, hasta el agua, le acompañará siempre. Que la historia lo juzgue. Hoy nos ha echado su último sermón entre agradecimientos, emociones y alguna lágrima furtiva que otra que demuestra que también tenía su corazoncito. Se va diciendo que cuando el PP está en el poder a los españoles “empieza a irles bien”. Otra perla mariana. Que se lo pregunten a los millones de ciudadanos que no llegan a final de mes por culpa de sus políticas neoliberales. En este momento trascendental, ya sin rencor, solo nos queda decirle: Mariano, tanta paz lleves, como descanso dejas. Amén.

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